Seguidamente reproducimos el Pregón completo

El pregón de Semana Santa debe iniciarse agradeciendo la colaboración de personas que me ha permitido acometer esta apasionante aventura. En primer lugar, tengo que hacer referencia a la Junta de Cofradías por ofrecerme la posibilidad, a propuesta de la Cofradía de Nuestra Señora de la Esperanza, Macarena, que me otorgó este honor, y que acepté con orgullo, admitiendo el reto y la responsabilidad que supone responder a las expectativas. También a quienes me han regalado información para documentarlo, como es el caso de , estudioso y cronista de la Semana Santa de , mi compañero , que recopiló tantos datos sobre la Semana Santa de , y la estupenda obra sobre los conventos franciscanos en la provincia de Albacete del historiador .

El pregonero ha servido, y aún lo hace en algunas pequeñas localidades, para anunciar noticias que sus vecinos deben conocer. Supongo que ha existido desde que hay agrupaciones humanas, pero documentado aparece en el Imperio romano, con el que llega a España. Como es lógico imaginar, en todo este tiempo, hasta bien entrado el siglo XX, la mayoría de los habitantes de nuestra tierra eran analfabetos y carecían de instrumentos para la comunicación, lo que precisaba el uso oral. Actualmente, poco tiene que hacer un pregonero cuando la información sobre nuestra Semana Santa se difunde por cualquier medio de comunicación social, incluso, con un folleto que aglutina datos, fechas y horarios de todos los acontecimientos. En realidad, estoy actuando como telonero de la Semana Santa siguiendo una tradición consolidada y que merece la pena mantener.

La Semana Santa es un acontecimiento religioso pero protagonizado por agrupaciones de vecinos que conforman las cofradías manteniendo una costumbre tutelada y apoyada por la Iglesia, como no podría ser de otro modo, pero con independencia en su gestión y actividad, lo que nos lleva a entender que no todos los que intervienen en sus evoluciones tienen porqué ser creyentes. Es bueno aceptar que la Semana Santa es un hecho cultural, donde se acude partiendo de motivaciones distintas y distantes, y se debe aceptar que la devoción puede tener grados, implicaciones sentimentales que cada uno debe estar dispuesto a ofrecer. Desde esa perspectiva de tradición enraizada, la Semana Santa es un hecho interior, amalgama de emociones que pueden mostrarse de infinitas maneras. Cuando alguien llora al paso de una imagen, se estremece con el sonido de las cornetas, se atraganta con el mágico estruendo de unos tambores, se eriza cuando escucha una saeta o sufre mientras escucha el silencio compartido de tantos corazones, está rememorando instantes, situaciones, alegrías o desgracias familiares y personales. Saca de sus entrañas aquellas frases que decía su madre, gestos de su padre, ocurrencias de hermanos, muletillas de la abuela, ausentes o no, que fluyen con dispar intensidad para conformarse en muecas de amor o dolor.

Hemos sido espectadores o protagonizado semanas santas diferentes, según el territorio donde nos ha tocado nacer o vivir, porque la costumbre ha ido esculpiendo imágenes y formas de hacer las cosas. Algunas tradiciones, en especial la Semana Santa, han sufrido reveses dramáticos, que nada tienen que ver con la muerte de Jesús, archivando memorias familiares que, con respetuoso silencio, se han perdonado, aunque no olvidado. Es bueno reconocer la gran influencia social ejercida durante mucho tiempo por la tradición católica, y que fue suavizándose con los años. En este 2014, cuando empezamos a perder el miedo al futuro, es momento de reafirmar convicciones, impulsar iniciativas o inventarse nuevamente, sin desgajarnos de la esencia, para mejorar y hacer de nuestra Semana Santa algo distinto, de lo que nos sintamos orgullosos por ser de este modo, sin afán de imitar lo que puede resultar inimitable y asumiendo retos para el mañana. Como toda la historia del ahora tiene unas referencias del antes, vamos a recuperar datos para explicar el porqué de la Semana Santa que estamos intentando presentar.

La presencia aproximada en España de los primeros frailes menores, como gustaba llamarse , se puede datar alrededor del año 1215. En esas fechas las guerras internas eran habituales entre los reinos de la , aún repartida entre cristianos y musulmanes. El primer asentamiento franciscano podría ubicarse en tierras de Aragón, reinando , iniciando su expansión mediterránea. Con el papa Honorio III, en 1223, redacta la regla tercera, donde se encuadran laicos hombres y mujeres. Sus viajes a Oriente le dan autoridad en todo el mundo cristiano. Se dice que inventó el Nacimiento con ocasión de una Navidad en Greccio. Ese ejemplo cotidiano arriesgando su vida en mil aventuras y retos, su contacto intenso con cruzados y sarracenos, le permitieron regresar con un prestigio que respaldó muchas de sus iniciativas. No podemos ignorar la situación real del mundo, donde muy pocos conocían una lengua propia y menos escribirla. Los templos se habían desarrollado desde el comienzo de la iglesia representando la Biblia, especialmente el Nuevo Testamento, en puertas y fachadas de los templos, que precisaban explicación en las ceremonias religiosas para poblaciones analfabetas y muy pobres.

Nos situamos en el año 1250 cuando se funda el Obispado de , a partir de cuya fecha se precipitan los acontecimientos bélicos, incluyendo una efímera dominación aragonesa en el Reino de , hasta su adscripción definitiva al Reino de Castilla. Esos años hicieron llegar a esas tierras muchos miles de familias procedentes de Aragón, además de gran número de pobladores venidos de toda para resarcirse de la tremenda peste negra de 1348, y con ellos, los franciscanos, que más tarde se encuadrarían en la provincia eclesiástica de . En esos años se hablaban varias lenguas en la península, aunque con empuje y primacía del castellano, luego sería conocido como español. La fecha de origen oficial se concreta en 1492 con la gramática castellana de , cuando nace el concepto actual de España.

Dentro de sus templos, además del nacimiento, los franciscanos fueron desarrollando actividades para implicar a la población en los conocimientos religiosos, actualizando distintas ceremonias de adoración a imágenes sagradas. Dentro de estas actividades se inició el recuerdo de la pasión, muerte y resurrección de Jesús. Además plasmaban en cuadros o piedras los distintos pasajes para que visualmente fueran comprendidos y se realizaban procesiones interiores con algunos pasos reproduciendo el Vía Crucis.

Carlos I se casó con Doña Isabel de . En el 1526 le regaló Albacete. Entre sus variadas disposiciones reales se incluía la autorización para que se instalaran algunas órdenes monacales, como franciscanos, justinianas y agustinos. Por esas fechas se iniciaba la construcción de la Iglesia de , más tarde catedral de Albacete. En la ciudad de Albacete residían unos 5.000 habitantes.

En la provincia eclesiástica de Cartagena, a finales del siglo XVI, aparecen censados en la ciudad de Albacete 23 oferentes franciscanos y 34 religiosas, éstas en el Convento de la Encarnación. Probablemente el actual de la es el edificio más antiguo de la ciudad. Por esos años se había celebrado el Concilio de Trento con la irrupción decidida de otras nuevas órdenes religiosas, pero los franciscanos suponían la gran mayoría asentada en todo el mundo, también en España y, lógicamente en Albacete.

Es momento de detenernos un instante para concretar ideas sobre lo que significa de Asís para la Iglesia, el mundo católico y quienes habitaban en España, lo que nos lleva a hablar de Albacete. La Iglesia estaba soportando una larga etapa de cambios, pues obispos, cardenales, el propio Papa, tomaban decisiones de tipo militar, económico y político, encerrados en su propio caparazón del privilegio, alejados de los verdaderos fundamentos de Jesús. Los nuevos monjes, vestidos con harapos, mezclados con animales y gente miserable, significaron una verdadera revolución social, contra la que muchos poderes internos y externos trataron de conspirar para desactivarla o hacerla desaparecer. El ejemplo de vida prendió en todo el mundo y los conventos irrumpieron con fuerza por cualquier pequeño rincón, una energía imposible de acallar. Desde se dudada, y se intrigaba, sobre un futuro poderoso ganándose a un pueblo que repudiaba el oropel de los privilegiados.

Son los franciscanos quienes inventan El Belén, como ahora lo conocemos, y también los que inventan la Semana Santa, porque el pueblo debía conocer en imágenes la vida de , su pasión, muerte y resurrección, y es por eso que representan el Vía Crucis reproduciendo detalles, gestos, personajes, escenarios, soldados, tambores y trompetas, con el protagonismo estelar de Jesucristo y su Madre. Esas imágenes se van incorporando a sus templos por el apoyo de gremios, instituciones y familias que pueden pagar y desean ser enterrados entre sus paredes. Los actos religiosos permiten recaudar dinero para subsistir la congregación, ampliar su obra y atender a los más necesitados. Así, el pueblo, poco a poco, primero dentro, más tarde alrededor de los conventos y, al final, recorriendo espacios rurales y urbanos, se hace responsable de esa representación sacra. De ahí que se pongan delante soldados tocando el tambor -embrión de las futuras bandas de cornetas y tambores-, penitentes y seres anónimos, tapados, acompañando esos pasos con pocas imágenes, que con los años fueron ganando en calidad y cantidad dibujando un crisol de colores, luces, aromas y sentimientos distintos y distantes, sin apartarse de la idea primigenia. Y son los franciscanos lo que van instalándose en toda España reproduciendo el paradigma de Asís, lección que sigue iluminando una gran parte de la iglesia y de sus fieles.

Pero, dicho todo esto, hay que reconducir el relato. Se da por cierto que en el primer tercio del siglo XVI ya existe un convento de observantes menores, franciscanos, en el entorno de la capital, pero en los primeros años del siglo XVII se tiene la primera noticia del convento franciscano en la calle que ahora conocemos como Zapateros, San Francisco, muy cerca del otro convento de religiosas llamado La Encarnación.

Según nos informa Vicente Carrión Íñiguez, en el convento de San Francisco, año 1601, se funda El Santísimo , y la Sangre de Cristo. Seis años más tarde se crea Los Nazarenos y . Ya en 1678 se funda el Cabildo de la Soledad y en 1761 aparece la Cruz del y La Dolorosa.

El convento va consolidándose, como los que aparecen en toda la provincia: , Hellín, , , , , , , y de Guadalimar. A finales del siglo XVII las procesiones salen a la calle en Albacete. Cada cofradía está formada por colectivos profesionales, que sufragan gastos y convierten en tradición lo que ahora conocemos, De estos datos se pueden extraer conclusiones sobre modos, pasos, imágenes, tamboradas, vestimentas, diferentes aspectos que incorporan los pueblos para coincidir en lo esencial. Y en su dinámica de crecer y mejorar aparecen los grandes escultores y tantas manos que bordan, cosen, engarzan, engalanan, aderezan, construyen y portan esas imágenes, que sobrecogen y hacen manar sentimientos infinitos. Las caras, los cuerpos, las manos suelen ser de alguien que está cerca del escultor, y de ese modo puede plasmar con arte y rigor el dolor, tristeza, melancolía, amargura y el rictus dramático de una muerte cruel e injusta.

El convento se cierra el 01-09-1835, por decisión gubernamental, la Desamortización de Mendizábal. Cuatro años más tarde se destinó a instalación militar, entre otras cosas. Se llamaría el Cuartel de San Francisco. Por cierto, y dicho sea de paso, en julio de 1975, los quintos de ese año, el que escribe entre ellos, recogimos el petate para hacer La Mili.

El convento de la Encarnación volvió a tener diversos usos, incluso, en la última época, fue la sede anterior de la Parroquia de La Asunción, hasta que fue rehabilitado y convertido en Centro Cultural, donde se acomodan tantos datos y vivencias de nuestra historia, que debemos ensalzar y difundir, como homenaje a nuestros sabios y estudiosos que hacen posible transmitir a generaciones futuras lo mejor de nuestras gentes.

Aunque sea un instante, quiero dejar claro, sin rencor y reproche alguno entre estas letras, la gran deuda de muerte y dolor causado a personas inocentes, como daño perverso y equivocado que se irradió con sangre, fuego, escarnio y maldad en nuestra ciudad, precisamente en estas fechas, cuando explotó algo que simplemente debió florecer: La primavera de 1936. Ahora, también, es momento para la memoria histórica, pero sin odio, tan solo para perdonar y tener presente a tanta buena gente que fue afectada, entre otras cosas, por su vinculación a la Semana Santa y sus ceremonias. Y también, no hay que esconderlo, quiero expresar un emotivo reconocimiento a ese grupo de mujeres, y algún hombre, de El Bonillo, que en 1937 fueron condenados por sedición. La sentencia se puede consultar en un folio donde se les castigaba a pena de reclusión por celebrar una procesión.

Este pregonero desea señalar su especial relación con dos cofradías.

La primera, donde está integrado el Cuerpo Nacional de Policía en Albacete portando el Cristo de La Paz: La Cofradía de Nuestra Señora del Mayor Dolor, que nace en 1954, con sede en la Parroquia de Fátima, donde permanece en su condición de emérito, como si de un papa local se tratara. Procesión que incorpora una música distinta, íntima, que emana de un saxofón especial, como es el que toca Eusebio León Bueno.

La segunda, que propuso este protagonismo inmerecido: La Cofradía de Nuestra Señora de la Esperanza, La Macarena, dirigida con tesón, generosidad, más aún, con pasión, por , impulsor de este evento singular. Cofradía que ve la luz en 1954, precisamente en la Parroquia de Los Franciscanos. Ha protagonizado en estos meses hitos para grabar en la memoria colectiva de nuestra capital: Coronación y 60º aniversario de su banda de cornetas y tambores, los actuales soldados de Roma que en las primeras procesiones, vestidos de época, iban marcando el paso con sus redobles de tambor. Ahora, con su calidad, fuerza y empuje llevan el ritmo de un sentimiento compartido por mucha gente vestida con túnica blanca de algodón; botonadura central, ribetes, bocamangas, manguitos y cíngulo verdes, y capa blanca de algodón y capuz verde con el anagrama de la cofradía bordado.

He dejado el último capítulo de este relato, con vocación de brevedad, para esos datos biográficos que ubican al pregonero en un tiempo y espacio determinado, con especial significación para su ciudad, aunque no tuviera la oportunidad de nacer en ella, porque no pudo escoger entonces. Ahora, que lo puedo hacer, ratifico una y otra vez mi condición de albaceteño, de lo que me siento tremendamente orgulloso, para decirlo en cualquier lugar del mundo donde pueda tener la ocasión de estar.

Si tuviera que valorar mis notas en devoción probablemente tendría calificación de aprobado. Pero he cumplido todos y cada uno de los trámites legales con la iglesia católica, como mi familia, hijos y nietos, de la que formo parte sin reticencias. Quizás en lo de ir cada domingo a misa no sea de los más aplicados, y de eso era especialmente puntilloso nuestro querido Don Lázaro, que solía preguntarme los lunes en el Instituto, llamándome Pastor Roldán.

En Albacete he sido feligrés de Los Franciscanos, Espíritu Santo y El Buen Pastor. Contribuimos humildemente al crecimiento de los tres nuevos templos. Y que casé en El Pilar, que también hay que decirlo. Pero tengo una primera vida en y Murcia. En mi pueblo de nacimiento, donde no existe ni la calle, conocí la primera iglesia, , y alguna procesión. Con seis años, hasta ocho, viví en Murcia. No puedo recordar el año, pero en una procesión, por la mañana, aquel hombrecillo cubierto de rojo, con cuernos, representando al diablo, sujeto con cadenas, se encaraba con los niños abriendo la boca, sacando una enorme lengua y enseñando sus dientes. Petrificado, apoyado en la pared, al lado de mi madre, en una calle peatonal, esa imagen terrorífica se ha quedado para siempre, no en vano ahora lo recuerdo, cincuenta y cuatro año después.

Tuve la oportunidad de ver imágenes impresionantes, la mayoría de Salzillo. Mi madre nos levantaba a las seis de la mañana para verlas. No puedo olvidar el enorme paso de La Última Cena. Es complicado explicar la impresión que causó en un niño tanta belleza y sensación de realidad.

No participé, desde dentro, en la Semana Santa, pero en 2012 nos incorporamos a la cofradía de Nuestra Señora del Mayor Dolor un grupo de policías, y fueron ellos los que me llevaron a esta celebración. He visto la Semana Santa en , , , Granada, , Murcia, , Tobarra o Hellín. No recuerdo más. Nuestra Semana Santa, la de Albacete capital, es digna heredera de los pioneros cofrades que sumaron su saber y devoción a unos franciscanos que revolucionaron la iglesia y el mundo.

He seguido sus evoluciones desde dos posiciones, vinculadas a una edad y a una actividad profesional, que ha marcado determinados detalles que merecen la pena destacar.

Me gustó siempre el discurrir discreto, parsimonioso, unísono, oyéndose el sigilo mudo embadurnado de sombras, de la Procesión del Silencio. No me gustaban esa especie de cabalgata que veía hace años, cuando los participantes, con capuz, túnica o tambor, abandonaban su fila para entregar habas, bacalao o caramelos de jalapa, mostrado una compostura impropia de la ceremonia que se estaba representando. Siempre me ha emocionado la cara de la Virgen, rota por el dolor, en cualquiera de sus advocaciones.

Sería a finales de los sesenta, cuando algunos amigos de la OJE, ubicados ya en la calle Tinte, nos presentamos en la Parroquia del Buen Pastor, frente al Puente de Madera, para hablar con Don José Baeza, y le compramos su banda de cornetas y tambores. No soy capaz de recordar el importe total, que habíamos recaudado recogiendo papeles y cartones, por miles de kilos, entre tantos chavales empeñados en hacer tanto con tan poco. Formamos nuestra banda. Recuerdo haber aprendido a tocar con el cornetín que llevaba un regulador de aire, ahora tan habitual en las bandas, y que proporciona agudos imposibles para pulmones limitados. Y si no que se lo digan a quienes padecen la incomoda inflamación detrás de las orejas. Tampoco recuerdo haber desfilado con la banda, ni participado con ella en procesiones de Semana Santa.

Las cosas han cambiado, y para bien. Lejos queda esa semana de luto social, donde, resignados, debíamos esperar que llegara El Domingo de Resurrección para recuperar el sonido de nuestra música preferida o las películas que nos gustaba ver. Las procesiones han ido mejorando en calidad. La mayoría de lo pasos se cargan sobre hombros resistentes y generosos de toda condición, contemplando con orgullo que la mujer, además de ir tapada o con mantilla, levanta en vilo las imágenes para caminar lenta y sufridamente su devoción y compromiso con algo que desean, y es bueno.

No podemos, ni debemos, compararnos. Hemos de ser así, como podemos y queremos, sin esquivar todo lo que pueda significar mirar hacia el futuro, engrandecerla, como merece también nuestra ciudad. Existe la Semana Santa de Albacete porque unos pocos, movidos por mil inquietudes, pero confluyendo en su compromiso, se empeñaron. Otros quisieron erradicarla y no pudieron, o dejarla en la mínima expresión, y faltó poco. Esos mismos, con otros semblantes, lo seguirán proponiendo, y lo conseguirán si desde el interior de las cofradías, todas unidas, con el apoyo de la población, sus representantes y la tutela imprescindible de las parroquias no se mantiene el vigor y convencimiento colectivo.

Ahora si, como telonero de esta Semana Santa del año 2014, este cinco de abril, quiero pregonar a los cuatro vientos, por medio de mi palabra, imagen y escritos, que el próximo domingo, trece de abril, se inicia la celebración católica de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo. La Junta de Cofradías, tuteladas por las parroquias, a cuya cabeza figura nuestro Obispo Don Ciriaco, las instituciones públicas, representadas por sus dirigentes, así como toda la sociedad y buena gente de Albacete, hacen un llamado general para formar parte de esta iniciativa colectiva, presenciar las procesiones con el respeto que merecen, conformar generosamente los cauces humanos que tanta brillantez otorgan y disfrutar de ese derroche de arte, generosidad y devoción que mueve tan buenas, blancas e íntimas sensibilidades.

Muchas gracias y buena suerte.

Firmado , Comisario Jefe de Policía en la provincia de Albacete