Comienza el mes de septiembre, y lo que en la mayoría de ciudades significa la vuelta al trabajo, en Albacete es sinónimo de fiesta, de reuniones con amigos, de tardes de toros y de paseos interminables por el paseo y el recinto ferial. Los días previos al comienzo de la Feria, el día 7 con la Cabalgata que llevará a la Virgen Los Llanos al Recinto Ferial, ya se puede ir adivinando lo que acontecerá los diez días de su duración a la vista de las grandes colas para comprar entradas de los espectáculos de todo tipo que se ella tendrán lugar, el ajetreo en las asociaciones de vecinos y en las peñas que participaran en la Cabalgata, y el ir y venir de obreros montando las casetas y atracciones de la Feria.
Documentos de los siglos XV y XVI ya nos hablan de la Feria de Albacete y de la calle de su nombre, pero fue definitivamente el 6 de marzo de 1710 cuando Felipe V concede un Privilegio de Confirmación de la Feria albaceteña.
La construcción, en 1783, del actual recinto ferial (La Sartén), constituye el afianzamiento definitivo de una de las ferias más importantes de España.
“La Cerca” ha querido rescatar del tiempo los orígenes de una Feria que nació con carácter comercial, pues era una de las mejores ferias de ganado que se celebraban en España, hasta llegar a ser declarada de Interés Turístico Nacional gracias al amplio programa de festejos que se desarrolla durante los diez días en los que los albaceteños y albaceteñas más disfrutan de su ciudad.
Los tratadistas de nuestra Feria fijan erróneamente su origen en Los Llanos a finales del siglo XVII, así como en el XVIII su instalación por primera vez en el sitio que ocupa ahora. Rafael Mateos y Sotos, cronista que fue de nuestra provincia, descubrió estos errores en que incurrieron los tratadistas por el hallazgo fehaciente de que la Feria se celebraba ya, y en el mismo lugar que hoy, dos siglos antes, por lo menos, que en Los Llanos. Testimonios probatorios de este aserto son, el padrón de la moneda forera (tributo que se paga al Rey de siete en siete años) de 1572, en el que se dice a los que lo han de formar: “tomaréis por la calle de Santa Catalina a la Puerta de la Feria” (esta calle iba de la de los Baños hasta el Paseo de la Feria.
Era, pues, el final de la Feria. En cuanto a la palabra puerta debe tomarse en el mismo sentido que hoy cuando decimos la Puerta de Valencia o la de Murcia). Un acuerdo del Ayuntamiento de 28 de octubre de 1542, manda “que se pregone en esta Villa la Feria el día de San Andrés”. Y, finalmente, un documento del Archivo Municipal fechado el 9 de octubre de 1496, evidencia que la calle de la Feria existía con tal nombre casi tres siglos antes de la construcción del Edificio Ferial.
En conclusión: según las investigaciones del citado cronista, la Feria no tuvo su origen en Los Llanos sino en nuestra Villa en el siglo XV, o antes, cuando tenía lugar en Albacete una feria comercial y de ganado.
Declarada de Interés Turístico Nacional, la fiesta mayor por excelencia en Albacete es su Feria que se celebra, del 7 al 17 de septiembre, en honor a su patrona la Virgen de los Llanos. Muchos son los historiadores que aseguran que sin la Feria, la ciudad no habría conseguido esa progresiva importancia que acabaría dándole la capitalidad provincial.
El mercado tenía una duración de 10 días, que al principio empezaban el día de San Andrés (30 de noviembre) y más tarde el día de San Agustín (28 de agosto). Este evento se celebraba a lo largo de la hoy llamada Calle de la Feria, y el ganado se vendía en los ejidos de Santa Catalina.
Esta Feria, que empezó celebrándose en el propio casco de Albacete, se trasladaría en el siglo XVII al paraje de Los Llanos, donde se había iniciado el culto popular a la Patrona, y donde, posteriormente, en torno al año 1672, se fundaría un convento de Franciscanos, adosado a la ermita de la Virgen de Los Llanos. La antigua Feria de los días de San Andrés o de San Agustín, cambió nuevamente de fechas y empezó a celebrarse el día 8 de septiembre, como una actividad económica paralela a la romería de la Virgen.
El 6 de marzo de 1710, el monarca Felipe V concedía un privilegio de confirmación de la Feria, en el que se recuerda expresamente su origen de 1375, al decir que el derecho lo tenía Albacete “de los mismos que gozaba la ciudad de Chinchilla y sus vecinos”. A raíz de esta confirmación el Ayuntamiento quiso trasladar de nuevo la Feria al casco urbano, lo que provocó un largo pleito con los frailes del convento franciscano, que no querían perder los beneficios económicos que el mercado les reportaba.
Tras ganar el Ayuntamiento el pleito con los franciscanos para establecer de nuevo la Feria en la villa de Albacete, la Feria de Ganado se acerca de nuevo al núcleo urbano y, en 1783, se construyó el embrión del actual edificio del Recinto Ferial, conocido como La Sartén. Estableciéndose la Feria definitivamente en la población. Por estas fechas comienza el resurgir económico de Albacete, ligado al establecimiento definitivo de su Feria, verdadero centro de peregrinación comercial hacia la ciudad de gentes de todas las comarcas vecinas, e incluso procedentes de otras ciudades como Andalucía, Murcia, Valencia, etc.
Esta gran afluencia de feriantes de todas las provincias limítrofes, y aún de algunas bastante alejadas, constituye la base más progresiva de la historia de Albacete. Las cifras de concurrencia de algunos años, por ejemplo de 1831, en el que se traen de lugares lejanos 56.744 cabezas de ganado mayor para venderse en “La Cuerda”, colocan a la Feria de Albacete a la cabeza de todas las de España.
La influencia histórica de la Feria en el progreso de Albacete se manifiesta también en la inmigración que ha afluido a la ciudad de elementos humanos muy positivos. Muchos de los comerciantes e industriales que se establecieron en Albacete durante los siglos XVIII al XIX, lo hicieron primeramente como feriantes, que se establecerían después definitivamente considerando el gran futuro que veían en Albacete.
Durante los últimos siglos, la Feria ha estado destinada al aspecto comercial, pero desde hace un tiempo esto ha quedado relegado a un segundo lugar y ahora el núcleo principal de la Feria es la fiesta. La Feria se ha ido enriqueciendo, siendo en la actualidad más rica en ofertas y más participativa, de hecho, las cifras de visitantes que se acercan a Albacete en Feria, hablan por sí solas: la población en Albacete llega a aumentarse hasta en 500.000 personas en los diez días de Feria, llegando gentes de otras ciudades e incluso hasta de otros países para visitarla.
En los ejidos de la Feria, tiempo atrás, y durante los días que duraba el evento, se levantaba un campamento de comerciantes que exponían para su venta el ganado traído desde todos los puntos de España. El sitio donde se ubicaban estos comerciantes fuera del edificio ferial era, y es todavía hoy, conocido como “La Cuerda”.
“La Cuerda” era el importantísimo mercado de ganado caballar, mular y asnal, donde se hacían los tratos y se celebraban las ventas; donde los labradores se proveían de hermosas mulas, indispensables para las faenas agrícolas. “La Cuerda” era como la médula de la Feria.
Los carros tirados por las caballerías acudían en multitud a “La Cuerda” desde los cuatro puntos cardinales para dedicarse al “chalaneo”, que es el acabóse de la picaresca, o a la “chachipén” como dicen los gitanos. Eran muchas las personas de raza gitana que acudían al mercado de ganado para ofertar sus productos. Unos - payos- y otros -gitanos- llegaban sin otro bagaje que su gran tesoro de ingenio y fantasía, o a lo más con alguna bestia maulona con la que intentar hacer negocio con algún incauto.
En los días de Feria quedaba el campo desierto. Los labriegos con la mujer y los hijos venían a “La Cuerda”. Enganchaban el carro, se acomodaba en él la familia; atrás echaban un cajón con pollos y conejos, y en “La Cuerda” se pasaban unos días, teniendo el carro por casa y su alrededor por comedor y cocina.
Los presuntos compradores examinaban la dentadura del rucio, para saber la edad que tenía. Después de mucho estira y afloja se cerraría el trato. Se daría una cantidad en señal. Después vendría el “alboroque”, en la garita; bien con aguardiente, ya con la típica cuerva de vino refrescante de la tierra.
De la época de Carlos III data el edificio ferial, conocido como “La Sartén”, fue construido en el siglo XVIII –concretamente en 1783- con planos del arquitecto albacetense Josef Ximénez. Aunque ha sido reformado y ampliado a lo largo del tiempo, podemos decir que es el único en su género y tiene la suficiente entidad arquitectónica para ser considerado Monumento Nacional.
El 4 de agosto de 1783 el Consejo de la villa de Albacete acordaba iniciar la obra de este singular edificio a consecuencia de establecer definitivamente la Feria en la población y no en el paraje de Los Llanos.
El 7 de septiembre de ese mismo año se inauguraba el edificio, cuyo gran hallazgo fue el levantar una construcción plenamente funcional, con toda una serie de dependencias administrativas, judiciales y sobre todo comerciales que le dan una peculiar personalidad.
Cuando se inauguró el edificio de la Feria constaba solamente de los muros de la calle de entrada y el círculo interior, obra que fue realizada en el plazo de un mes bajo la dirección del maestro arquitecto Josef Ximénez, autor del plano.
El edificio, tal y como lo conocemos hoy, quedó totalmente terminado al siguiente año (1784), dirigiendo entonces los trabajos el arquitecto Antonio Cuesta.
El edificio ferial es un ejemplo de arquitectura manchega destinada a la actividad comercial. “La Sartén” está formada por anillos concéntricos que albergan muchos y muy variados puestos de productos albaceteños y de otros lugares, y que en el centro tiene un quiosco tradicionalmente utilizado para las bandas de música y que en la actualidad está destinado a albergar algún que otro establecimiento hostelero. A lo largo del mango de La Sartén hay dos edificios flanqueados por un espeso arbolado a modo de avenida, y todo el cinturón de la propia sartén está asimismo jalonado por espacios verdes.
En el interior del Recinto Ferial se encuentra la Plaza de la Virgen de Los Llanos, donde se pueden ver exposiciones de todo tipo, casetas de asociaciones, verbenas, espectáculos infantiles… A lo largo del paseo de la Feria, que nos conduce hasta el Recinto ferial, se instalan atracciones, tómbolas, bares, etc. que consiguen que el tránsito sea muy difícil por la gran cantidad de gente que viene a visitar la Feria.
Según José S. Serna (1907-1983), “uno de los motivos más típicos y pintorescos de la Feria albaceteña es su famosa ‘Cuerda’. Tradicional feria de ganados ésta que, todos los años, acampa en los adyacentes ejidos de Santa Catalina. Es ‘La Cuerda’, campesina, abigarrada, caótica, llena de sol y de sal. Porque hay una sal manchega, como hay una sal andaluza. Llámase a ésta ‘gracia’, y a aquélla ‘socarronería’. Alada la una, profunda –incluso sentenciosa- la otra. No olvidemos que un decir de Sancho tiene tanta ‘vis cómica’ como el mejor donaire andaluz”. (Párrafo extraído del ensayo –inédito- del mencionado Serna, premiado por el Colegio Notarial de Albacete. De la revista de Albacete y su Feria).
La mecanización del campo dio al traste con aquel mercado ferial de ganado y con ese ir y venir de caballerías que constituían el objetivo fundamental para el que se creo la Feria de Albacete.
Actualmente, en los ejidos de la Feria y en “La Cuerda”, también hay sitio para los puestos ambulantes, así como para los más jóvenes, que tienen allí un punto de encuentro con discotecas y actuaciones musicales de los grupos españoles más importantes del año.
Además, en la Caseta de los Jardinillos, junto al paseo de la Feria y el recinto Ferial, se llevan a cabo grandes conciertos y actividades lúdicas para todo tipo de público.
El Archivo Municipal de Albacete conserva una espléndida colección de carteles que son una verdadera joya de la historia de la Feria de Albacete.
Hay constancia de que durante el siglo XIX existieron carteles que anunciaban la Feria de Albacete, estos eran meros programa de los festejos feriales en los cuales solamente los elementos tipográficos y decorativos se representaban en el cartel, como lo muestra el cartel de 1901. Será a partir del año 1902 cuando empezaron a verse en los carteles imágenes reproducidas.
Los documentos que existen sobre las convocatorias de concurso por parte del Ayuntamiento, se han encontrado a partir del año 1912. El cartel elegido por la corporación tenía el espacio libre suficiente para que se pudiera colocar el escudo de la ciudad y el texto del programa ferial.
La tirada de los carteles era pequeña, debido al gran coste que suponía su adquisición. En los años posteriores a la guerra civil los carteles disminuyeron considerablemente de tamaño. Actualmente se trabaja con el tamaño de un metro por 70 cm.
La tradición popular más extendida cuenta que la imagen de la Virgen de Los Llanos la encontró un agricultor labrando en el paraje de Los Llanos, en época indeterminada. Según el Pensil del Ave María de Villalba Córcoles (1730), la leyenda se enriquece asegurando, fantásticamente, que la escultura fue realizada por San Lucas y traída por Santiago, quien la escondió en aquel lugar.
En 1624, la imagen de la Virgen de Los Llanos se encontraba en la parroquia de San Juan y ante ella el Ayuntamiento de la Villa de Albacete hizo el solemne voto y juramento de la defensa de la Inmaculada Concepción de María en un acto propio del momento barroco español del XVII. En el año 1627 se construía un nuevo santuario en el paraje de Los Llanos, ermita que en 1672 pasaba a ser la iglesia del convento de la Orden Descalza de San Francisco; sin embargo, la Villa de Albacete mantendría el patronazgo y el dominio sobre la imagen y sus pertenencias. En ésta época se trasladó la Feria desde Albacete a Los Llanos, por ser lugar de cruce de caminos, lo que produjo notables beneficios a la comunidad religiosa.
Durante el siglo XVIII continuaron las romerías entre Los Llanos y Albacete, trayéndose regularmente a la villa la imagen de su Patrona, tanto para las celebraciones comunes como por alguna especial necesidad. En 1836, tras la Desamortización y supresión del convento, el Ayuntamiento reclamó para sí la Virgen y la depositó en la Parroquia de San Juan, habilitándose después una hornacina en el desaparecido y barroco retablo mayor.
La historia más reciente de la Virgen de Los Llanos queda reducida al hecho de quedar entronizada, a partir de 1940, en la capilla del ábside del lado del evangelio de la parroquia de San Juan. Desde allí es trasladada, durante los días de Feria, a su capilla del recinto ferial, por donde miles de albaceteños pasan a visitarla.
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