Nada más entrar en el Museo de la Cuchillería de Albacete, nos reciben sus piezas más antiguas: una primera introducción histórica a lo que es esta tradición y los elementos de corte a lo largo de la Historia. No sólo encontramos cuchillos y puñales, sino también navajas que incluso datan de los siglos I al III d.C. (ya muy parecidas a las que actualmente existen).

Planta baja: los orígenes de los elementos de corte

Junto a esa primera sala, hallamos una exposición temporal que, actualmente, corresponde a la colección de Javier Donde Catena. Se trata de un espacio equipado, en su día, por la empresa , en el que también encontramos cuchillos, puntillas, almaradas… de distintas épocas e ideadas para cumplir distintos cometidos (piezas que, en muchos casos, sólo pueden ser vistas en este Museo exclusivo del que disfruta Albacete).

Tras cada una de estas obras de arte se esconden miles de historias y multitud de curiosidades que hablan, en sí mismas, de la Historia de la humanidad y de su estrecha relación con esta tierra a lo largo del paso de los años.

De ahí pasamos a otra sala que se dedica, exclusivamente, a las tijeras. En esta ocasión, el espacio ha sido equipado al detalle por la . Se trata de una exposición minuciosa destinada a mostrarnos los pormenores de este otro tipo de utensilio de corte emblemático. En este punto es adecuado tener en cuenta que Albacete empezó a tomar un auge especial en el momento en el que empiezan a habitar la ciudad escribanos y notarios (siglos XVII y XVIII) que necesitaban de este tipo de herramientas para cortar el papel con el que desarrollaban sus actividades. Desde entonces hasta hoy, infinidad de modelos de tijeras con características adecuadas para multitud de actividades concretas con las que han ido dando respuesta a muchas otras de nuestras necesidades (dentro y fuera del ámbito doméstico).

Todo esto lo encontramos en la planta baja del Museo de la Cuchillería de Albacete, junto a una breve exposición de la denominada ‘cuchillería de cinto’, que nos evoca a los vendedores ambulantes que llevaban la mercancía encima y que, habitualmente, estaban en la estación de trenes, facilitando la compra de navajas y cuchillos a los múltiples viajeros que hacían el recorrido de al español.

Primera Planta: del afilador a las grandes colecciones

Nada más subir a la primera planta del Museo, el visitante se encuentra con una pequeña exposición de utensilios que servían para afilar, básicamente protagonizados por una piedra denominada esmeril usada para poder devolver la capacidad de corte a cualquiera de las herramientas ya aquejadas por el paso del tiempo y por los usos. Encontramos elementos típicos de varias zonas de España, reflejo de cómo los afiladores las llevaban rodando de pueblo en pueblo, provistos del característico e inconfundible sonido del chiflo que avisaba a todos de su presencia. Así recorrían la geografía española y europea (incluso se daba el caso de afiladores que se trasladaba a América y la recorrían afilando para luego regresar”.

Cerca de ahí, encontramos la sala que alberga la colección que vendió el Marqués de Valdeguerrero y que, posteriormente, se donó al Museo Municipal de la Cuchillería de Albacete. Estas auténticas joyas se muestran al público en vitrinas muy especiales que, haciendo girar una rueda, nos permiten ir viendo sucesivos conjuntos de piezas: esto responde a que cuando el Marqués de Valdeguerrero vende su colección, lo hace con la condición de que no se separe; por tanto, se ideó este tipo de mecanismo para que todas las piezas del Marqués de Valdeguerrero puedan tener cabida, unidas, en esta sala del Museo albaceteño.

Navajas francesas, inglesas, españolas… pero, sobre todo, llama la atención una pieza muy especial: se trata de una navaja dinamómetro, del siglo XVII, elaborada en Albacete y con la curiosidad de que cumplía varias funciones requeridas en la labor de los escribanos (se viene a decir de ella que es la primera multiusos, antes de las suizas): por la punta, permitía afilar las plumas; un muelle ubicado en una anilla del mango servía para pesar los pigmentos con los que los escribanos fabricaban sus propias tintas… una pieza única y, sin duda, significativa.

De ahí pasamos a la denominada sala de APRECU, donde se encuentran las piezas ganadoras que la dona al Museo todos los años con motivo del Concurso que celebran durante la Feria de la ciudad, en septiembre. En la muestra sólo hay una parte de las piezas; hay más en archivo y se van renovando continuamente.

Nos recibe, a la entrada, un despiece de la navaja clásica de Albacete. También vemos reproducciones de puñales y navajas del siglo XIX, también de una muy curiosa: la denominada navaja de secreto (que sólo podía abrir su dueño, al tener una combinación que sólo éste conocía). También contemplamos navajas de distintos artesanos que han participado en los concursos, muchas de ellas ricamente decoradas, con elementos de plata, labrados o incrustaciones que hacen de ellas auténticas maravillas.

Sótano: mezcla de espacios unidos por el oficio

Ya en la planta sótano del Museo son varios y diferenciados los espacios que encontramos. Por ejemplo, un lugar que sirve para ir rindiendo homenaje a distintos cuchilleros (de hecho, se denomina ‘El Rincón del Cuchillero’) donde se emplazan exposiciones temporales de las piezas del que va siendo elegido para ello, junto a su biografía.

Igualmente, podemos disfrutar de distinta documentación sobre los cuchilleros hasta llegar a un lugar muy especial en el que se ha recreado un taller representativo del oficio, con todos los elementos que existían en él (desde la fragua al banco de trabajo, el torno, la cizalla…).

De ahí pasamos al lugar en el que empiezan las visitas organizadas que, cada día, se ofrecen al público que se acerca al Museo de la Cuchillería de Albacete. Se trata de una pequeña sala en la que se disfruta de una estupenda proyección cinematográfica breve que va relatando la historia cuchillera de Albacete, en sus cinco siglos de recorrido.

Igualmente encontramos una especie de sala polivalente que se dedica a todo tipo de exposiciones que, de un modo u otro, están vinculadas al sector (como la actual, Artecisoria, sobre la interpretación que distintos artistas han hecho de un tratado sobre el arte de cortar escrito por , que vivió entre 1384 y 1434).

Finalmente, una última vitrina nos habla de la cuchillería española porque, aunque su ciudad por excelencia es Albacete, existen otras poblaciones dentro del territorio nacional que también trabajan este arte, que se muestra en este espacio.

En el corazón de Albacete les espera, pues, este Museo especial, que nos recuerda que la cuchillería nació casi con el hombre, que siempre la ha necesitado y la seguirá necesitando, adaptada a los tiempos y a las necesidades, con una fuerte vocación de, por tanto, seguir estrechamente ligada al devenir de esta tierra de artesanos de tan noble oficio.

Les invitamos de disfrutar, en imagen, de una visita general por el Museo de la Cuchillería de Albacete, de la mano del concejal Francisco Javier Díaz de Prado. Pueden hacerlos mediante el vídeo que acompaña a este texto.