“Lo que sea la izquierda, lo que deba ser y lo que se ha esperado que fuera, ha venido coincidiendo en no pocos periodos históricos”, ha comenzado declarando el almanseño , Secretario General de las Juventudes Socialistas de la Provincia de Albacete. “Desde luego, sí lo hizo durante la Segunda República Española. La política era, por entonces, de verdad. En la «res pública» había propuestas, debate e intentos reales de consenso entre las formaciones políticas republicanas y socialistas. Había voluntad y capacidad de renunciar a ciertas pretensiones para llegar a acuerdos. La propia fusión de las Juventudes Socialistas y Comunistas fue un fiel reflejo de la seriedad y el compromiso con que la izquierda del momento quería abordar la modernización de una España atrasada”. Si «per se» ya es importante este periodo por los avances que se lograron durante su primera etapa, más lo sería por el cómo se logró: sin que los partidos políticos cayeran en los meros eslóganes y marcas en que casi 90 años después podrían resumirse.

La izquierda era la respuesta a las demandas nacionalistas, y paliaba los apetitos independentistas con la inclusión en un proyecto político, económico, cultural y social de autonomía estatutaria en el marco de una Constitución, la de 1931, claramente progresista.

Pero la República supuso mucho más. Conmemorar la tricolor es rendir honores a la instauración del sufragio universal pleno, ya que es durante esta etapa en la que se incluye por primera vez el voto femenino como un derecho constitucional, defendido por el propio -quién, aunque absteniéndose en la posterior votación, escribiría paradójicamente en su cuaderno “Tiene razón la Campoamor” durante el acalorado debate de ésta con en las Cortes Constituyentes- y, principalmente, aprobado por el respaldo mayoritario socialista, aún a pesar de que este hecho pudiera ir en detrimento de su resultado electoral como consecuencia del sesgo que sus confesores influyeran en el voto de las mujeres. Es rememorar a , el mejor Ministro de Trabajo de nuestra historia, quién promovió la jornada laboral de ocho horas y el salario mínimo, así como se atrevió a expropiar tierras para que pudieran pasar a manos de los campesinos y jornaleros que las trabajaban. Es hablar de un Estado laico, respetuoso con todas las religiones pero contundente en la separación con la Iglesia: la educación pasaba a ser ejercida por profesionales de la enseñanza y no por órdenes religiosas, que dejarían de ser sustentadas económicamente por ingresos públicos. “De hecho, se aprobó un plan de obras públicas por parte de otro ministro socialista de renombre, , que dedicaría una importante inversión a construir 5.000 colegios al año para poner fin al rezago que sufríamos en un país cuya economía era esencialmente rural y el analfabetismo estaba extendido a más del 30% de la población”, aseveraba Javier Boj. “Ser republicano suponía respaldar la evolución social a través de la consolidación de derechos tales como el divorcio o el derecho de manifestación”.

“Sin embargo –continuaba el Secretario General de las JSPA- ¿cuál es la gran enseñanza del periodo republicano? Que cuando las fuerzas progresistas se pusieron de acuerdo sólo la violencia, el uso de la fuerza, pudo frenarlas. Y no era tan importante el quiénes, sino el para qué. Las JSPA hacemos un llamamiento a asociaciones, sindicatos y partidos políticos para que aprendan de los errores cometidos. Que revisen la historia para escribir el futuro que nos merecemos todos los españoles. Que se aborde una hoja de ruta, un marco mínimo que garantice un proyecto que ilusione a la inmensa mayoría de este país: a la clase obrera y trabajadora”.

Este 14 de abril hemos conmemorado la Segunda República Española, pero, sobre todo, hemos ovacionado el glorioso bienio republicano-socialista que esperanzó a la población española en un delicado momento histórico en el que el modelo de la Restauración se había agotado y fue precedido por una dictadura que tampoco supo dar solución a los problemas del país.

El PSOE tiene la obligación de liderar una alternativa de gobierno que les haga llegar a la Moncloa como lo hizo la República, por aclamación popular. Y para eso será importante cuestionar la jefatura de Estado, pero más todavía avanzar en la protección constitucional de las pensiones y su garantía de equilibrio del poder adquisitivo, el fomento del autoempleo en condiciones favorables, la mejora de los derechos laborales que sitúen en una verdadera posición de equidad a patronos y obreros, el establecimiento de un sistema fiscal coherente con las exigencias del siglo XXI que obstaculice la evasión de grandes fortunas y empresas multinacionales en un contexto en el que la globalización todo lo devora, un modelo territorial que recupere la cohesión social y una clase política a la altura de las exigencias para devolver la credibilidad a las instituciones del Estado. “Sólo entonces, -concluía Boj- cuando haya un proyecto firme sobre la mesa a la altura de los años de ilusión y banderas de morado, habrá tiempo para la Tercera, y definitiva, República Española”.