Los pocos indicios firmes que se conocen en referencia a Albacete se refieren a un viejo castillo de la época califal. Anteriormente habría sido un pequeño núcleo musulmán llamado en árabe Al-Basit (la llanura), que dará nombre a la ciudad y del que no quedan más restos que una cierta cantidad de cerámica encontrada junto al actual edificio de la Diputación Provincial.

Para hablar de la historia de Albacete es necesario y obligatorio mencionar a la vecina localidad de Chinchilla, de la que aquella dependía en el siglo XIII. Durante este siglo existían unas humildes chozas de labradores al pie del Castillo de Chinchilla y en los alrededores. Ya en el siglo XIV y XV el aspecto urbano de Albacete alcanzó un notable desarrollo. A principios del siglo XIV, Al-Basit era aún una simple alquería que comenzó a resurgir en 1375 con el repoblamiento de la zona denominada Alto de la Villa, hoy Villacerrada, (totalmente allanada y sustituida por una nueva urbanización) donde se sabe que estuvo la antigua fortaleza de la población rodeada por una muralla por la calle de la Caba con salida por los llamados espolones. Es muy probable que la otra torre defensiva estuviera en el cerrillo de San Juan (zona de la Catedral) y una tercera zona, un poco más elevada, estaría en la zona llamada la Cuesta (actual Plaza de las Carretas). Estas tres torres cercaban el poblado con una muralla que era popularmente llamada “La Cerca” que, ¡por cierto, da nombre a esta revista!

El origen de la fabricación de las afamadas navajas de Albacete se atribuye a la cultura musulmana, pudiendo ser su primer foco Chinchilla, enclave importante en época islámica. Sin embargo, las primeras noticias se remontan al siglo XV y las pocas referencias conservadas del siglo XVI indican ya cierto desarrollo, puesto que de esta época son unas pinzas realizadas en 1573 por un maestro apellidado Torres y unas tijeras que pertenecieron a la colección Rico y Sinobas, siendo ambas los ejemplares más antiguos de los que se tiene constancia.

Conviene recordar algunas de las fechas importantes en el devenir de Albacete y su provincia. En 1375, don Alfonso de Aragón, marqués de Villena, concedía a la aldea de Albacete el título de Villa, independizándose de Chinchilla; decisión que motivo continuos enfrentamientos con esta villa. El villazgo traía consigo la existencia de un término y de un concejo con autoridades propias, así como la continuidad en Albacete de las ferias de Chinchilla. El 6 de marzo de 1710, el monarca Felipe V concedía un Privilegio de Confirmación de la Feria de Albacete, en el que se recuerda expresamente su origen de 1375, al decir que el derecho lo tenía Albacete “de los mismos que gozaba la ciudad de Chinchilla y sus vecinos”. El 4 de agosto de 1783 el Consejo de la villa de Albacete acordaba iniciar la obra del actual y emblemático Edificio Ferial, a fin de establecer definitivamente la Feria en la población y no en el paraje de Los Llanos donde venía celebrándose. El 7 de septiembre de ese año se inauguraba el edificio, cuyo gran hallazgo fue el levantar una construcción plenamente funcional, con toda una serie de dependencias administrativas, judiciales y sobre todo comerciales.

En los ejidos de la Feria, tiempo atrás, y durante los días que duraba el evento, se levantaba un campamento de comerciantes que exponían para su venta el ganado traído desde todos los puntos de España. El sitio donde se ubicaban estos comerciantes, sobre todo de ganado, fuera del edificio ferial era, y es todavía hoy, conocido como “La Cuerda”.

Declarada de Interés Turístico Nacional, la fiesta mayor por excelencia en Albacete es su Feria que se celebra, del 7 al 17 de septiembre, en honor a su patrona la Virgen de los Llanos. Muchos son los historiadores que aseguran que sin la Feria, la ciudad no habría conseguido esa progresiva importancia que acabaría dándole la capitalidad provincial.

Desde una perspectiva política y administrativa, el acontecimiento más importante del siglo XIX es la creación de la provincia de Albacete en el año 1833, estableciéndose la capital en esta villa, que contaría con Audiencia un año después. En 1835, se crea el primer Ayuntamiento completamente electivo y en el año 1862, por Decreto de Isabel II, Albacete lograría el rango de ciudad.

Ya en los años 60 y 70 del siglo XX, y con una notable especulación del suelo, se van a construir casi desordenadamente gran cantidad de edificios, las más de las veces de una manera impersonal, destruyéndose con todo ello obras, algunas de notable carácter artístico dentro de un electicismo postmodernista, lo que hace sentir en ocasiones, sobre todo a los más veteranos, un sentimiento de añoranza. Como dijo el famoso arquitecto e historiador ya desaparecido, Fernando Chueca Goitia (1911-2004), en Albacete se ha producido “no la transformación de una ciudad, sino la suplantación de una ciudad por otra que la ha desalojado y ha ocupado su sitio. La jubilación de una y la aparición de otra se ha producido en un corto espacio de tiempo…”

Actualmente, Albacete asiste a un crecimiento económico sin precedentes en España, pero siempre nos quedará una asignatura pendiente que ya nunca podremos aprobar: el no haber sabido proteger nuestro patrimonio arquitectónico o al menos cultural y de raíz. ¡Que sirva de lección para todos!