Un vino cien por cien ‘made in Albacete’

La localidad albaceteña de Chinchilla de Montearagón da cobijo a la Finca Manzanares, en la que se ubica la Bodega Palarea, propiedad de José María Manzanares. Rodeada de encinas y plantas aromáticas como tomillo, romero y espliego esta finca alberga una superficie de viñedo superior a las veinte hectáreas. Emplazadas a 950 metros de altitud, estas vides pueden presumir de gozar de unas condiciones óptimas para su cultivo. Una climatología con inviernos muy fríos que dan paso a veranos muy calurosos, en los que los que el mercurio aprieta con fuerza durante el día y refresca por la noche es la base sobre la que se cimienta el éxito de los vinos Palarea.

La tierra que soporta este cultivo también aporta su granito de arena a la calidad de los caldos. De procedencia marina y con una abundante presencia de fósiles enriquece la planta dotando a las uvas de unas propiedades muy características. Colores intensos, aromas complejos, tonos especiados y notas de café, tostados, caramelo o cuero se conjugan en perfectas dosis para hacer las delicias de los paladares más exigentes.

El origen de los vinos Palarea es reciente. Basta con echar la vista al año 2003, momento en el que se pone en marcha esta bodega, y a 2004 si de lo que se trata es de encontrar el primer Palarea en el mercado.

Sin embargo, hay que remontarse tiempo atrás para averiguar de dónde le viene a José María Manzanares, titular de esta bodega, su pasión por el mundo del vino. Una infancia entre tinajas y viñedos en la Finca Polope, en Tobarra, propiedad de su bisabuelo, que ya elaboraba vinos en el siglo XIX bajo el nombre Palarea, es el origen de su afición por todo lo que rodea a la enología. En un afán por satisfacer esta pasión casi innata y dedicarse a la vitivinicultura en su sentido más amplio, fue en el año 2003 cuando Manzanares se decidió a comprar una finca en Chinchilla y con 500 cepas y una pequeña maquinaria comenzó a hacer vino para su familia y amigos.

Con su actual enólogo como maestro, elaboraba mil litros de vino que repartía sin etiquetar entre sus seres queridos. “Todo el mundo me decía que el vino tenía algo especial, que era diferente y de ahí me vino la idea de plantar más cepas”, asegura Manzanares, quien en un primer momento, compró derechos de uva con la intención de venderla. Sin embargo, el precio al que le pagaban el producto no le era rentable y se aventuró a poner en marcha la que hoy se conoce como Bodega Palarea. El primer vino llegó en el año 2004 y desde entonces el éxito ha llamado a su puerta. Si usted es de los que piensa que se trata de la suerte del principiante, nada más alejado de la realidad. Una vendimia manual y un trato exquisito a una uva que no se cultiva, se mima y a la que se la proporcionan los cuidados más exclusivos son responsables del éxito de los vinos Palarea.

Un proceso de elaboración artesanal

Todo comienza a finales de septiembre con la vendimia. Una vendimia manual en la que no todas las uvas tienen cabida. Sólo las mejores son transportadas en cajas, que no en remolques, y se procede a su selección, también de forma manual. Tras este proceso, que se lleva a cabo en un porche que hay en la misma finca, las uvas de las variedades Cabernet Sauvignon, Merlot y Syrah pasan por una máquina despalilladora, en la que los frutos se arrancan del racimo y son separados del raspajo, que es lo que queda del racimo una vez que se le separa de las uvas. El proceso continúa por un serpentín, que tiene una temperatura de cinco grados bajo cero, y lo que se consigue es reducir la temperatura de la uva, que viene del campo a entre 18 y 20 grados, hasta los dos o tres grados.

Gracias a seis depósitos troncocónicos de acero inoxidable con camisas de frío y calor de control automático, la uva se mantiene por debajo de los ocho grados para evitar que fermente. Este proceso, que se denomina maceración en frío y que no es muy habitual en nuestro país, contribuye a que los colores y los aromas que guarda la piel de las uvas pasen al mosto. Entre ocho y diez días después, tiempo en el que el caldo se estabiliza y se ha sometido a distintos controles en el laboratorio, se sube la temperatura hasta los 24 grados. A través del proceso, conocido como fermentación, el mosto de uva se convierte en vino por la transformación de los azúcares que contiene la uva en alcohol etílico.

Llegados a este punto, es momento de descubar el vino o, lo que es lo mismo, separarlo de las materias sólidas. Una vez que se ha hecho esto se pasa el vino a unos depósitos de almacenamiento. El siguiente paso es trasegar el vino, que consiste en cambiarlo de recipiente con el fin de separar el caldo de las partículas decantadas que se quedan en el fondo. Una tarea que en el caso de los Palarea se repite entre dos y tres veces, tal y como nos explica José María Manzanares.

Densos, aromáticos y suaves en boca

Cuando el vino está libre de posos es momento de almacenarlo en barricas de roble, donde descansa entre 12, 15 y 20 meses. En la Bodega Palarea hay 200 barricas de roble americano y francés emplazadas en varias salas subterráneas donde se mantiene una humedad y temperatura constantes.

Tras su estancia en ellas, los vinos salen engrandecidos, mucho más complejos y ricos en matices. Aunque es necesario explicar que una buena crianza o maduración del vino consta de dos fases; una oxidativa, llevada a cabo en barrica y otra reductora, que tiene lugar en la botella. Es en esta última donde los caldos se pulen, redondean y alcanzan su máxima potencia. La madera desempeña un papel decisivo en la evolución de los vinos. Una buena barrica de roble aporta a los caldos aromas a vainilla, torrefacto y especias, como es el caso de los Palarea. Ya en botella, afloran los aromas afrutados que les caracterizan. Estos vinos, que cuando salen al mercado cuentan ya con cuatro años, son densos, de un rojo picota intenso, muy aromáticos y suaves en boca, “que es lo que gusta a la gente, que no tenga astringencias” o esa sensación de aspereza que aparece al frotar la lengua por los dientes.

El cuidado que se proporciona a cada paso del proceso de elaboración del vino en esta bodega, que tiene una producción cercana a los 65.000 litros anuales, va más allá de lo anteriormente mencionado. Y es que sus viñedos son ecológicos, es decir, no se utiliza ningún tipo de producto químico en su tratamiento. Este respeto al ciclo natural de la planta hace que se obtengan cepas más fuertes y resistentes. Sin embargo, en la actualidad, aún no producen uvas ecológicas, ya que debe transcurrir un periodo de cuatro años para que puedan ser catalogadas como tal.

Hasta el logo de los vinos Palarea da muestra del respeto a la naturaleza que impera en estas tierras. El pájaro carpintero que identifica a esta bodega reside en las encinas de la finca, siendo un ave propia de lugares tranquilos.

La firme apuesta que José María Manzanares mantiene por la calidad en detrimento de la cantidad es gran parte del secreto del éxito de los vinos Palarea. Una producción muy elevada impediría poner en marcha un proceso de elaboración tan cuidadoso, lo que mermaría la calidad propia de estos caldos.

Sin prisa, pero sin pausa, los Palarea van escalando puestos en el ranking de los mejores vinos de nuestro país y no es algo que diga su propietario, sino los numerosos reconocimientos con los que cuentan. Bruselas, Shanghai o Londres son mercados ya conquistados. Ahora, como viene siendo habitual en los más diversos sectores, el reto o asignatura pendiente está en la comercialización. Conseguir situar a los vinos Palarea en el lugar que se merecen en mercados tanto dentro como fuera de nuestras fronteras es algo en lo que Manzanares se está empleando a fondo mediante la participación en foros y ferias internacionales. Unas citas en las que se pone de manifiesto que los Palarea, donde van, triunfan.

El vino ‘Palarea Tinto 2007’ se alza con la Medalla de Oro en el XVIII Concurso Mundial de Bruselas

Los caldos Palarea, elaborados en la localidad albaceteña de Chinchilla de Montearagón, continúan cosechando galardones. El último de ellos, la Medalla de Oro con la que se ha alzado el Palarea Tinto 2007 en la XVIII edición del Concurso Mundial de Bruselas, celebrado entre los días 6 y 8 de mayo en Luxemburgo, en el que en esta ocasión han competido más de 7.000 muestras de vinos y bebidas espirituosas.

Se trata de un reconocimiento más para las Bodegas Palarea, propiedad de José María Manzanares, quien ha recibido este último galardón con una gran satisfacción. Este concurso, consolidado desde el año 1994, es el primer certamen internacional que ha establecido un control posterior de los vinos premiados con el objetivo de garantizar la legitimidad de los resultados, tal y como se desprende de su propia página web. De esta manera, un selecto equipo de enólogos cata y analiza en un laboratorio autorizado las muestras premiadas para evitar fraudes de cara al consumidor.

Este escenario no es nuevo para los vinos Palarea, pues han conseguido llegar a lo más alto de este certamen vitivinícola en reiteradas ocasiones. En la pasada edición, el Palarea Tinto 2004 y el Palarea Expression Tinto 2005 se alzaron con sendas Medallas de Plata. Sin embargo, estos caldos castellano-manchegos y más concretamente, albaceteños ya han conquistado otras citas y en varias ocasiones, tales como el Concurso de los Mejores Vinos Españoles en Asia o la cata anual de Radio Turismo 2010, en las que el Palarea Tinto 2004 consiguió alzarse con el oro. Buena prueba de la exquisita calidad que marca la diferenciación de estos caldos.

Palarea pondrá en marcha visitas guiadas a la bodega con degustaciones y comida maridada

Tras una reciente remodelación a la que se ha sometido la Finca Manzanares, su propietario considera que ya están preparados para ampliar su visión de negocio y subirse al carro del turismo enológico. A pesar de que la idea está en una fase de incubación y que no se ha concretado en qué consistiría esta iniciativa, José María Manzanares señala que quienes estén interesados en el mundo del vino, con una visita a la bodega, podrán sumergirse en los misterios de la enología.

En la Bodega Palarea se centraliza todo el proceso de producción del vino, desde el cuidado del viñedo, pasando por la vendimia, la elaboración, hasta llegar al embotellamiento y al etiquetado, por lo que quienes se decanten por practicar turismo enológico en la Finca Manzanares podrán comprobar in situ la totalidad del proceso. La naturaleza y el respeto al medio ambiente imperan en estas tierras, por lo que el contenido de la visita dependerá de la época del año y las tareas a realizar.

Si tras el recorrido por sus instalaciones se les abre el apetito, en la Finca Manzanares les seducirán con una comida maridada. De esta manera, la excelente calidad del vino realzará el sabor de distintos platos típicos de la zona, donde toma protagonismo la carne de caza, los gazpachos manchegos o el arroz caldoso, entre otras delicatessen. A pesar de que la iniciativa aún no está en marcha, la Bodega Palarea acostumbra a abrir sus puertas a numerosos visitantes.