Mi humilde objetivo es aportar nuevas ideas vinculadas con la economía y con la sociedad, en un mundo en cambio permanente. Desde mi punto de vista, que lógicamente no tiene por qué coincidir con todos los lectores (esa falta de coincidencia es lo que enriquece, sin duda, los debates y lo que posibilita el progreso de la sociedad) pretendo desmenuzar, desarmar, desmontar y analizar las situaciones para que se vea donde nacen los problemas y hacia dónde van degenerándose y así poder entender mejor cual es su solución más racional desde mi modesto punto de vista. Quiero, por tanto, señalar retos y oportunidades, prevenir problemas y aportar posibles soluciones que los resuelvan, soluciones novedosas e imaginativas, pero también rigurosas desde un punto de vista científico. El propósito es crear, promover y difundir ideas basadas en una libertad política, intelectual y económica.

Comenzamos hoy este interesante viaje al que espero me acompañen a lo largo de los diferentes artículos de opinión que iremos elaborando.

Vivimos en un contexto continuo de crisis, con una auténtica falta de confianza en las instituciones políticas, con problemas de desempleo, con presiones de los mercados financieros, con elevadísimas primas de riesgo de las deudas soberanas,… Problemas, crisis, desencanto, desconfianza, desigualdad…

Pero, ¿estamos todos igual? ¿todos estamos viéndonos afectados de la misma forma? Rotundamente no. No todos los países nos encontramos en la misma situación, quizás porque no todos hemos hecho las cosas de la misma manera. Pero, dando un paso más, centrándonos en España, para que nadie pueda achacar las diferencias a un “efecto país”, tampoco estamos todos igual. ¿Cómo podemos encontrarnos, aun viviendo la misma realidad global, municipios con tasas de paro del 5,4% y otros cuyo desempleo asciende al 40%? No podemos permitirnos el lujo de echarle la culpa a los problemas de la globalización. En nuestro ámbito microeconómico todos tenemos nuestra cuota de responsabilidad porque las cosas se pueden hacer de maneras muy diferentes.

No todos hemos generado riqueza de la misma manera. Y no todos la hemos repartido de la forma más equitativa. Algunos apuestan por la educación pública, por la cooperación, por la internacionalización, por el apoyo activo de la , por la dinamización del empresariado. Otros, por políticas pasivas de empleo, por las subvenciones, por el estancamiento, por la falta de visión internacional, por un sistema económico basado en un único sector productivo, por no fomentar la cooperación, por…. tantas razones.

Por eso yo me resisto a aceptar cómo se están haciendo las cosas últimamente. No podemos centrarnos solamente en resolver los problemas a cortísimo plazo, que indudablemente hay que hacerlo. Pero no podemos hacer solamente eso, como es la impresión que tenemos muchos últimamente. Si cabe, es mucho más importante definir estrategias de futuro. Apagar el fuego, sí. Pero también construir. No voy a valorar si los mecanismos de apagado del fuego son lo que se debían de aplicar o no, pero si quiero centrarme en qué deberíamos de hacer si queremos construir un horizonte favorable para nosotros.

Hace ya unos años, un grupo de personas y entidades creyeron que la clave para nuestro desarrollo era solucionar la falta de infraestructuras de nuestra ciudad, se unieron para ello, trabajaron de forma conjunta y casi todo se consiguió: palacio de congresos, aeropuerto, ave, universidad, parque científico y tecnológico, etc. Y fue un periodo de crecimiento, hasta hace muy poco. La situación actual que estamos viviendo, con una crisis económica y, en gran medida, también social, parece indicar que, ahora, llega el momento de la participación activa de cada uno de nosotros, de la ciudadanía de Albacete, para una década que se prevé compleja, de crecimiento lento, de escasez de recursos y priorización de necesidades. Debemos pasar de un periodo de qué hace (ha hecho) Albacete por mí a, ahora, en esta década, qué voy a hacer yo por Albacete. Por eso las personas necesitamos responder a la pregunta de cómo necesito que sea la ciudad para poder operar económicamente en ella, a trabajar en ella y a vivir en ella.

A lo largo de diferentes artículos de opinión vamos a desmenuzar cuál es el papel que debe jugar la Administración Pública en este contexto, cómo desarrollar económicamente nuestra ciudad, qué urbanismo queremos, cómo deseamos que sea nuestro sistema educativo y cultural, si queremos, o no, que el deporte sea un elemento de integración social y cultural en nuestra ciudad, no digamos también de desarrollo económico, qué sistema de servicios sociales deberíamos tener, o al menos, mantener, o cómo queremos la participación social en esto que queremos llamar democracia participativa.

Albacete será, por tanto, capital… de lo que nosotros queramos ser.