Albacete ha tenido siempre en el sector cuchillero un referente artesano y posteriormente industrial en cuanto a su tradición y economía se refiere. Tierra de buenos artesanos y maestros navajeros, Albacete constituye actualmente una de las poblaciones más importantes del mundo dentro del sector cuchillero. Cerca de 8.000 personas viven actualmente del sector, donde unos 2.000 trabajadores llenan las modernas fábricas distribuidas por toda la geografía de la provincia albaceteña.

Entre las instituciones que velan por el desarrollo y crecimiento de la industria cuchillera destacan: la Asociación de Cuchillerías y Afines (APRECU) y la Fundación para el Desarrollo de la Cuchillería (FUDECU), que  tienen como objeto la promoción y el desarrollo de la industria cuchillera de Albacete y, en particular, la mejora de la cualificación profesional de los trabajadores, el fomento económico del sector, la investigación y el desarrollo de la cuchillería, y la difusión de su identidad cultural e histórica. Además de estas dos instituciones se encuentra la Escuela de Cuchillería “Amós Núñez”, que se configura como un centro de formación, aprendizaje y cualificación para jóvenes de ambos sexos, parados, con edades comprendidas entre 16 y 18 años, cuyo proceso formativo tiene dos años de duración.

El siglo XV marca las primeras referencias de la cuchillería en Albacete

Al parecer la cuchillería fue heredada de los musulmanes; algunos caracteres estilísticos e iconográficos de las piezas y varios indicios documentales indirectos así parecen indicarlo, pudiendo ser la vecina Chinchilla, que fue enclave de cierta importancia en época islámica, la que influyera en ello.

Las primeras noticias que conocemos, muy escasas, proceden del siglo XV y dan la impresión de que por entonces la actividad cuchillera en Albacete no tenia aún relevancia. Del siglo XVI conocemos, igualmente, pocas referencias, pero algunas pueden indicar cierto desarrollo, y de esta época son los ejemplares más antiguos de los que tenemos constancia: unas pinzas realizadas en 1573 por un maestro apellidado Torres y unas tijeras que pertenecieron a la colección Rico y Sinobas. De la segunda mitad de la centuria ya tenemos testimonios documentales con nombres de varios espaderos y cuchilleros albacetenses.

La literatura de Cervantes da cuenta de la navaja clásica española

La navaja clásica española apareció al final del siglo XVI. Más tarde (siglo XVII) dan cuenta de ella, en la literatura de Cervantes. En los siglos XVII y XVIII, los cuchilleros florecieron en la región albacetense, la fabricación de navajas estaba en manos de moriscos de la región, que eran muy hábiles artesanos para fabricar cuchillos y armas blancas. Del siglo XVII hay muchos testimonios y se conservan numerosas piezas fechadas en el ultimo tercio de la centuria, lo que significa que por entonces, sin que sepamos con certeza las causas de ello, Albacete ya contaba con una destacada y consolidada manufactura de cuchillos, puñales, navajas y tijeras. El 90% de los talleres estaban situados en la calle Zapateros y un pequeño grupo, el 16% de los censados, en la Puerta de Chinchilla. El emplazamiento y los nombres de muchos maestros y oficiales espaderos y cuchilleros de la villa en el periodo se conocen, en gran parte, gracias a las investigaciones realizadas por Martínez del Peral; entre los menestrales destacaban algunos que llevaban los apellidos Alcaide, Arias, Benítez, García, Gómez, Martínez, Montero, Torres, Vicén Pérez y Ximénez.

El siglo XVIII y el esplendor cuchillero de Albacete

Tanto los testimonios documentales, como las obras, ya son abundantes en el siglo XVIII; es, sin duda, una época esplendorosa de la cuchillería albacetense, a pesar de que la legislación restrictiva y prohibitiva que afectaba a buena parte de la producción comenzó a ser muy abundante a lo largo del siglo y de que el sistema gremial comenzaba su decadencia y poblaciones renombradas en esta actividad, como Toledo, estaban en aguda crisis. Solamente los talleres de algunos centros catalanes y los de Albacete mantuvieron un alto nivel productivo y artístico; cuando, hacia 1765, Hermosino Parrilla compara las realizaciones de ambas zonas, escribe que “todas las piezas (las de Albacete) son curiosas, y excelentes, tanto que en lo fume igualan a las barcelonesas, pero en lo grabado las exceden”. Los aportes documentales de Martínez del Peral permiten conocer que el emplazamiento de los talleres se diversificó con respecto al del siglo anterior, no localizándose en núcleos tan bien delimitados y concentrados como antes: la calle Zapateros, con el 32% de las domiciliaciones, seguía siendo el centro del foco más importante, pero tanto ella, como la zona de su alrededor, perdieron peso en el conjunto de la villa ya que allí solamente quedaba el 40% de los menestrales; por el contrario, la zona en torno a la Puerta de Chinchilla no sólo mantuvo su importancia, sino que se expandió por algunas calles limítrofes. A finales de siglo trabajaban unos 18 maestros cuchilleros y a lo largo de la centuria encontramos excelentes artífices, unos que llevan los apellidos anteriores, otros que los tienen nuevos, como Arcos, Castillejos, Cortes, Garixo, Griñán, León, López, Munera, Romero, Sevilla y Sierra.

En el siglo XIX la cuchillería de Albacete gozaba de gran prestigio

En el siglo XIX son numerosos y unánimes los testimonios que indican que la cuchillería albacetense era conocida en toda España y en diversos lugares de Europa; en este sentido se manifiestan todos los informes económicos, manuales, diccionarios y libros de viajeros de ese tiempo, y en ellos podemos encontrar los primeros datos de la producción, con frecuencia contradictorios, información esta completamente desconocida para periodos anteriores.

Hay que destacar tres características significativas para este siglo: por un lado, la indiscutible celebridad y considerable producción que había alcanzado la cuchillería albacetense a pesar del duro enfrentamiento comercial con las producciones extrajeras, francesas especialmente, que invadían el mercado español, y de las restricciones que una rigurosa legislación prohibitiva imponía; por otro lado, la nula referencia que se observa en todas las fuentes con respecto a las tijeras, lo que coincide con la practica inexistencia de piezas conservadas,  circunstancia que nos hace pensar que las espléndidas tijeras de escribanía dejaron de fabricarse a partir de principios de la centuria; finalmente, la creciente implantación de los procedimientos de seriación industrial.

A finales del siglo XIX, el sector tenía considerables dificultades para vender sus productos y con esta tendencia comenzó el recién concluido siglo XX.

Las fabricas más destacadas por entonces eran las de Justo Arcos Aroca, López y Compañía, Sánchez Hermanos, Joaquín Zafrilla y La Industria; algunas ya con la incorporación del motor eléctrico.

Los primeros años del siglo XX y el proceso de industrialización

Un documento de 1908 nos muestra el proceso de transformación que se estaba produciendo en el sector cuchillero de la ya ciudad, con la polarización del mismo en fábricas, escasas, y en talleres, numerosos y, a veces, muy pequeños y familiares; en las primeras, la producción dejaba de ser totalmente artesana y se convertía en plenamente industrial, en línea con la tónica del modelo de industrialización que se crea en las dos primeras décadas del siglo, favorecido después por el periodo de auge que para los cuchilleros de la población significo la Primera Guerra Mundial, y cuyos rasgos estructurales se mantendrían hasta mediados de la década de los cincuenta; en este periodo aparece un grupo de empresarios dispuestos a invertir y a arriesgar en proyectos mercantiles, industriales y financieros. En 1925 funcionaban doce fábricas de navajas y cuchillos, además de varios pequeños talleres; unos 400 operarios producían anualmente más de 30 mil docenas de navajas. Sánchez Sánchez indica que en 1930, las 14 mayores empresas cuchilleras ocupaban a 434 obreros y que ocho superaban las 100 docenas de piezas anuales, alcanzando cuatro de ellas la producción de 150 docenas de navajas cada semana. La capacidad total del conjunto era de 62.000 docenas anuales, pero la escasez de la demanda había pasado la época de bonanza que supuso la contienda bélica mundial y reducía la producción a unas 40.000.

Los años 50 y la crisis del sector

En la época de los años cincuenta, en pleno aislamiento español, apareció una crisis que se puso claramente de manifiesto entre 1955 y 1959: solamente tres talleres pasaban de diez obreros y tan sólo uno tenía mas de 15; sobre ella incidió, nuevamente, la adversa legislación, ya que en 1945 se publicaba una ley, que prácticamente ha llegado a nuestros días, prohibiendo las navajas cuyas hojas puntiagudas excedieran de once centímetros. Surgieron y se multiplicaron los almacenistas que se dedicaban a facilitar material a los pequeños talleres y a comprarles la producción, compitiendo así ventajosamente con las fábricas al no tener gastos sociales. Los pequeños talleres, para abaratar la producción, realizaban un trabajo a domicilio especializado en una fase determinada de la elaboración, que se ejecutaba a base de métodos artesanales; luego, el proceso se completaba con la concentración de las piezas en determinados obradores para su montado y acabado. Este trasiego de unos talleres a otros, dejando y recogiendo la “faena”, era notorio; tanto, que el ver a los aprendices recorriendo las calles en bicicletas, con cestas situadas delante del manillar o cajas sujetas por encima de la rueda trasera, se convirtió en una estampa ciudadana característica.

La expansión de los años 60 y 70

El desarrollo de tres o cuatro empresas, favorecido por la Feria Nacional de Cuchillería de 1965, y por las que posteriormente se sucedieron, dio impulso a esta industria, que inició la búsqueda de nuevos mercados.

En 1971, unos 100 pequeños talleres trabajaban en conexión con las cinco firmas más destacadas (cuatro de Albacete y una de Madrigueras) que dirigían el proceso. En 1975 había 74 empresas cuchilleras con un total de 500 trabajadores, siendo unas 40 de tipo familiar. A partir de entonces las fábricas consiguieron una gran expansión, alcanzando una producción de mas de cinco millones y medio de unidades, de las que se exportaban al extranjero una pequeña parte, que alcanzaba el 1’5% del valor total. Esta industria cobraba gran importancia en el ámbito regional, ya que las provincias de Albacete y Ciudad Real tenían el 58% del total de empresas censadas en todo el estado.

En 1981, nuevas disposiciones oscurecen el horizonte productivo

Durante los años siguientes se fue produciendo la progresiva modernización de muchos de los establecimientos, aunque, frecuentemente, con un irregular ritmo de implantación motivado por causas de diversa índole, estas transformaciones dieron como consecuencia una clara polarización en fabricas bien mecanizadas y con producción en serie de navajas, cuchillos, cuberterías, etc., y en talleres, pocos, y en fase ya residual, donde se continuaba trabajando con procedimientos aún esencialmente artesanales y en los que, sin embargo, se seguían creando las piezas que proporcionaban prestigio artístico a la cuchillería de la ciudad. Pero junto al despegue, otra vez las restricciones legales.

En septiembre del año 1981 nuevas disposiciones prohibían determinados tipos de navajas y oscurecían el horizonte productivo; como hacia siempre, el sector superó los obstáculos haciendo uso de sus cualidades características: esfuerzo, constancia e imaginación.

Gran importancia del sector en la economía albacetense

Gran parte de la producción cuchillera de Albacete se exporta por todo el mundo, pero la pieza artesana, la gran valorada, tiene un buen mercado español.

Desde el acero empleado, las empuñaduras de asta de ciervo y toro, de madera, de hueso o de marfil, hasta el filo o el abrillantado de cada una de las piezas, tienen algo especial que las diferencia de las navajas fabricadas en otras partes, tanto dentro como fuera de nuestro país.

Las navajas y los cuchillos de Albacete fueron imprescindibles para las labores del campo, pero han ido variando según las necesidades hasta llegar a lo que hoy es una gran industria que emplea a cientos y cientos de albaceteños en los numerosos talleres repartidos fundamentalmente en el Polígono Industrial Campollano.

La cuchillería artística ya sólo la practican unos pocos maestros, pero sus creaciones alcanzan gran calidad y belleza, siendo muy valoradas en todo el mundo y gozando de gran prestigio en el mercado de los coleccionistas.

En la actualidad hay unas 70 empresas que emplean a más de 2.000 personas y producen por valor de más de 60 millones de euros anuales, sin tener en cuenta el de las industrias auxiliares; de ellos, alrededor del 25% proceden de la exportación.

Nuevos bríos para la industria cuchillera de Albacete

Durante el último cuarto del siglo XX, la inmensa mayoría de los establecimientos han ido cerrando o abandonando las zonas tradicionales, produciéndose otra traslación de las cuchillerías, hecho que ha dado lugar a una nueva nuclearización, ahora solamente de fábricas; actualmente casi todas se encuentran en el Polígono Industrial Campollano.

Nuevos bríos emanan de la cuchillería albacetense; la creación de APRECU (Asociación Provincial de Empresarios de Cuchillería y Afines) y FUDECU (Fundación para el Desarrollo de la Cuchillería) es una viva muestra de ello y fruto de su actividad es la puesta en marcha de la Escuela de Cuchillería “Amós Núñez”; con ella, como dice la tradición que musitaban los maestros de antaño cuando templaban las hojas, “…buen temple habremos, si Dios quiere”.

La Casa de Hortelano, Museo de la Cuchillería

En el año 1912 Joaquín Hortelano encargó al arquitecto Daniel Rubio la construcción del bello edificio frente a la Catedral de Albacete y caracterizado por una ecléctica fachada gótica con azulejos verdes que se conoce con el nombre de Casa de Hortelano.

Daniel Rubio era por aquel tiempo el arquitecto municipal y realizó el desaparecido mercado de abastos, con estructura de hierro y decoración floral de líneas curvas, y cubierta de vidrio, además del bello templete de música de la Feria, de depurado gusto modernista, o el emblemático edificio del Gran Hotel.

Fuera de nuestra ciudad, este arquitecto también dejó constancia de su buen hacer en la participación del Plan del Ensanche de Málaga en 1929 o en el edificio de la Caja de Ahorros de Antequera en 1932, basado en una singular mezcla de elementos manieristas, barrocos y neoclásicos, junto a otros más modernos con un planteamiento general de edificio en esquina y en el que se quiere concentrar toda la atención en su chaflán de carácter monumentalista.

Volviendo a la Casa de Hortelano, el edificio, que consta de 450 metros cuadrados se convirtió con el tiempo en Casa Cuna y cuando en la década de los ochenta fue adquirido por el Patrimonio Arquitectónico del Ayuntamiento de Albacete, pasó a ser la sede del Consejo Social de la Universidad de Castilla-La Mancha y más tarde sede de la Policía Local.

La última remodelación que sufre hasta la fecha de hoy es a cargo de un proyecto liderado por los arquitectos sevillanos Miguel Hernández Valencia, Esther López Martín, Juliane Potter y Francisco José Domínguez Saborido que en el año 2003 presentaron su propuesta para las instalaciones del Museo Municipal de la Cuchillería de Albacete y cuyas obras comenzaron en el año 2004.

Una vez terminadas las obras, el día 6 de septiembre del pasado año fue inaugurado, por el presidente de Castilla-La Mancha, José María Barreda, el tan ansiado Museo de la Cuchillería de Albacete. Todo un símbolo para el sector económico más emblemático de la ciudad.

El Museo Municipal de la Cuchillería se intregra dentro de la Ruta del Quijote. A su paso por Albacete, la ruta invita a conocer esta ciudad y sus encantos. Y sin tratarse de un encantamiento, en el corazón de la ciudad se ubica la Casa de Hortelano. Un Museo vivo sobre la historia del sector profesional más emblemático de la provincia de Albacete: la cuchillería.

Navajas con la marca de calidad AB-Cuchillería

El Ayuntamiento de Albacete ha accedido a la petición de APRECU para poder utilizar la marca de garantía AB-Cuchillería en las 500 navajas que ésta asociación entregará a los asistentes de la tradicional comida que este colectivo celebra durante la Feria de Albacete. Además, la comisión de Hacienda ha dado, igualmente, el visto bueno a la petición de que este mismo sello de calidad aparezca en los 200 kit de montaje de navaja que se prevé que se entregarán en el taller que los cuchilleros tendrán abierto en Feria para ofrecer a todos los interesados la posibilidad de elaborar su propia navaja.

La Marca de calidad AB-Cuchillería es uno de los frutos de la labor desarrollada por el Alcalde de Albacete, Manuel Pérez Castell, en compañía con los representantes de los cuchilleros de Albacete para proteger a este sector de la competencia desleal que sufren por parte de productos realizados en países extracomunitarios, especialmente asiáticos.

Como se recordará, de los contactos establecidos por el Alcalde y los cuchilleros de Albacete con los responsables municipales y del sector de las ciudades de Solinger (Alemania) y Thiers (Francia), surgió la llamada “Declaración de Albacete” en defensa de este sector productivo europeo, a la que ya han mostrado su interés en adherirse otros países, como Italia o Gran Bretaña.

Para el concejal de Hacienda, Antonio Martínez, el hecho de que la Asociación Provincial de Cuchilleros haya sido la primera instancia en solicitar la utilización de esta marca en sus productos, demuestra “su interés por defender los intereses de su sector, tan importante y significativo en nuestra ciudad, y abre el camino para que las empresas privadas también puedan utilizarlo como garantía de la calidad de sus productos de cara al consumidor. La marca AB-Cuchillería es propiedad municipal desde el pasado 21 de febrero y está, como confirmó Martínez, a disposición de todos aquellos empresarios que deseen utilizarla y garantizar, de este modo, que sus productos han sido elaborados en Albacete.

Colecciones permanentes del Museo

Colección Caja Castilla-La Mancha. En el mes de Junio del año 2002, Caja Castilla La Mancha adquirió la colección de navajas de Rafael Martínez del Peral y Fortón, Marqués de Valdeguerrero. Formada a lo largo de 33 años recorriendo almonedas, chamarileros, rastros y mercados de ciudades, pueblos y caseríos españoles y extranjeros. Una actividad que él mismo califica de pequeña locura a la que dedicó tiempo y hacienda.

Fruto de este esfuerzo surgió una variada y rica colección de 500 piezas, cuyo valor se deriva de su antigüedad, su belleza, la nobleza de los materiales empleados para su elaboración, el detalle y precisión con que han sido ornamentadas, la diversidad de tipologías de las navajas y el hecho de ser, todas ellas, fruto del trabajo de artesanos de diferentes poblaciones españolas y de otros países.

La Colección Caja Castilla-La Mancha - de gran valor científico - nos ofrece una visión global de la producción cuchillera a nivel europeo y nos permite establecer semejanzas, concordancias e identidades para pasar del plano local al universal.

Colección APRECU. Desde el año 1977 la Asociación de Cuchillería y Afines (APRECU) representa, gestiona, defiende y fomenta los intereses profesionales comunes de sus miembros e impulsa y promueve, al mismo tiempo, la propia actividad cuchillera. Entre sus actividades destaca de manera especial el Concurso Regional Castilla-La Mancha de Cuchillería APRECU, que se celebra anualmente en el marco de la Feria de Albacete y cuya primera edición data del año 1981.