Un cultivo tan extendido en la región como desconocido

Castilla-La Mancha lidera la producción de plantas aromáticas en nuestro país, aglutinando el 50 por ciento de estos cultivos. A lo ancho y largo de esta tierra de quijotes y dulcineas se extienden más de 1.600 hectáreas dedicadas a las aromáticas, de las que más de 900 se concentran en la provincia de Guadalajara, donde los campos de lavanda, lavandín y espliego, entre otras variedades, cubren las localidades de Cogollor, Quer y Brihuega, principalmente. También destaca la provincia de Albacete, con una extensión superior a las 350 hectáreas dedicadas al cultivo de este tipo de plantas.

El enclave geográfico, las características del suelo y el clima mediterráneo hacen de Castilla-La Mancha un lugar idóneo para la flora silvestre aromática, que se caracteriza por ser abundante y muy variada, entre la que destacan especies como el espliego, la lavanda, el lavandín, la mejorana, el romero, el tomillo, la ajedrea, la salvia o el hisopo. A pesar de que aún hoy se recolectan los asentamientos silvestres de aromáticas a través de un sistema de pujas y subastas que se lleva a cabo en los ayuntamientos, su cultivo, que en la región se remonta a los años sesenta, presenta una serie de ventajas. Beneficios que se traducen en la obtención de una materia prima más homogénea y abundante, permite seleccionar y mejorar las especies, lo que redunda en su rendimiento y calidad y posibilita mecanizar el proceso de recolección.

Desde el principio de los tiempos, el ser humano ha aprovechado las plantas aromáticas por sus olores y propiedades curativas. Muchas de estas especies son originarias de Persia, desde donde se introdujeron en India y en Europa durante la Edad Media.

Hoy se conserva del antiguo Egipto el famoso papiro de Ebers, en el que se citan más de 700 plantas en preparados y recetas.

Lavanda y lavandín, la ‘eterna’ confusión

La lavanda y el lavandín son las especies más habituales en los campos castellano-manchegos, aunque en torno a ellas ha habido un profundo desconocimiento hasta finales del siglo XIX, llegando a confundir ambas especies. Las lavandas de baja altitud hibridaban con el espliego, cuyo hábitat natural está en altitudes de entre 700 y 1.300 metros, y daban lugar al lavandín. Un híbrido capaz de reproducirse únicamente por esquejes que se forma a partir de la lavanda, que aporta el polen, y el espliego, responsable de la semilla. No fue hasta el año 1924 cuando se reconoció oficialmente como una nueva especie diferenciada tras una primera plantación que se realizó en la región francesa de la Provenza.

Los comienzos del lavandín fueron difíciles, ya que se consideraba una lavanda de baja calidad. En la provincia de Cuenca, en los años 30 se experimentó con estas especies pero sin éxito alguno y hubo que esperar hasta mediados de los setenta para reintroducir estos cultivos en nuestro país.

El responsable de las técnicas de cultivo que se aplican en la actualidad es M. Felix Eysseric, quien construyó la primera máquina recolectora automotriz, redujo el proceso de destilación a 40 minutos desarrollando destilerías por arrastre de vapor y fue quien ideó el cultivo en hileras a una distancia de entre 1,60 y dos metros con la intención de poder mecanizar la recolección. Un proceso que consiste en separar los tallos de los que afloran las espigas de la base leñosa de la planta con el fin de poder aprovechar sus propiedades. Una vez recolectada, si lo que se va a aprovechar de la planta es su aceite esencial se procederá a su destilación.

La destilación a vapor es una de las prácticas más extendidas actualmente y consiste en introducir la materia productiva en una caldera por la que pasa una corriente de vapor de agua que volatiliza y arrastra las moléculas aromáticas. Dicha corriente de vapor circula por un serpentín, donde se refrigera y tiene lugar la condensación. De esta manera, el vaso florentino o esenciero, previa decantación por diferencia de densidades, separa el agua del aceite.

Este tipo de instalaciones son más costosas que las destilaciones a fuego directo que se empleaban antaño, pero presentan una mayor capacidad de producción y mejoran el rendimiento y la calidad de la esencia. Gracias a este proceso, con una hectárea de cultivar de planta aromática se obtienen 80 kilos de esencia.

Una rentable alternativa a los cultivos tradicionales

La evolución de este cultivo no ha estado exenta de cambios y el inicio de su comercialización ha atravesado momentos difíciles.

La inestabilidad del precio de la esencia en los mercados, la falta de ayudas a estos cultivos, la caída de los precios, los bajos rendimientos y los elevados costes de producción con respecto a Francia son los principales problemas que acechan al sector, a los que hay que sumar la competencia procedente del gigante asiático. Un competidor difícil de batir, ya que comercializa esencia a un precio al que los productores castellano-manchegos no pueden hacer frente.

Asimismo, otra de las debilidades de las aromáticas es la falta de mecanización con respecto al país de origen. Hoy en día, se dispone de medios materiales muy avanzados, pero toda la maquinaria necesaria para llevar a cabo este cultivo procede de Francia, lo que supone un encarecimiento del precio final del producto.

Sin embargo, a pesar de la delicada situación por la que atraviesa el sector, el cultivo de plantas aromáticas se presenta como una alternativa viable y productiva en el panorama agrícola de la región. La búsqueda de cultivos alternativos convierte a las plantas aromáticas en una opción atractiva para muchos agricultores que confían en su rentabilidad.

En algunos casos, los beneficios llegan a triplicar los que se obtienen frente a los cultivos tradicionales, como es el caso de la cebada. Mientras una hectárea de este cereal produce un rendimiento de 1.300 euros, el lavandín supone un beneficio de 7.000 euros por hectárea.

Más allá de las fortalezas de este cultivo, los productores denuncian las dificultades que encuentran a la hora de acceder a nuevos mercados y el desconocimiento que aún hoy se tiene sobre las nuevas técnicas de cultivo.

El aprovechamiento de las plantas aromáticas ha despertado el interés de la industria farmacéutica, cosmética, perfumera y alimentaria durante años, siendo estas sus principales utilidades. Los aceites esenciales o extractos aromáticos que proceden de las plantas pueden encontrarse en las flores, frutos, hojas, raíces, semillas y corteza de los vegetales. Por citar un ejemplo, el aceite de espliego, procede de una flor, el aceite de pachulí, de una hoja, y el aceite de naranja, de un fruto. Los aceites se forman en las partes verdes del vegetal y al crecer la planta son transportadas a otros tejidos, en concreto a los brotes en flor.

Además de hidratar y nutrir en superficie, quizá lo más importante de estas esencias vivas son sus virtudes relajantes, tonificantes o descongestivas, captadas al instante por el olfato y que constituyen toda una ciencia curativa: la aromaterapia.

Entre las propiedades de los aceites esenciales cabe destacar la lavanda, que es un sedante muy efectivo, recomendado en problemas de insomnio. Además, ayuda a equilibrar estados emocionales, calma y relaja.

Nace en Guadalajara la Asociación Nacional Interprofesional de Plantas Aromáticas

Hace poco más de un año se constituyó en Guadalajara la Asociación Nacional Interprofesional de Plantas Aromáticas (ANIPAM) con el objetivo de fomentar el cultivo y la transformación de las plantas aromáticas en nuestro país a través de la investigación y la formación.

En la actualidad, Anipam agrupa a una treintena de socios entre productores, destiladores, distribuidores, técnicos e investigadores procedentes de diversos puntos de España. Tal y como apuntan desde algunos ámbitos, esta Asociación nace con la intención de homogeneizar un sector hasta la fecha bastante desarticulado, que necesita la llegada de un interlocutor válido capaz de defender sus intereses.

A pesar de su reciente creación, desde la Asociación Nacional Interprofesional de Plantas Aromáticas se han desarrollado distintas actividades para sus asociados, entre las que destacan un viaje a la región francesa de Provenza para conocer su forma de trabajar en esta materia; una jornada técnica en la localidad albaceteña de Ossa de Montiel sobre el ‘Aprovechamiento del residuo de lavandín como combustible para la destilación’; unas Jornadas de Plantas Aromáticas y Medicinales en Frómista (Palencia) y un viaje a la Feria de Agricultura Ecológica BioFach y Vivaness en Nuremberg, entre otras iniciativas. Una de las tareas pendientes de este colectivo es la puesta en marcha de una página web actualizada en la que informen a la sociedad en general de la situación de este cultivo, de las noticias que se generen al respecto y de los pasos dados en pro de la profesionalización del sector de las plantas aromáticas.

El creciente auge de la fitoterapia

En el campo de la fitoterapia, que es la ciencia que estudia el uso de las plantas aromáticas con fines terapéuticos para prevención o tratamiento de enfermedades, especies como la mejorana o la lavanda se utilizan para tratar el estrés y el romero está indicado para problemas de insomnio.

Las malas digestiones, las piernas cansadas o la pérdida de peso son situaciones en las que, cada vez más, se imponen los tratamientos fitoterapéuticos.

Conseguir que la fitoterapia sea reconocida como una opción terapéutica “válida y con todas las garantías científicas” es el objetivo del sobre Fitoterapia (INFITO), una asociación científica dedicada al estudio y divulgación de esta ciencia y del que forman parte especialistas de la farmacia y la medicina de toda España.

Recientemente, una encuesta publicada por este centro de investigación revela que a seis de cada diez encuestados -lo que supone el 59 por ciento- le gustaría que, en caso de querer adelgazar, su médico le aconsejara preparados de plantas medicinales, como el té verde o camilina, la alcachofa o el glucomanano. Asimismo, esta encuesta pone de manifiesto que el 48 por ciento de los encuestados confía más en los preparados de plantas medicinales que se venden en las farmacias, frente a uno de cada tres que tiene su confianza depositada en el herbolario.

En este sentido, cabe aclarar una de las falsas creencias sobre las plantas medicinales que asegura que fuera de la farmacia éstas son más “naturales” o eficaces, cuando es justo al contrario, tal y como indican desde este centro de investigación, desde el que aseguran que “los preparados de plantas medicinales con registro de medicamento que podemos encontrar en la farmacia son justo los que tienen todas las garantías de eficacia y seguridad”.

Con todas estas utilidades sobre la mesa, el reto pendiente de los productores de plantas aromáticas es caminar hacia una mayor profesionalización y mejorar la capacidad de comercialización de los productos.