De esta forma se repite el juicio, anulado, igual que su posterior sentencia, por el , el 5 de abril de 2019. El fallo del TSJCM estimó parte de los argumentos de la Fiscalía en su recurso, en los que se sostenía el desacuerdo con que la madre hubiera sido absuelta de varios delitos en los que presuntamente actuó y permitió.

El escrito de acusación de la Fiscalía, al que ha tenido acceso Europa Press, recoge que los acusados adoptaron al pequeño —los tres eran de nacionalidad china—, en 2015 y el menor llegó a España en octubre de 2016, a punto de cumplir cuatro años de edad el siguiente mes, y empezó a convivir con sus padres adoptivos, en su casa en .

Desde el inicio de la convivencia, el niño, que no estaba escolarizado ni sometido a programas de control de salud infantil, relata la Fiscalía en su escrito, sufrió maltratos físicos y vejaciones por parte de los acusados, a veces por ambos de forma conjunta, otras veces por uno de ellos solo, pero con el conocimiento y consentimiento del otro, que no hacía nada por evitarlo.

Como consecuencia de los golpes y lesiones, el menor sufre cicatrices por todo el cuerpo y por el cuero cabelludo. Secuelas que son consecuencia de muchos episodios violentos, de los que el escrito de acusación menciona hasta ocho, y el más grave estuvo a punto de acabar con la vida del pequeño.

Se cita que el menor sufrió arañazos en el lóbulo de la oreja “con una caña o una uña”, que le aproximaron a la rejilla de una estufa encendida para que se quemara, que le golpearon con un objeto contundente el brazo izquierdo causándole fractura del cúbito, o, en otra ocasión, de igual forma, la clavícula, y en una distinta, un dedo de la mano izquierda.

Las lesiones fueron a mayor grado y en otro de los episodios violentos, tras aplastarle la zona de la cadera, sufrió fractura en la misma y, otro día, le golpearon la zona de las cortillas, causándole fracturas en cuatro de un lateral y cinco del otro.

EL EPISODIO MÁS GRAVE

El episodio más grave sucedió sobre las 9.00 horas del 13 de abril de 2017. Los procesados discutieron, lo que hizo que el menor se despertara. “Movidos por la ira e importunados con la presencia del niño”, afirma el escrito, comenzaron de forma conjunta a propinarle entre ambos una brutal paliza que se prolongó durante horas.

Arrojaron al niño contra el suelo en varias ocasiones, lo lanzaron contra un mueble de madera con el que se golpeó en la cabeza, le pisotearon las piernas, le dieron múltiples patadas al menor en la zona abdominal y le pisaron, y lo arrastraron por varias habitaciones.

Los golpes provocaron que al menor le manara mucha sangre de la zona craneal y las piernas. Los acusados, conscientes de que la agresión podía comprometer su vida, lo cual era evidente dada la sangre que emanaba de la zona craneal y de las piernas del niño, se limitaron a tumbarlo, lo forzaron a comer, lo que le llevó a vomitar, y llegaron incluso a hacerle un cabestrillo casero en la pierna lesionada, como en ocasiones anteriores.

Finalmente, decidieron llevarlo al , en cuyo servicio de urgencias ingresó a las 13.00 horas en una situación de gravedad extrema consistente en parada cardiorrespiratoria, cianosis generalizada y sin signos de vida, por lo que tuvo que ser sometido a maniobras de reanimación cardiopulmonar e intubación que consiguieron recuperar los signos vitales de manera temporal.

El menor, una vez estabilizado, fue trasladado de manera urgente al , para ser atendido por las graves lesiones que sufría, consistentes en politraumatismo severo, traumatismo craneoencefálico, fracturas múltiples y neumoperitoneo, donde requirió nuevamente maniobras de reanimación cardiovascular avanzada, ya que sufrió una nueva parada cardiorrespiratoria.

Como consecuencia de la agresión, el menor sufría fractura cráneo-temporal derecha, fractura en vertiente derecha de hueso frontal que afectaba a la órbita derecha, fractura en vertiente izquierda de hueso occipital, hematoma epidural tempero-parietal derecho, rotura completa de asa de yeyuno, hígado con edema, páncreas edematoso, fractura de tibia y peroné derecha.

Las lesiones craneales y la rotura del asa intestinal sufridas hubieran producido necesariamente el fallecimiento del menor si no hubiera sido atendido de manera urgente en un centro sanitario especializado.

El total de días de sanación requerido por el menor por este episodio fue de 170 días, siendo 20 de ellos calificados por los médicos forenses como de perjuicio muy grave, 7 graves y 143 moderados. Le han quedado numerosas cicatrices como secuelas físicas.

JUICIO REPETIDO

El pasado abril de 2019, el Tribunal Superior de Justicia de Castilla-La Mancha ordenó la anulación de la sentencia y del juicio oral y repetir el juicio “con una diferente composición de los magistrados”.

El TSJCM, según se explicó entonces en el fallo, al que tuvo acceso Europa Press, aceptó dos de los cuatro argumentos expuestos por la Fiscalía en su recurso.

Por un lado, aceptó que se incurrió en “irracional valoración” al absolver a la acusada de los delitos por los que fue condenado el acusado, ya que la madre “debería haber sido condenada como autora de dichos ilícitos en comisión por omisión”. Lo afirma tras quedar probado en la sentencia que fueron ambos los que sometieron a agresiones y humillaciones permanentes al niño y porque no hizo nada por evitar las agresiones del padre, pese a conocerlas.

Y también aceptó el argumento de la Fiscalía de que, en los graves hechos ocurridos el 13 de abril de 2017 y en los que la sentencia descartó la participación de la acusada, ésta sí participó de forma activa. La Fiscalía considera que la Sala hizo caso omiso a la declaración de la médico de urgencias que atendió al niño a su llegada al y de los guardias civiles que se entrevistaron con la madre el día de los hechos y ante los que reconoció “haber lanzado y estampado al niño y haberle pisado”. Declaraciones de las que en el juicio la madre se retractó y aseguró que fue su marido el que le había pegado y que, en su apelación, la Fiscalía sostiene que hubo grandes contradicciones.