“La socialdemocracia está en una crisis de militantes, en una crisis de votantes, en una crisis ideológica y en divisiones internas prácticamente en todos los países”. Ésa es, seguramente, una de las ideas centrales que han llevado al socialista Josep Borrell a dejar, negro sobre blanco en este libro, sus reflexiones sobre lo que puede ser un momento crucial para el futuro de la socialdemocracia europea.

Poniendo ejemplos como los que se están dando con el socialismo en Francia, en Reino Unido, en , en Grecia… Borrell pone el foco sobre un declive constatable que, asegura, no tiene que ver con el liderazgo: “Cuando yo era presidente del , dos terceras partes de los países estaban gobernados por Partidos Socialistas y ahora debe haber dos o tres (Suecia, donde ganamos en 2014; Portugal, donde el gobierna en minoría con lo que allí sería el Podemos de aquí pero sin Pablo Iglesias)… y poca cosa más; de modo que no es un problema de España sólo ni tampoco de una falta de liderazgo, de cambiar a ‘fulanito’ por otro… desgraciadamente, no”, ha explicado.

“Hemos creado muchos problemas que nos hubiéramos podido ahorrar si los dirigentes socialistas se hubieran dicho la verdad”

Afirma que “el problema es más grave, de fondo”, y sus razones se analizan en este libro, donde también hay espacio para otro problema más concreto: el que se desencadenó en el PSOE de nuestro país desde la repetición de las últimas elecciones generales hasta que Rajoy consiguió de nuevo la presidencia, en lo que considera “un gran fracaso colectivo” que nos devuelve a un escenario similar al de hace no tantos meses:

“Estamos exactamente como hubiéramos estado si el hubiera aprobado la propuesta de : estaríamos celebrando unas primarias previas a un congreso (y seguramente con los mismos candidatos); por lo tanto, estamos como hubiéramos estado hace casi ya ocho meses, con la ‘pequeña’ diferencia de que en el camino hemos abierto la puerta al Gobierno del señor Rajoy, gratis, sin ninguna contrapartida (y provocando una división en el Grupo Parlamentario, una división (evidente, aunque algunos la nieguen) entre la dirigencia y la militancia, una división territorial… hemos creado muchos problemas que nos hubiéramos podido ahorrar si los dirigentes socialistas se hubieran dicho la verdad”, ha reflexionado.

“¿Qué es lo que aprobó el Comité Federal? -ha explicado-, decirle que no a Rajoy; bueno, pues lo que no vale es decir en el Comité Federal ‘vamos a decir que no a Rajoy’ y, a continuación, este ‘carrusel’ de muchos dirigentes por todas las radios y televisiones diciendo lo contrario… Oiga, dígalo usted en el Comité Federal, es donde toca, mójese…”.

Borrell afea a la antigua Ejecutiva socialista las formas con las que precipitó la dimisión de Sánchez como secretario general el pasado octubre

Considera que la situación vivida por Sánchez hasta su dimisión no tiene nada que ver con la que en su día él protagonizó con Almunia; como grandes diferencias ha apuntado, en primer lugar, que en aquella ocasión suya, el problema fue ‘la bicefalia’: hubo dos ‘cabezas’ que no administraron bien la división de funciones entre él (como candidato a la presidencia del Gobierno) y Almunia (como secretario general); y, en segundo lugar, que Borrell dimitió porque quiso (mientras que Pedro Sánchez tuvo que hacerlo, ha asegurado, ante un conflicto grave que, en su opinión, estuvo “muy mal administrado”).

“Eso de provocar la dimisión de diecisiete (aprovechando, además, que el pobre ya se había muerto y que otros dos ya se habían ido para tener ya la mitad más uno…), no me pareció (y lo explico en el libro) una forma transparente de proceder”, ha reiterado.

Porque siempre Borrell ha manifestado que lo adecuado hubiera sido que esos ‘disconformes’ hubieran presentado una moción de censura para criticar aquello que no compartían de la Dirección. Además, considera que también entonces hubo “una mala interpretación de los Estatutos porque esa dimisión de la mitad más uno de la Ejecutiva obligaba a la convocatoria de un congreso… que no se dio y, por tanto, en aquel Comité Federal no debió votarse ‘sí’ o ‘no’ a un congreso, sino cuándo se celebraría”.

En cualquier caso, los acontecimientos fueron los que fueron y nos sitúan a diez días de unas primarias socialistas en las que Borrell cree que “ya no estamos entre ‘a’, ‘b’ y ‘c’, sino entre ‘a’ y ‘b’”.

“Hay una gran diferencia entre el aval y el voto, y es que el aval no es secreto”

También Josep Borrell se muestra nada partidario de considerar el resultado de la recogida de avales como una especie de primera vuelta de las elecciones: “Aquí lo hemos convertido en una especie de voto, pero hay una gran diferencia entre el aval y el voto, y es que el aval no es secreto”.

Reacio a la conjunción del verbo ‘coser’ para señalar lo que necesita el PSOE, es claro a la hora de apuntar en torno a qué se debe crear ‘la unidad’.

“La unidad tiene que ser en torno a un proyecto, la unidad no es en torno a una persona; el congreso tendrá que decidir cuál es este proyecto, no será fácil pero esos vaticinios apocalípticos de que (como decir alguien ayer) ‘nos jugamos el ser o el no ser’… no nos pongamos dramáticos, porque eso sería como decir que si gana ‘alguien’, el PSOE es y, sin gana ‘otro’, el PSOE no es… y no podemos descalificar así a las candidaturas porque todas son socialistas; siempre hay discrepancias de opiniones y, cuanto más grande sea un partido, más habrá”, ha explicado.

Él ha avalado a Pedro Sánchez (aunque asegura que le habría gustado que se pudiera avalar a más compañeros), y explica que este libro que desentraña ‘Los Idus de octubre’ no es para apoyar la candidatura de Sánchez, sino para arrojar luz sobre una realidad para cuyo futuro quiere “un Partido Socialista más participativo, más democrático, más abierto y menos endogámico”.