Castiblanque, tradición y modernidad

Bodegas Castiblanque es el resultado de un proceso de reestructuración de 140 hectáreas de viñedo familiar y la creación de una bodega en torno al mismo. El proyecto se inició con el diseño del viñedo para elaborar un vino que respondiera a las necesidades del mercado, centrándose en las posibilidades de adaptación según las condiciones climáticas y la ubicación geográfica.

En cuanto a la ubicación, Campo de Criptana, en la provincia de Ciudad Real, se encuentra en plena meseta, a 750 metros de altitud sobre el nivel del mar, con unas oscilaciones térmicas muy grandes entre el día y la noche y entre las diversas estaciones. Es una altiplanicie con lluvias escasas y débiles, “aunque al tener pozo vamos refrescando el viñedo a base de goteo”, señala Miguel Ángel Castiblanque, gerente de la bodega.

Las 140 hectáreas de viñedo se encuentran repartidas en tres fincas de terreno arenoso, especialmente La Ensancha, finca de 60 hectáreas, en la que hay muchas encinas que “aportan características balsámicas a las uvas, especialmente a la Airén”, precisa Miguel Ángel.

El proceso de reestructuración del viñedo de la bodega se planteó conservando el tipo de uva Cencibel y arrancando cepas de la variedad Airén, de las que “conservamos aquella parte que más nos gustaba porque hay que seguir apostando por ella, ya que es la uva identificadora de la zona y no podemos perderla, si bien es verdad que aromáticamente no es muy agraciada”, matiza Miguel Ángel, para continuar explicando que, en el proceso de replantación, a la variedad blanca Airén se le sumó otras como la Macabeo, Chardonnay y Moscatel de grano menudo, mientras que en la variedad tinta, “a parte de nuestro Tempranillo y nuestro Cencibel, plantamos Garnacha, Syrah y Cabernet Sauvignon para tener una amplia baraja de posibilidades basándonos en las condiciones de la zona y en las demandas del mercado”, especifica.

Tradición y modernidad en una bodega del siglo XIX

Tras tres generaciones de viticultores dedicados a la producción de uva, la familia Castiblanque decidió continuar con el proceso, más allá del cultivo y la recolección, completándolo con la elaboración y la comercialización de sus propios vinos. El primer paso en este sentido fue la adquisición de una antigua bodega de Campo de Criptana, inaugurada en 1865 con el nombre El Montañés, que fue restaurada con la intención de conservar la estructura antigua, manteniendo los muros de piedra, la teja árabe del techado y la estructura interna de madera de pino, añadiéndole los últimos avances tecnológicos en la elaboración del vino.

“Para el desarrollo del proyecto, desde el primer momento contamos con la ayuda inestimable de Alipio Lara, en su día director del Instituto de la Vid y el Vino de Castilla-La Mancha (IVICAM), natural de Campo de Criptana, además de amigo de la familia y buen amante del vino, quien nos recomendó a uno de sus alumnos, nuestro actual enólogo Santiago Alonso, para que planteara el proyecto y diseñara la reestructuración del viñedo, bajo la tutela de Alipio Lara”, ensalza el gerente de la Bodega.

Igual que en el caso de la reestructuración del viñedo, la rehabilitación de la antigua bodega fue un largo proceso de obras, comenzadas en 1998, al mismo tiempo que se iniciaban en la elaboración de su propia uva, lo que sirvió de experiencia a la hora de terminar el proceso, “algo nuevo para nosotros que somos viticultores de toda la vida y conocedores del viñedo, pero no elaboradores”, confiesa Miguel Ángel. La base del proyecto consistió en recuperar una bodega de más de 150 años dejando que de nuevo los olores de la maceración y la fermentación del vino dieran vida a los viejos cimientos de una bodega cuyo encanto reside en haber sabido lograr la armónica convivencia de la tradición artesana y la innovación tecnológica.

En palabras del Gerente, “hemos aprovechado las bondades de muchos años trabajando el mundo del vino porque hoy en día conseguir la temperatura natural a base de obra nueva es complicado, a parte del valor tradicional que tiene el saber que una bodega lleva tantos años elaborando vino, lo que añade ese carácter bucólico, pasional y romántico que lleva consigo la preparación del vino”. Aunque se siguen haciendo muchas cosas manualmente, continúa Miguel Ángel, “hemos conseguido, dentro de las posibilidades de las cotas que nos ponía la propia infraestructura, mecanizar muchísimo: el vino se desplaza de un bidón a otro siempre sobre acero inoxidable, con sus camisas de refrigeración, con su control de temperatura, todo automatizado y manejado por un ordenador”. La bodega combina tradición y modernidad, lo que trasladado a una persona sería lo ideal porque “es como si mi padre, con su experiencia, tuviese mi juventud”, sintetiza Castiblanque.

Ilex y Baldor, banderas de presentación de la Bodega

El primer año de elaboración, toda la producción se destinó a granel y a pruebas para decidir qué tipo de maquinaria, tonelería y madera era más conveniente adquirir. El vino de estas pruebas se pudo vender a clientes de graneles del antiguo propietario, lo que permitió que no se desechara.

Actualmente se elaboran vinos blancos, tintos y rosados, comercializados bajo dos marcas, Ilex y Baldor.

Ilex proviene de ‘quercus ilex’, nombre latino de una variedad de encina. “La elección de este nombre responde a que las peculiaridades de nuestros vinos están marcadas por las encinas, a parte de ser un nombre fácil que no necesita traducción para la exportación”, indica Miguel Ángel. Este nombre es para toda la gama de jóvenes: monovarietal de Airén, monovarietal de Macabeo y monovarietal de Chardonnay fermentado en barrica. El Ilex tinto, 40% Syrah, 40% Tempranillo y 20% Cabernet Sauvignon, es un vino comercial (frutal y refrescante) y de cata, “lo que es difícil porque el vino que le gusta a los críticos no suele ser comercial”, matiza el Gerente.

En cuanto al nombre de la marca Baldor, proviene del dueño que embotelló el primer vino en esta bodega, José Fernández Baldor, con lo que se ha recuperado, siguiendo la línea de tradición, esa marca con tres monovarietales, Syrah, Tempranillo y Cabernet Sauvignon.

A pesar de que el vino rosado está un poco denostado, en opinión del Gerente, es el más complicado en su elaboración porque, para darle un color adecuado, “hay que estar macerando horas y el punto exacto sólo es perceptible visualmente, por lo que hay que estar cogiendo muestras constantemente”, apunta, advirtiendo que es imprescindible en el sector porque es el vino de iniciación. Del rosado, 50% Garnacha y 50% Tempranillo, se han elaborado 12.000 botellas, todas ellas vendidas, “el mejor premio que te pueden dar”, se congratula el Bodeguero.

El vino de Bodegas Castiblanque se comercializa bajo la Indicación Geográfica Vino de la Tierra de Castilla. Esta familia de viticultores ha optado por una denominación de origen pequeña, más moldeable y fácil de modificar, porque “las denominaciones de origen deben tener su normativa a gusto del consumidor”, opina Miguel Ángel.

En el mercado internacional la competencia es mayor

La producción de vino se destina al canal OREKA, a restauración y a tiendas especializadas. Miguel Ángel cree que el restaurador, último escalón entre el cliente final y la bodega, es importantísimo porque “si no se sigue una línea de calidad en todo el proceso, hasta que llega el vino a la copa, todo el castillo de naipes se cae al suelo, sea cual sea en la parte del proceso en que se falle”, enjuicia, estableciendo que “es fundamental que exista consonancia entre bodegueros y restauradores. Independientemente, en el sector de la restauración hay un déficit de mano de obra especializada importante. El restaurador, para cobrar lo que cobra, no debe olvidar que tiene unas obligaciones en torno al cuidado, mantenimiento, servicio, información y asesoramiento del vino, de manera que el cliente quede satisfecho”.

En lo que al mercado internacional se refiere, los vinos de la Bodega Castiblanque se exportan sobre todo a Europa y, algo menos, a Canadá y Brasil. En España, en cuanto al vino se refiere, “somos bastante nacionalistas, bebemos mucho vino de España, pero cuando cruzas la frontera estás compitiendo con todo el mundo: Chile, Argentina, Australia, California, Francia, Italia…, con lo cual aumenta mucho la competencia”, estima el Bodeguero.

Fuerte apuesta por la formación y el enoturismo de calidad

A parte del objetivo fundamental de Bodegas Castiblanque, que es elaborar y producir uva de calidad, existen dos departamentos dentro de la empresa, formación y enoturismo, que contribuyen muy especialmente a proyectar el aspecto cultural y social del vino.

Partiendo de la idea de que es fundamental la formación en torno al mundo del vino, se imparten cursos de viticultura, enología, cata, servicio de vino de mesa y restauración cada 15 días o cada semana, dependiendo de la demanda, en grupos de 20 ó 25 personas. Concretamente, “VINADEMUS, 4 estaciones, 5 sentidos”, es un proyecto global impartido por la Bodega, que se inicia con un curso de introducción al mundo del vino a través de la cata, para continuar con el seguimiento, estación por estación, del proceso en aula, en bodega y en viñedo. Se trata de “concienciar del esfuerzo y del trabajo que cuesta elaborar una botella de vino hasta que llega a la mesa”, subraya Miguel Ángel.

Desde que se hicieron las adecuaciones de las instalaciones de la bodega se tuvo presente siempre la faceta turística. Este departamento está gestionado por una persona que hace de guía y comercializa el turismo alcanzando acuerdos. Buena prueba del éxito de este departamento son los 9.000 visitantes del pasado año.

La visita a la bodega consiste en un recorrido guiado por las instalaciones que permite al visitante participar del proceso completo de la elaboración de los vinos, incluyendo la degustación de uno de sus caldos, y con la alternativa de poder contemplar, en la sala de exposiciones, obras pictóricas de diversos artistas. La visita concluye en la tienda llamada Productos de la Tierra donde se ofrece vino, enseres relacionados con el mismo y productos de la tierra.

En opinión de Miguel Ángel Castiblanque, gerente de la bodega que lleva su nombre, el enoturismo es una alternativa que no se debe desaprovechar porque, “por un lado, es necesario y fundamental que los clientes sepan y entiendan de vinos y, por otro, evidentemente, es un canal de venta directo muy importante, ya que aquí vendemos un 15% de la producción”, apunta, afirmando que “el mejor canal y la mejor manera de hacer marca es ésta y prueba de ello es que en el extranjero (Estados Unidos y Francia, principalmente) hay quien vende todo su vino en bodega, lo que tiene la ventaja de no necesitar invertir en transportes, distribuidor, logística, etc.”, señala Miguel Ángel.

Castilla-La Mancha ante el peso de la historia

En opinión de Miguel Ángel, el mercado internacional se podría dividir, por un lado, lo que es la vieja Europa, con su tradición vinícola, con unas formas históricas y unas prácticas enológicas que seguimos manteniendo; por otro, Estados Unidos que tiene un arraigo parecido a Europa; y finalmente, lo que se llama el Nuevo Mundo, en el que América del Sur, Chile y Argentina están floreciendo, además de Australia “que se ha introducido a una velocidad impresionante, especializándose en vender, algo en lo que nunca nos hemos especializado nosotros”, señala Miguel Ángel, para asegurar que han demostrado ser buenos comerciantes introduciendo en el mercado el País (Australia), “olvidándose de denominaciones de origen o regiones”, puntualiza el Bodeguero.

Según Castiblanque, Castilla-La Mancha, para competir en el mercado, la única desventaja que tiene es un muro histórico en virtud del cual se asimila el vino castellano-manchego con la cantidad y la poca calidad, pero “actualmente son vinos que perfectamente pueden apostar, no sólo con la Rioja o la Ribera, sino con cualquier vino del mundo, prueba de ello son los certámenes donde siempre hay premiados vinos de Castilla-La Mancha”, atestigua, garantizando que en la Región el viñedo está reestructurado, las bodegas totalmente modernizadas y el producto responde, “sólo falta venderlo: lo importante es conseguir que alguien pruebe el vino y decirle el precio que tiene, entonces es cuando se vende”, asevera.

Numerosos premios y reconocimientos

Todas las gamas de los vinos de la Bodega Castiblanque están premiadas con los más prestigiosos galardones, nacionales e internacionales, en distintas añadas.

La bodega ha obtenido diversos Premios Bacchus –Oro, Plata y Bronce- en distintos vinos, por ejemplo en 2004, Baldor Tradición Tempranillo 2002 obtuvo un Bacchus de Plata, al mismo tiempo que Ilex Coupage 2002 recibía un Bacchus de Bronce, compitiendo con más de 1.500 vinos de todas las zonas del mundo, así como el máximo galardón en la categoría de Vinos Jóvenes en el Concurso Internacional Panamá Vinos del Centenario.

En el concurso internacional más importante de Alemania, el Gran Premio Internacional del Vino MUNDUSvini, han obtenido sendas Medallas de Oro Baldor Tradición Cabernet 2003 y Baldor Tradición Syrah 2003, que es el monovarietal de Syrah mejor puntuado en la guía del Gourmet de este año, a parte de contar con varios premios nacionales.

Además, son numerosas las menciones en guías y revistas. Así, Ilex Airén 2002 ha sido seleccionado en la guía “Vino + gastronomía” que recoge los 300 mejores vinos de España, mientras que Ilex Chardonnay 2003 y Baldor Tradición Syrah 2003 están recomendados por la revista Decanter, una de las más importantes a nivel nacional.

Al margen de premios y reconocimientos, la Bodega Castiblanque es la única a nivel nacional que cumple la norma ISO 9000 de calidad en las tres facetas de sus actividades: la elaboración y comercialización de vino de calidad, el diseño e impartición de cursos de viticultura y la comercialización de productos turísticos enológicos.