El vino como producto agroalimentario

Luis Miguel Albisu, procedente del Centro de Investigación y Tecnología Agroalimentaria de Aragón (CITA), inició su ponencia exponiendo las características singulares del vino frente a otros productos alimentarios para realizar posteriormente un análisis de la internacionalización del mercado del vino.

En primer lugar, Miguel Ángel Albisu puso de manifiesto que en la política de cualquier nación y en los foros internacionales el vino es un producto que se trata a lo largo de la cadena alimentaria, desde la importancia de las materias primas hasta las últimas consecuencias de las decisiones comerciales de un producto altamente transformado y elaborado.

Otras singularidades del vino son su carácter no perecedero, lo que facilita el comercio internacional, y el amplio rango de precios que existe en el mercado, lo que incentiva la búsqueda de procesos y productos que generen unas buenas plusvalías económicas. La competencia existente para los países europeos proviene actualmente de países de muy distintos continentes: Australia y Nueva Zelanda, por un lado, Estados Unidos en Norteamérica, Chile y Argentina en Sudamérica y Sudáfrica en el continente africano, que bajo el apelativo de Nuevo Mundo se diferencian del Viejo Mundo, denominación que reciben los productores europeos tradicionales. Albisu augura la adición en la próxima década de otros países como pueden ser los casos de China, Brasil y Canadá, señalando que los países que han demostrado una mayor competitividad son países ya desarrollados, en los que se lleva todo el proceso desde la producción de materias primas hasta los productos más elaborados.

Por último, Luis Miguel Albisu apuntaba la diferencia de actitudes y planteamientos en los países productores dependiendo de los enfoques que se dan en la administración, siendo un buen ejemplo de ello lo ocurrido recientemente en España, donde la visión del ministerio de Agricultura ha sido muy divergente a la del ministerio de Sanidad en lo que se refería al tema del consumo del vino. Estos conflictos internos se trasladan al ámbito internacional, es decir, hay una diversidad de intereses y de planteamientos no sólo entre los países sino también entre distintos segmentos de la población.

La globalización en el mercado del vino

Para Luis Miguel Albisu, en los países del Nuevo Mundo se está llevando a cabo un tratamiento más global de la política agroalimentaria aplicada al vino a través de reflexiones que se han trasladado a elaboraciones de planes estratégicos para tratar de conocer cuáles son las direcciones en las que deben orientarse dentro de los mercados globales; los objetivos a medio plazo y los esfuerzos técnicos y económicos necesarios para alcanzarlos, mientras que los países europeos, con posterioridad, han intentado hacer algo parecido pero de una manera más tímida y menos vinculante.

Por otra parte, la comunicación fluida entre los países y los mercados hace que las experiencias de los competidores se conozcan con notable exactitud y que se debatan los aspectos positivos y negativos de cada acción, incluso, hay foros para conocer todas las singularidades tecnológicas que se van incorporando y los estudios de mercados dan una gran cantidad de datos acerca de las circunstancias en las que se comercializan y compiten los vinos de todo el mundo.

En opinión de Albisu, en ese crecimiento de la internacionalización se habla mucho de las cuotas de mercado que se van ganando o perdiendo pero se olvida la parte más importante, que bajo su punto de vista es hablar en términos monetarios: hay que prestar atención a la diferenciación de precios, ya que puede que se exporte más pero se obtenga mucho menos dinero, es decir, que el precio al que se está exportando es lo que realmente te coloca en el mercado mundial, por lo que para Albisu el posicionamiento en precios es muy importante, al igual que las imágenes, tanto la imagen de país como de la región, “una percepción que tiene el consumidor que puede ser positiva o negativa”.

Otros aspectos relevantes en la comercialización de los países del Nuevo Mundo son las variedades que producen, sobre todo en el caso de los monovarietales (en su mayoría de origen francés), y los países de origen, es decir que el consumidor compra Cabernet Sauvignon de Chile, aunque no sepa de qué bodega procede ese vino.

Junto al crecimiento del comercio internacional de los vinos también ha habido un enorme flujo de capitales entre los países. Las empresas europeas han invertido en otros lugares pero también se ha dado el fenómeno inverso, ya que se han consolidado muchas grandes empresas mediante adquisiciones desde Estados Unidos y Australia, que tienen un mayor grado de concentración empresarial, lo que les favorece a la hora de hacer grandes inversiones. El tamaño de las empresas ha facilitado un mejor entendimiento con las grandes cadenas de distribución, porque han sido capaces de suministrarles lo que querían en las cantidades apropiadas, aspecto que muchas empresas pequeñas y medianas europeas eran incapaces de atender.

Junto a los altos suminitros, Albisu cree que los países del Nuevo Mundo también han tenido mayor capacidad de crear marcas y consolidarlas internacionalmente, lo cual ha favorecido su expansión internacional. Los modelos que han elegido esos países han estado comercialmente basados en las marcas, al tener una mayor dimensión empresarial y una gran preocupación por la inversión publicitaria en la imagen del país, como son los casos de Australia, Sudáfrica y Chile. “No es una casualidad que la marca ‘Yellow tail’ (cola amarilla), como símbolo de los canguros de Australia, sea la que tiene mayor presencia en el mercado americano”.

En el llamado Nuevo Mundo se están realizando enormes inversiones en investigación vitícola

Los países del Nuevo Mundo han llevado a cabo prácticas enológicas muy avanzadas que han marcado un distintivo carácter a los vinos y que los países más agresivamente comerciales han sabido incorporar a sus elaboraciones para acercarse a los gustos de los consumidores, sobre todo de los menos iniciados en su consumo.

Luis Miguel Albisu, como representante español de la Organización Internacional del Vino (OIV) cree que las prácticas enológicas, más restrictivas en el Viejo Mundo que en el Nuevo Mundo, es uno de los temas más candentes de los últimos años. Por ejemplo, el uso de virutas de madera en vez de barricas para el envejecimiento de los vinos, al margen de los resultados técnicos, genera un gran desfase económico entre el uso de ambos procedimientos de envejecimiento. Además, en las etiquetas de los vinos envejecidos con virutas de roble solo se indica que han sido envejecidos con madera sin especificar el método, lo que crea confusión entre los consumidores.

Por otra parte, los países del Nuevo Mundo han destinado enormes cantidades en investigación, tanto vitícola como en la elaboración y comercialización de los vinos. Es sorprendente que actualmente se recurra a técnicos que vienen de estos países para implantar las prácticas profesionales más modernas. En este sentido, hasta los técnicos de países relativamente pequeños, como Nueva Zelanda y Chile, cuentan con un gran prestigio a nivel internacional. Es común el término “flying winemakers” para los muchos enólogos de los países del Hemisferio Sur que son demandados para hacer las elaboraciones de vendimia en los países europeos, aprovechando que en esa época del año la actividad en sus países de origen es muy restringida.

Crecimiento del consumo en Reino Unido y EE.UU.

Aunque se ha generalizado la idea de que el consumo del vino está decreciendo, en opinión de Luis Miguel Albisu se trata de un mensaje engañoso puesto que en muchos países y en muchos segmentos del mercado está creciendo, sobre todo en los segmentos de calidad.

Etienne Montaigne, profesor de economía agroalimentaria en Montpellier, retomó el análisis del consumo del vino realizado por Miguel Ángel Albisu apuntando un declive constante desde hace años del consumo en los países productores europeos, que en ciertos países llega hasta el 50% mientras que en los países del norte ha aumentado, especialmente en Reino Unido.

El mismo fenómeno se está produciendo en los países del Nuevo Mundo, mientras que países como Argentina o Chile están viendo cómo desciende su consumo, existe un crecimiento en otros países nuevos consumidores como Sudáfrica y Estados Unidos. Dada esta situación, Etienne Montaigne apuntaba que la competencia con los países del Nuevo Mundo se acusa principalmente en dos mercados de crecimiento muy disputado: Reino Unido y Estados Unidos.

Guerra de precios entre el Nuevo Mundo y Europa

En la última sesión de comunicaciones, Manuel Rodríguez realizó un estudio del mercado del vino europeo a través de su trabajo “Mercado del vino y la PAC”, en el que no dudó en afirmar que la Unión Europea sigue siendo el líder del mercado del vino internacional, ahora bien, en la actualidad se ha producido un estancamiento de los productores tradicionales -Francia, Italia y España-, debido fundamentalmente a que se ha reducido la competitividad de las empresas de estos países a la hora de comerciar, circunstancia que ha sido aprovechada por los nuevos países productores.

En cuanto a las causas de esta nueva dinámica, Manuel Rodríguez destaca el alto precio del vino francés en contraposición a países como Australia, Chile e incluso España y la penetración de los vinos del Nuevo Mundo en el mercado europeo por segmentos de precios bajos.

No obstante, en el comercio exterior europeo, mientras que Italia y Francia se han estancado en sus exportaciones en la última década, España, al tener un precio muy competivivo, ha respondido bien a la nueva competencia.

En cuanto a importaciones de la Unión Europea de otros países, Australia es el principal proveedor actualmente, seguido de cerca de Chile, Estados Unidos y Sudáfrica, mientras que Argentina, aunque inicialmente estaba parejo a esos países, ahora no está teniendo una evolución tan positiva.

Frente a los enfoques globales realizados en la mayoría de las intervenciones, el profesor de la Universidad Politécnica de Madrid Carlos Tió Salaregui, en calidad de presidente de la sesión plenaria sobre el mercado del vino, quiso resaltar el gran cambio experimentado en España en los últimos 20 años, en los que se ha producido un importante desarrollo tecnológico y una triplicación en los porcentajes de exportación, por lo que en su opinión no se puede hablar en los mismos términos del sector europeo que del español, cuya dinámica es comparable a la de Australia o Chile.

Desconexión entre la OCM y el mercado mundial

En general, en todas las intervenciones sobre la situación actual del mercado del vino se puso en entredicho la eficacia de la propuesta de la Comisión Europea para aumentar la competitividad de los productores de vino de la UE.

Concretamente, Luis Miguel Albisu señaló que en todos los reglamentos concernientes al vino ha prevalecido la conservación de los ingresos de los productores agrarios, sin haber una preocupación por lo que ocurre en los mercados internacionales.

Incluso en el tema del arranque de viñedos, principal foco de atención de la reforma de la OCM del vino, en opinión de Albisu, no se considera a qué tipo de viñedos podría afectar el arranque y cómo podría beneficiar o perjudicar al viñedo de la Unión Europea en su competencia con los viñedos de otros países, ya que no es lo mismo que el viñedo que se arranque afecte a productos para uso industrial que al que se destina a vino de baja calidad o al que tiene una calidad mayor, que es el que preocupa en los mercados internacionales.

Bajo su punto de vista, la PAC debería pasar a ser una verdadera política agroalimentaria que tuviera en cuenta los elementos que definen la competitividad de los mercados internacionales en el contexto de la globalización, ya que la preocupación por el mundo de la producción y la falta de referencia internacional tenían su sentido cuando Europa era hegemónica.

Entre las objeciones que Albisu expuso sobre la actual propuesta de reforma, cabe destacar la ausencia de ejes de actuación que propicien la creación y uso de tecnologías, elemento esencial para conseguir competitividad, y la ausencia de interactuaciones con otros sectores para la promoción del vino, especialmente con el turismo y la gastronomía.

También señaló la ausencia de medidas de investigación de mercados, una labor que ha de hacerse colectivamente debido a los altos presupuestos necesarios para llevarlas a cabo.

Dada la alta dinámica de los mercados internacionales, Miguel Ángel Albisu advirtió que si la adopción de medidas de regulación que se ajusten a las pautas del mercado se demoran, puede que se apliquen demasiado tarde, cuando los países competidores ya hayan conquistado el mercado internacional del vino.

Gran esfuerzo del sector y la JCCM por reorientar hacia el mercado el viñedo en Castilla-La Mancha

Tomás García Azcárate, representante de la Dirección General de Agricultura de la Comisión Europea en España, señalaba que Europa está perdiendo su papel hegemónico, “una lección que deberíamos recordar para otros sectores como el aceite de oliva”, propuso.

En su opinión, Europa no ha asumido su responsabilidad de líder: “En cualquier empresa, cuando se es líder en el mercado, y se tiene vocación de serlo, tienes que asumir una responsabilidad en cuanto al desarrollo del mercado, a la innovación tecnológica o al lanzamiento del nuevo producto. Europa está perdiendo su condición de líder porque se ha adormecido en base a una cultura centenaria del vino y a una Organización Común de Mercado que ha contribuido al adormecimiento de los productores”, consideró.

Tomás García Azcárate finalizó su intervención con un breve análisis de la situación en Castilla-La Mancha, “un territorio con un viñedo con altísimo valor ecológico y medioambiental y con viñedos modernos; una región en la que el sector ha hecho un esfuerzo enorme en mirar al mercado, en adaptar y en mejorar tecnológicamente y comercialmente, estimulado por una administración que se ha movilizado al lado del sector”, subrayó, incidiendo en el esfuerzo realizado por la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha para estimular esta reorientación hacia el mercado que, en su opinión, se ha visto limitado por la Organización Común de Mercado pero que se va a ver reforzado por la nueva reforma.