El Museo Municipal de la ciudad había acogido poco antes un acto entrañable y sentido en el que familiares, amigos y un buen número de representantes políticos y sociales de Albacete quisieron reconocer a este albaceteño de adopción y marroquí de nacimiento esa valía (en todos los sentidos) que, desde su llegada a la ciudad, siempre nos había regalado. En ese marco él mismo recordaba cómo estaban próximos a cumplirse 40 años de aquel momento y cómo, desde entonces, la docencia en Albacete (a varios niveles) disfrutó de su persona (valiéndole reconocimientos diversos a lo largo de los años).

“En octubre hará 39 años de mi llegada a Albacete; vine al (que, por cierto, me costó mucho encontrarlo cuando vine porque nadie lo conocía por ese nombre, sino como ‘Instituto Femenino’) -rememoraba, entre sonrisas-; eso fue en octubre del año 1977, estuve seis años allí simultaneando con la Universidad donde me integré completamente en 1983… hasta ahora; he pasado por todos los estadios por los que un docente puede pasar (he sido contratado, he sido interino, he sido catedrático de Escuela, de Universidad…); he pasado por todo, de modo que comprendo muy bien a cualquiera que quiera iniciar su carrera docente”, contó a los periodistas allí presentes poco antes del comienzo del evento.

Junto a él, el alcalde explicaba cómo se forjó la idea de reconocerle de esta forma “por méritos propios”. Entre ellos, citaba Javier Cuenca “su trayectoria profesional intachable y su ejemplaridad para con la ciudad de Albacete”; y el propio Ramón Varón manifestaba el honor que sentía por recibir este reconocimiento en el que, aseguraba, era “uno de los mejores días” de su vida: “Para mí es un grandísimo honor haber recibido esta distinción y espero ser digno portador de ella el resto de mi vida”. “Es para mí un gran día hoy, uno de los mejores de mi vida”.

…Y con ese recuerdo nos dejó, apenas unas horas después. Ayuntamiento y Diputación han fijado este miércoles como jornada de luto oficial y las banderas lucen a media asta por quien se ha marchado orgulloso y feliz con este homenaje hacia una ciudad que ahora guardará por siempre en su recuerdo el nombre (y el ser) de quien nunca dejará de ser uno de sus ‘Hijos Adoptivos’. Descanse en Paz.