La ciudad de Albacete despide este miércoles a quien, sin duda, es una de esas mujeres especiales cuya marcha deja en su entorno una huella y un ejemplo imborrables y dignos de ser eternamente puestos en valor.

Cremilde Fabo fue docente incluso antes de que fuera esposa en unos tiempos en los que no era frecuente que las mujeres pensasen en su formación académica ni en sus sueños o aspiraciones profesionales y personales. Ella lo hizo, como siempre dijo, apoyada por su padre primero y, después, por el que fue su marido porque, como años después ha demostrado y demuestra la vida, es indispensable el apoyo de los hombres para que, algún día, las mujeres puedan alcanzar la plena igualdad.

Se dedicó a impartir Formación Político Social tanto en la carrera de Enfermería como en la de Magisterio y, ya desde las aulas (y fuera de ellas) animó a tantas otras mujeres a, como ella, marcar su propio destino y reivindicar su valía. Y lo mismo hizo con las denominadas ‘amas de casa’, a las que durante años representó al frente de APACCU, luchando por inculcarles (a ellas, y al resto de la sociedad) que el trabajo en el hogar es tan (o más) digno y ha de ser tan (o más) visible y reconocido por todos que cualquier otro.

Entre los numerosos reconocimientos que obtuvo, la Consejería de Sanidad le concedió en 2006 el Premio Regional a la Protección y Defensa de los Consumidores, por su contribución al movimiento asociativo de los consumidores en la región.

Ejemplo para quienes tuvieron la suerte de tratar con ella y allá donde tuvo oportunidad de dejar su esencia, Cremilde Fabo será por siempre esa mujer especial que supo hacer ver a muchas otras que ser visible, y soñar, no sólo era posible sino que era necesario.