De la vertiente más religiosa, destacan los siglos de historia que tiene tras de sí la Semana Santa hellinera y que se remonta a aquellos desfiles que allá por 1411 San Vicente Ferrer comenzó a encabezar en su visita entonces por la ciudad. Siglos de pasión, muerte y resurrección plagados de sentimientos y de raíces en Hellín, que han permitido dar forma y fondo a sus veintiséis Cofradías y Hermandades, que cuentan con imágenes y grupos escultóricos de gran valor artístico y patrimonial y que llevan el sello de escultores como Benlliure (y su imponente ‘Cristo Yacente’), Coullaut , .

Toda la Semana Santa en Hellín es especial y, sin duda, digna y merecedora de ser visitada y vivida por quienes viven estos días del año con esa inclinación cultural, religiosa y artística. Pero es entre el miércoles y el propio Domingo de Resurrección cuando se aglutinan las citas con mayor afluencia de público.

Momentos emocionantes dignos de señalar en el calendario hellinero

La primera gran Tamborada tiene lugar el Miércoles Santo. Miles y miles de hellineros y de visitantes de todas las edades, ataviados con la típica túnica negra y pañuelo rojo o negro al cuello, llenan desde las 15:00 horas El Rabal o la Calle Sol e inundan la ciudad con sus redobles de tambor hasta que concluye la Procesión de la Oración del Huerto. Dos momentos especialmente singulares enriquecen ese memorable día en Hellín: el momento en el que el paso de La Oración en el Huerto desfila por la escalinata del templo de Santa María de la (especialmente dificultoso, tanto por las enormes dimensiones del paso como por la considerable altura de las escaleras); y, antes de que arranque la Procesión, el instante en el que el Cristo de Medinacelli cruza El Rabal entre el redoblar de los miles de tambores.

Ya el Jueves Santo, da comienzo en torno a las 19:00 horas la Procesión del Silencio desde el Templo de los Padres Terciaros Capuchinos y concluyendo en el mismo lugar. Está presidida por Nuestra Señora del Dolor (obra de Fernández Andes y la única imagen que desfila bajo Palio).

Participan en el recorrido la Hermandad de la Santa Cena, la Real Cofradía de El Prendimiento, la Hermandad de la Negación de San Pedro, la Cofradía Cristo de la Coronación de Espinas, la Cofradía Ecce-Homo, la Archicofradía de Nuestro Padre , la Cofradía de Nuestro Padre Jesús de la Sentencia ante el indulto de Barrabás, y la Real Cofradía de Nuestra Señora de los Dolores, Nuestro Padre y Jesús del Gran Poder.

Cuando cae la medianoche, llega el momento de una nueva Tamborada, con miles y miles de tamborileros que, de nuevo, hacen redoblar sus tambores por el corazón de la ciudad hasta que se recoge la procesión del día siguiente. Durante esa noche, el repicar de tambores les acompaña en su camino hasta el Calvario durante el amanecer, escenario al que también va llegando la Procesión más numerosa de todas (con diecisiete Cofradías y Hermandades participantes).

Es cuando la conocida como ‘Dolorosa de Hellín’ (de la Cofradía Nuestra Señora de los Dolores) llega al Calvario, cuando se puede disfrutar del emocionante momento del Motete, que consiste en recitar cantando unas estrofas latinas que corresponden a una tradicional secuencia católica en la que se medita el sufrimiento de María durante la crucifixión de Cristo. Una tradición que se remonta al año 1800.

Contrastando con los sonidos que plagan esa noche y mañana, ya en la noche del Viernes Santo se vive la Procesión del con el más absoluto recogimiento. Imponente la Imagen del Cristo Yacente (de Benillure); y artísticamente también muy valiosa Nuestra Señora de la Soledad una virgen del siglo XVIII que se convirtió en la única Imagen de la Semana Santa hellinera que sobrevivió a la Guerra Civil).

Con las doce de la noche del Sábado de Gloria, comienza la Tamborada que no concluirá hasta que lo haga la Procesión del Domingo de Resurrección. Tras el acto del encuentro entre ‘La Dolorosa’ y ‘El Resucitado’ (instante marcado por el silencio de los tambores que han venido atronando durante toda la noche), discurre la Procesión más alegre de todas, con los costaleros bailando a los pasos que portan al ritmo de marchas que hablan de la Resurrección que, a esas horas, ya impregna cada rincón de la localidad.

Días, y noches, y sonidos únicos que, sin duda, convierten a Hellín en un lugar a visitar atraídos por la belleza de su Semana Santa y Tamboradas y por la implicación que en ellas tienen todos y cada uno de sus paisanos.