Entre las calles Mayor y Tinte de la ciudad de Albacete existe un pasadizo que nos sumerge de lleno en el modernismo. Una de la tres únicas galerías modernistas en España. Una galería comercial y residencial que constituye un hito por su arquitectura y por el concepto. La luz de Albacete cae sobre la piedra labrada interrumpida por los filos de sombra que proyecta el hierro de su cubierta. De obligada visita.

Fue diseñado en 1925 por Buenaventura Ferrando Castells y mandado construir por Gabriel Lodares con la intención de crear una galería comercial y a la vez residencial. El pasaje se asienta sobre columnas renacentistas, entre las que se encuentran los comercios. Su cubierta es un tragaluz con estructura de hierro y láminas de cristal que permite el paso de la luz y el cambio de aspecto según cambia aquella en su recorrido diario. Las fachadas interiores contienen distintos adornos basados en la mitología, con abundancia de cabezas de mercurio, dios del comercio. Los herrajes en balcones y puertas son insignes muestras de la artesanía rejera de la ciudad.

La singularidad viene en la asimetría de las fachadas exteriores, la de la calle Mayor mucho más modesta que la de Tinte, porque el propietario de la casa de la izquierda se negó a vender y hubo que modificar el diseño no sólo de la fachada sino de los locales afectados más pequeños que el resto.

Este tipo de galerías tienen su origen en París como consecuencia de la revolución industrial del siglo XIX, siendo concebidas como pasadizos que servían de comunicación entre calles concurridas y destinados a ampliar espacio para el comercio. En España el Pasaje Lodares, junto con el Pasaje Gutiérrez de Valladolid y el Pasaje del Ciclón de Zaragoza, son los 3 únicos ejemplos que quedan de este tipo de galerías.

Siguiendo la línea de la tendencia que llegó a España de Francia durante el reinado de Isabel II, el arquitecto valenciano Buenaventura Ferrando Castells realizó este proyecto en 1925. Gabriel Lodares lo mandó construir a imagen de las galerías comerciales italianas, con pisos destinados a personas de alto poder económico, al igual que los comercios que albergaba; por eso se planteó como un pasaje particular y cerrado, si bien durante el día permitía el acceso a los comercios.

El pasaje se encuentra cubierto por un tragaluz de cristales soportado por arcos de hierro que deja pasar la luz del día. La fachada de la calle del Tinte es más monumental, mientras que la de la calle Mayor es más modesta ya que en su tiempo el propietario de la misma no accedió a su venta y por tanto no se pudo reformar; por esto, la fachada es asimétrica y alguno de sus comercios son más pequeños que los restantes. Consta de tres plantas de viviendas además de la entreplanta, también dedicada al comercio. En cada fachada hay una gran puerta de hierro forjada con las iniciales de Gabriel Lodares en la parte superior.

En el interior se observa como los locales aparecen separados por columnas renacentistas con adornos modernistas y neobarrocas. En las fachas del interior aparecen representados grandes fruteros y grupos de niños con guirnaldas. El balcón principal presenta unos buenos herrajes que fueron realizados por el artesano albaceteño José Tejados. Aparecen otras figuras, también representadas en otras muchas construcciones modernistas, como las cariátides que representan la Industria, con una rueda dentada, la Riqueza, con una cornucopia, las Artes poéticas, con una lira, y las Artes políticas, con una escultura y un martillo. La cabeza de Mercurio, dios del comercio, aparece complementando el conjunto (también aparece una estatua del mismo dios en el Pasaje Gutiérrez de Valladolid).

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