OBSERVACIÓN: Dña. Carmina Useros falleció en la madrugada del jueves, 23 de marzo de 2017, tras una enfermedad. Fue la autora de varios libros sobre la gastronomía de Albacete, entre otros Cocina en Albacete. 1.000 recetas de cocina de Albacete y su provincia, gracias a un libro que escribió a mano su padre. Pero gracias también a los viajes que hizo por la provincia y a las personas que conoció y que le hablaron de cocina.

A principios de los años 80 su marido, D. Manuel Belmonte, y ella pusieron en marcha en Chinchilla el Museo de Cerámica, con las piezas que el matrimonio adquirió durante años en distintas ciudades y pueblos de todo el país.

Carmina Useros fue la madre de cinco hijos, entre ellos Carmina Belmonte Useros, la primera alcaldesa de nuestra ciudad. También de Elisa Belmonte, soprano y profesora de la Escuela Superior de Canto de Madrid.

Fue una de las personas que más defendió la gastronomía de la tierra. Fue también, como hemos dicho al principio, junto a su esposo, D. Manuel Belmonte, la creadora del Museo Nacional de Cerámica de Chinchilla.

Defensora de las tradiciones de Albacete, embajadora de nuestra ciudad y provincia. También fue escritora. Y madre de la primera alcaldesa de Albacete y de una soprano de éxito internacional. Fue la elegida ‘Mujer del año’ en 2008 en Albacete.

Tributo a esta gran señora que falleció el pasado jueves, 23 de marzo de 2017, en Albacete.

El Grupo Multimedia de Comunicación La Cerca quiere rendir este pequeño homenaje a Carmina Useros, creadora del Museo Nacional de Cerámica de Chinchilla, además, entre otras muchas cosas, de una gran defensora de las tradiciones culinarias más arraigadas de la cocina manchega, escritora de varios libros, reeditando este reportaje y el vídeo/foto montaje que lo acompaña que fue publicado originalmente en el año 2005 en la revista LA CERCA de Castilla-La Mancha, y posteriormente en el diario digital multimedia La Cerca (www.lacerca.com). El vídeo fotomontaje fue producido mucho después, en octubre de 2016. D.E.P.

La familia Belmonte-Useros, pasión por Chinchilla

En 1968, Carmina Useros y su marido, el desaparecido y querido oftalmólogo Manuel Belmonte, comenzaron un recorrido por toda la provincia de Albacete para escribir el primer libro de cocina. El matrimonio Belmonte-Useros ha escrito tres libros dedicados a la cocina, uno a la artesanía y otro a fiestas populares, este último en colaboración con su hija Pilar, quien realizó las fotografías.

En este recorrido por la provincia de Albacete, Carmina Useros se enamoró de los pueblos, pero especialmente al llegar a Chinchilla le fascinó tanto que se compró una casa y más tarde adquirió todas las Cuevas del Agujero -situadas en las inmediaciones del castillo de Chinchilla-, que fueron arregladas por amigos suyos, pintores y escritores.

Con esta pasión por Chinchilla, y siendo un centro muy importante de alfareros -unos 40 alfareros hace 43 años-, a Carmina no le cabía la menor duda de que éste era el lugar idóneo para situar lo que en las últimas décadas ha sido su gran ilusión, el Museo de Cerámica Nacional de Chinchilla.

Desde la llegada a Chinchilla de la familia Belmonte-Useros, una de su mayor labor ha sido la promoción de Chinchilla, como así lo ha reconocido en varias ocasiones su Alcalde. A través de ellos fueron muchas las personalidades que visitaron la localidad y conocieron sus tradiciones. Pasaron muchos periodistas que publicaron artículos en revistas y periódicos a nivel nacional, como Tico Medina. También ha quedado patente su labor en las famosas Cuevas del Agujero, ubicadas en Chinchilla, en las inmediaciones del Castillo.

La alfarería, un oficio en extinción

En el marco de la bella ciudad de Chinchilla de Montearagón se encuentra el Museo de Cerámica Nacional. Carmina Useros, su directora, al mismo tiempo que artífice del mismo, junto con su marido Manuel Belmonte, nos relata como fueron sus comienzos y las razones por las que se creó.

En el año 1973 se realizó un homenaje a los alfareros de Chinchilla en la Cueva de La Leña, de los que sólo quedaban entonces tres de los casi 40 que llegó a tener la ciudad. En este homenaje se expusieron 107 piezas tradicionales de los alfares chinchillanos, encargadas por el matrimonio y realizaron un catálogo precioso. “Estas piezas son ya históricas puesto que los alfareros de la localidad han desaparecido y apagado sus hornos para siempre”, apunta la directora del Museo.

En la década de los 70 las alfarerías españolas estaban casi terminándose y Carmina Useros y Manuel Belmonte pensaron recorrer España para hacer un museo en Chinchilla que no fuese solamente local.

“Para la ilusión tan grande que nosotros tenemos con Chinchilla había que tener unas miras más ambiciosas”, subraya Carmina.

Recorriendo las alfarerías de toda España

Para llevar a cabo el proyecto de construcción de un museo de cerámica en Chinchilla, el matrimonio Belmonte-Useros cogía los fines de semana su coche e iba alfarería por alfarería de toda España comprando una o dos piezas de las más representativas del lugar. Con el fin de no olvidar ni confundir las piezas, pegaban un esparadrapo en la parte de abajo, donde figuraba el nombre de la pieza, lugar y nombre del alfarero. Según manifiesta Carmina Useros, estas piezas siempre las compraban a los alfareros y sólo cuando las habían adquirido comentaban al alfarero que eran para un museo, gesto que estos agradecían porque en muchas ocasiones habían regalado piezas para museos que nunca se entregaban.

Regresaban a Chinchilla los domingos, muchas veces de madrugada, donde dos vecinos, Nieves García y Fernando Royo, que se han estado ocupando hasta hace poco tiempo del Museo, les ayudaban a descargarlas.

Pasado un tiempo, era tal el número de piezas que habían adquirido y que tenían repartidas por todas partes, que pensaron construir un museo.

Una ilusión hecha realidad

El actual Museo de Cerámica Nacional de Chinchilla se encuentra situado en un terreno propiedad de la familia Belmonte-Useros. Según expone Carmina, se descartó el hacerlo en alguna de las muchas casas señoriales de Chinchilla debido a la falta de medios económicos.

Para realizar el proyecto hablaron con su cuñado, Carlos Belmonte, reputado arquitecto, quien desinteresadamente realizó el proyecto.

En 1978 fue presentada la maqueta del Museo en la sala estudio de José Antonio Lozano, al mismo tiempo que la presentación de la Asociación Museo de Cerámica La Peñuela de Chinchilla, que sería la encargada de regir el futuro Museo.

Esta presentación logró un gran entusiasmo popular. Se escribieron unas “cartas preciosas”, dirigidas a los ciudadanos de Albacete y de Chinchilla, para recabar fondos, ya que al matrimonio Belmonte-Useros le parecía hermoso que fuese algo popular. Al llamamiento respondió mucha gente aportando sus donativos y muchas entidades les regalaron cemento, tejas y materiales de construcción. “Siempre en agradecimiento a mi marido”, afirma rotunda Carmina, que manifiesta con orgullo el gran cariño que todo el mundo le profesaba a su marido.

Como anécdota nos cuenta Carmina que cuando Manuel Belmonte operaba a algún amigo o veía a algún enfermo y no le cobraba, tal era el entusiasmo que veían en él por el Museo, que estos, en vez de regalarle, como se solía hacer antiguamente un jamón o unas botellas, ingresaban dinero para el Museo, hasta que llegó un momento en que Carmina le dijo: “¡Manolo, por favor, yo ya prefiero un jamón!”, recuerda entre risas Carmina. Una vez concluido el edificio, que consta de seis salas situadas a distintos niveles y comunicadas entre sí por escaleras de pocas alturas, lo que evita la sensación de zonas separadas, hubo que organizar el montaje y distribución de las piezas. De esto se encargaron Manuel y su hija Pilar que agruparon las provincias por salas dándole un color a cada provincia. Cada pieza está situada en un ‘tarugo’, con el color de la provincia, en el que figura el nombre del alfarero, el de la pieza, el del pueblo y el de la ciudad; este sistema permite una rápida localización de todas las provincias, “un sistema único en los museos”, según afirma Carmina.

El 26 de junio de 1980 fue inaugurado, por fin, el Museo de Cerámica Nacional de Chinchilla.

El Museo ya tiene su Catálogo oficial que fue presentado en el Museo Arqueológico Nacional

El 14 de junio de 2005 se presentó en el Museo Arqueológico Nacional, el Catálogo del Museo de Cerámica Nacional de Chinchilla. “El motivo de su presentación en Madrid y no en Chinchilla fue darle la categoría que se merece un museo nacional”, explica Carmina.

Este acto fue presidido por el director General de Bellas Artes, Julián Martínez García, y contó con la asistencia del presidente de la Diputación de Albacete, Pedro Antonio Ruiz Santos, del académico José Luis Sánchez, y de la promotora del Museo, Carmina Useros. La elaboración del Catálogo fue comenzada por Manuel Belmonte y su hija Pilar, y tras un paréntesis de diez años, por la desaparición de Manuel, fue Pilar la que le recomendó a su madre que la labor debía continuarse “porque si no estaba catalogado se perdería y no pasaría a la historia”.

A tal efecto, Pilar se desplazó todos los fines de semana, durante cuatro años, a Chinchilla, y junto a su madre y a una gran colaboradora, Antonia Descalzo Navalón, hicieron la catalogación de las casi 2.000 piezas con las que cuenta el Museo, perteneciente a 576 alfarerías de toda España. Para la elaboración de este Catálogo contaron también con la ayuda de una alumna de Pilar que colaboró en el diseño y la maquetación, Esther Navalón Wamba. Asimismo, y dentro de la celebración del 25 aniversario, el 26 de junio de 2005 se realizó un acto popular de puertas abiertas en el Museo, presentado por el periodista y escritor Fernando Delgado, en el que también fue presentado el Catálogo.

Un Museo irrepetible

Una de las pretensiones del matrimonio Belmonte-Useros fue fomentar la alfarería española. Dándoles vida a los alfareros, “no se pretendía conseguir piezas antiguas”, apunta Carmina, sino poner en valor el importante legado que estos artesanos han ido dejando a lo largo de muchos años. A pesar de ello, el Museo de Cerámica Nacional de Chinchilla se ha convertido en un museo histórico porque la mayoría de los alfareros que realizaron las piezas han muerto y sus hijos no han continuado con la tradición. Los alfares que continúan funcionando ya no lo hacen con horno de leña, como lo hacían cuando se adquirieron estas piezas, ahora se trabaja con hornos eléctricos, con lo que la pieza adquiere una textura diferente, en definitiva, expone Carmina, “se han convertido en piezas irrepetibles, lo que hace que este Museo sea algo único”.

Asociación “Museo de Cerámica La Peñuela”

La Organización y gestión del Museo la lleva a cabo la asociación “Museo de Cerámica La Peñuela”. Esta asociación, de la que Carmina es Presidenta, se ocupa del mantenimiento y conservación del mismo. La componen alrededor de 40 socios que pagan una cuota simbólica y que está abierta a todo aquel que quiera sumarse a la bonita labor de mantener este Museo. En las reuniones periódicas la asociación propone y planifica actos culturales que ayudan a mantener activo el Museo y su proyección exterior. Una de sus actuaciones más importantes ha sido la presentación del Catálogo de sus fondos y un Libro sobre el Museo.

La ‘cuervera’, entre las piezas preferidas

El ‘mortero de atascaburras’ es una pieza muy significativa de las que se encuentran en el Museo; y como pieza antigua una sopera de su abuela, Visitación López, realizada en El Pozuelo. También es de destacar, cómo no, el clásico botijo, que está presente a la puerta del Museo para saciar la sed del visitante con su agua fresca.

Pero como no podía ser de otro modo estando en Chinchilla, la pieza favorita de Carmina es la ‘cuervera’, sobre todo una de 24 posos, una de las pocas piezas que han regalado al Museo, donada por los hermanos Cebrián de la Roda. Esta cuervera tan especial se estreno con motivo del X aniversario del Museo ofreciendo una cuerva a todos los vecinos de Chinchilla. Tiene una capacidad de 70 litros de vino. La “cuervera” es un recipiente tradicional de Chinchilla que sirve para hacer la “cuerva”, bibida típica de la provincia de Albacete.

Esta pieza de alfarería es de forma tronco-cónica y con perfil semiesférico en el interior. Su apariencia es la de un lebrillo. Tiene dos asas pequeñas y en el reborde superior tiene varios salientes de hechura semicircular, a modo de platillos, llamados “puestos” o soportes donde se colocan unos pucheros pequeños. El tamaño de la cuervera varía según el número de pucheretes que tenga. Las corrientes son de 6, 8 ó 12 puestos, que equivalen a 4, 6 y 8 litros respectivamente. A estos recipientes se les da un barniz vidriado a base de plomo tomando color rojizo o verdoso según la mezcla y calidad del barro. Su decoración es muy variada. En la parte exterior se suelen pintar unas grecas de florecillas o líneas onduladas de puntitos llamadas “adorno de festones”, también en el interior se suelen inscribir leyendas alusivas al dueño con frases como “Soy de Fulano”, “Zutano te convida”, y dibujos hechos con plantillas tradicionales como son las de custodias, gallos, mariposas, racimos de uva, etc.

Era frecuente que cuando se estaba terminando el vino de las tinajas en una bodega familiar se llamase a los vecinos y amigos para tomar juntos los últimos tragos. Se acababa el vino que quedaba después de haber quitado los posos con el apuratinajas; se echaba en un lebrillo y para quitarle el acidez y el mal gusto, antes de echar el vino en el lebrillo se deshacía un poco de azúcar con agua y una corteza de limón y en caso necesario se le ponía también una rama de canela. Una vez terminada la ceremonía, cada persona llenaba su vaso o puchero de dicho líquido y mietras iban bebiendo improvisaban brindis.

Como en algunas ocasiones esta ceremonia se celebraba en la puerta de la bodega no tenían donde apoyar los vasos o pucheretes y de ahí partió la idea de añadirle al lebrillo unos asientos o soportes para poder dejar el puchero. Al principio solo le pusieron cuatro, como se puede observar en las cuerveras con tapa, y otras con pitorro. Las primeras para evitar las moscas del verano que era cuando se apuraba el vino de las tinajas y las segundas para que al verter el vino no cayera la corteza de limón.

Posteriormente, según la demanda, se le fueron añadiendo puestos.

El “Museo al aire libre”, una original idea que, por falta de medios, está pendiente de realizar

La creación de un “Museo al aire libre” surgió como idea para complementar el edificio del Museo con un espacio que permitiese, no solo apreciar las grandes tinajas, corcioles, brocales u otras piezas excepcionales en un lugar suficientemente grande, sino a la vez crear una zona verde que en aquellos años no existía en el barrio.

El solar junto al Museo, lindante con la calle Z y la calle de La Peñuela, adquirido para dicho fin, se limpió y preparó provisionalmente con motivo de la inauguración del Museo. Así mismo se cedió un trozo de éste al Ayuntamiento para hacer una plaza que permitiera un acceso fácil. Se plantaron unos árboles y hiedra con la idea de poder entrelazar la cerámica de grandes dimensiones con la naturaleza. Las piezas se colocaron sobre unos “tarugos” de madera de pino, sujetos con clavos.

En la zona posterior del solar, se pretendía cubrir y crear un espacio amplio donde realizar actos culturales y exposiciones temporales, pero debido al deterioro de las piezas expuestas en el exterior por falta de medios para su vigilancia y al fallecimiento de Manuel Belmonte, gran impulsor de esta idea, se paralizó dicho proyecto. Actualmente es un sueño todavía pendiente de realizar.