Estimados lectores, he abierto esta mañana y me encuentro con una noticia realmente desagradable. De hecho, parece que en los últimos días no existen noticias positivas. Y no porque sean habituales deberíamos acostumbrarnos. Me niego en rotundo a ello. Porque si no, tendremos la sociedad y la clase política que nos merecemos.

La salud y el bienestar son los bienes más preciados de la persona. Son un derecho y una responsabilidad individual y colectiva. Los conceptos de salud y bienestar son dimensiones básicas de la vida cotidiana de la persona. Son conceptos multidimensionales, complejos y transversales a todas las políticas públicas.

Las políticas sociales deberían tener como objetivo promover la autonomía y desarrollo personal, ayudar a las personas a cuidar de sí mismas y a tomar decisiones para desempeñar un papel útil en la sociedad. Pero, también, deben ser facilitadoras-mediadoras para posibilitar que las personas más vulnerables, en situación de riesgo, puedan alcanzar una meta.

Bajo ese concepto, ¿una sociedad que se precie puede basar sus excesos en meterle la tijera a las políticas sociales? ¿Esos colectivos desfavorecidos son los que deben pagar nuestros pecados? No podemos revestir los recortes (perdón, austeridad se llama) que se están produciendo bajo falsas ideas de mejorar la eficiencia de los servicios públicos, porque eso no es así. Para mejorar los servicios públicos hay que hacer otras cosas, nos debemos exigir algo más, empezando por el sentido común, que, a veces, parece el menos común de los sentidos, si nos atenemos a las medidas y actuaciones que se vienen adoptando. Hay que hacer estudios de viabilidad, buscar alternativas de financiación, establecer unos mínimos indispensables, optimizar zonas, agrupar servicios, etc., gestiona, se llama gestionar. Pero no, no creo que se esté haciendo nada de eso. Con el objetivo de reducir el déficit se está tirando por la borda todo lo conseguido por nuestra sociedad hasta ahora. No podemos hablar de déficit ajustando solamente uno de los lados del presupuesto: el de los gastos. No podemos caer en la desesperación y esperar a que alguien nos resuelva los problemas, diciendo una y otra vez, esta no es mi tarea y bastante tengo con lo mío. No me cansaré de decirlo. Hay que valorar las posibilidades que existen de incrementar los ingresos. Y no veo ninguna medida encaminada a ello. Lo siento. De verdad que no agrada tener que decir estas palabras. ¡Me gustaría tanto estar equivocado!

Una prueba más de las barbaridades que se están cometiendo es la noticia a la que hago referencia al inicio de estas palabras. Ayer se puso punto y final al funcionamiento actual de los Centros de la , o Centros de Urgencias para mujeres víctimas de la violencia de género. Se dice que es intención del seguir con la prestación del servicio que actualmente se realiza, pero ¿cómo? ¿Cómo se puede afirmar que es prioridad del continuar trabajando por la igualdad de oportunidades entre mujeres y hombres y por la erradicación de la violencia de género si no se prorroga el actual convenio de colaboración con esos centros y directamente se eliminan muchos profesionales con años de experiencia en Centros de la , profesionales que han estado trabajando por la igualdad? Se trata de personas, de multitud de profesionales que se van al paro (con el agravante de que llevan muchos meses sin cobrar sus nóminas) y miles de mujeres que recibían su ayuda psicológica, jurídica, social y económica y que ahora quedan en un absoluto desamparo. ¿No tendríamos que tener un plan de actuación antes de tomar una decisión así, si de verdad nos creemos lo que decimos? ¿Nos justificamos en la coyuntura económica? Señoras y señores, la economía es otra cosa. Claro que no estamos bien económicamente hablando, es más, estamos en una situación tremendamente delicada. Pero hay formas muy diferentes de hacer las cosas.

Ahora qué procede. ¿cómo se van a mantener los servicios que se prestan? ¿vamos a privatizar el servicio? Ah, perdón de nuevo, se me olvidaba, es que así, con la privatización van a ser más eficientes. ¿Vamos a traer nuevas “asociaciones” o “empresas sin ánimo de lucro” que hagan algo de lo que ya hemos conseguido tener como sociedad? En fin, en breve lo veremos.