El otro día reflexionábamos sobre la necesidad de que la (local y autonómica) empiece a jugar un papel esencial para construir los pilares para salir de esta crisis que estamos viviendo, más allá de los problemas macroeconómicos y globales que tienen que resolverse en otros escenarios. Pero las preguntas claves son ¿qué tiene que hacer la administración para liderar el proceso de construcción de confianza, de construcción de las condiciones que pueden ser favorables para crear riqueza en nuestra economía local? ¿Debe jugar un papel pasivo, como en ocasiones parece que está haciendo, dejando al mercado que se regule sólo, o debe cambiar el enfoque e implicarse en el desarrollo de ese mercado? ¿La creación de confianza se base exclusivamente en la tan últimamente mencionada “austeridad” del gasto público (aunque como se está haciendo realmente deberíamos hablar de recortes, claramente, sin medias tintas)?

En mi opinión, en el nuevo modelo de desarrollo económico que requiere el estado español, toda la estructura económica debe desempeñar un papel distinto en una realidad económica diferente que la crisis ha puesto al descubierto. Desde esta perspectiva, el papel de la ciudad y como consecuencia de su Ayuntamiento tiene que aparecer con una perspectiva radicalmente distinta y claramente enmarcada en dos conceptos alejados hasta ahora de la perspectiva municipal: competitividad y mercado, en definitiva, promoción. ¿Eso se lo dejamos solo al sector privado? ¿Puede el sector privado, ahora mismo, por sí solo, tirar de la economía?

El turismo, los polígonos, la agricultura, la industria cultural, la energía, etc., son algunos de los campos en que diariamente las ciudades compiten. Éstas lo hacen de tal manera que el desarrollo económico deja de ser fruto del azar y se convierte en una actividad cuyo mayor o más acertado desarrollo pasa a depender de estrategias de diseño, promoción y comercialización. Estrategias que deben ser cuidadosamente estudiadas y planificadas y que inician a las entidades locales en una dinámica de forjar el desarrollo local desde la acción de los propios pobladores, haciéndose así dueños de su destino.

Por tanto, para definir bien el desarrollo económico de la ciudad hemos de tener en cuenta que éste es más que la suma de sus establecimientos y sus empresas, en él participan también los servicios prestados por los agentes públicos, la actitud de los gobernantes, de los residentes, los equipamientos e infraestructuras, el medio ambiente, etc., en definitiva un ente, también económico, denominado Albacete en cuya mano está darse por enterado de una realidad a la que no puede renunciar, no sólo por lo que representa desde el punto de vista económico, sino desde algo menos material pero no menos importante: la imagen de marca que queremos proyectar al exterior.

En los momentos actuales, no existen órganos privados que realicen dicha promoción o se hace de forma ineficiente. La labor de promoción económica se realiza de forma individualizada por diferentes organismos e instituciones, algunas de ellas dependientes del Ayuntamiento, pero sin que exista una adecuada coordinación de las actuaciones que realizan cada una de ellas. Tenemos organismos, vinculados de una forma u otra a la Administración Pública, algunos también a la Local, como son el e Innovación, el Parque científico y tecnológico, la Oficina de promoción económica, la Concejalía de Empleo, Industria, Tecnología y Comercio, la propia Universidad, también otros privados (ADECA, FEDA, ,…), que de una forma u otra tienen entre sus objetivos el fomento de nuevas líneas de actividad y de negocio para empresas existentes y el fomento de proyectos emprendedores. Pero, ¿existe realmente una coordinación entre ellos? ¿Existe un plan de actuación negociado entre todos para que realmente Albacete progrese, para que Castilla La Mancha progrese? La respuesta a esas preguntas es negativa. En muchas ocasiones parece que cada uno actúa sin tener en cuenta a los otros, incluso pisándose, y hasta con actuaciones contraproducentes unas con otras. Y eso es necesario cambiarlo, es urgente, puesto que necesitamos racionalizar los fondos que la sociedad pone en manos de su Administración.

Desde mi forma de pensar, la Administración debe coordinar y conocer todo lo que se está haciendo, estableciendo un plan de actuación conjunto para definir objetivos estratégicos y delimitar actuaciones para conseguirlo. Es necesario crear una imagen de marca de Albacete que nos permita atraer inversiones en la que todos los agentes sociales participen en la creación de esa imagen. En mi opinión, la definición de esta imagen debe ser liderada por el ámbito municipal con la participación de los diferentes agentes privados.

Hemos de plantearnos la salida de la crisis como una oportunidad en la que debemos participar desde estrategias que nos permitan la evolución hacia otra manera de gobernabilidad, donde se reconozca que, junto al papel de la actividad privada en la economía, los organismos públicos pueden y deben participar activamente en la creación de empleo y en el desarrollo económico. Pero para ello debemos exigir mayor profesionalidad en la gestión pública (gestionar la administración no sólo es política, estamos muy equivocados si seguimos manteniendo esos planteamientos). Deben dejarse atrás la pasiva política de la subvención y la mera actuación administrativa y legisladora para suplir la iniciativa privada en aquellos sectores estratégicos de la economía local en que la situación de crisis impida su desarrollo y como consecuencia la creación de riqueza y empleo o dinamizar aquellos que puedan aportar riqueza e imagen a nuestra ciudad.

En este sentido, desde el ámbito municipal, se debería incentivar y liderar las actividades vinculadas con el desarrollo económico de la ciudad. Eso daría una idea de integración de todos los agentes sociales y económicos del municipio en un único plan de acción común. Eso es crear confianza.

El plan de actuación requiere una participación pública-privada, tanto en la elaboración de los planes de actuación como en la financiación de las actuaciones a emprender.

Las funciones operativas que entendemos se deberían desarrollar desde el ámbito de la Administración municipal albaceteña podrían ser las siguientes:

  • Aglutinar a las organizaciones empresariales y sindicales para la elaboración y diseño de estrategias de ciudad en el campo de la economía y el empleo.
  • Coordinar mesas sectoriales que elaboren estrategias sectoriales para sectores estratégicos consolidados.
  • Dinamizar mesas sectoriales emergentes para sectores considerados estratégicos pero con una baja capacidad para competir fuera.
  • Dinamizar la proyección económica de la provincia y los sectores estratégicos provinciales, desarrollando programas específicos para captación de inversores externos.
  • Dinamizar nuestra proyección como la ciudad más poblada de la región castellano manchega, además de nuestra excelente localización en el territorio nacional.
  • Participar en programas y proyectos nacionales y europeos, en el campo de la economía, que puedan ser de interés.
  • Asesorar, informar y buscar potenciales empresas e inversionistas interesados en Albacete.
  • Planificar y diseñar estrategias de apoyo a la promoción económica de la ciudad de Albacete, por ejemplo elaboraría el programa “EMBAJADORES” que consistiría en el apoyo técnico a la candidatura de nuestra ciudad a ser sede de congresos propiciados por cualquier asociación o sector de actividad.
  • Participar activamente en el desarrollo de sectores estratégicos para la economía local, por ejemplo participando accionarialmente (en minoría) en empresas de comercialización turísticas, agroalimentarias, industrias culturales u otras cuya comercialización exterior fuese preciso dinamizar por ausencia de iniciativa privada.
  • Impulsar la creación de sectores emergentes de interés estratégico.
  • Potenciar la creación de organismos de gestión mixta de nuestras zonas industriales, homogeneizando la gestión de todas las zonas industriales del municipio, consolidando así el tejido empresarial y el desarrollo de iniciativas empresariales, posibilitando el intercambio de experiencias y del know-how existente. En este sentido, se debería aprovechar la fantástica experiencia de gestión que tiene ADECA para poder lograrlo.

Yo creo que aglutinando esfuerzos, liderando iniciativas, se crea confianza. Solo con recortes no vamos a conseguir salir de la crisis. Creo que estamos lanzando nuestras estrategias a un único objetivo. Seguro que la administración pública hay que gestionarla mejor, seguro que tiene que ser más eficiente, quizás haya que dejar de prestar algunos servicios o hacerlo de otra forma. Pero eso no es suficiente, eso no crea riqueza. Cuanto más tarde nos demos cuenta de eso, más problemas tendremos para superar esta situación.