Estimados lectores, hemos llegado a una situación de temor generalizado y nos movemos en un contexto económico tan excepcional, que la decisión de nuestro Gobierno de aprobar una amnistía fiscal puede parecer razonable. Sin embargo, tal decisión no está exenta de polémica. Que la situación es excepcional nadie lo pone en duda. Que la forma de conseguir ingresos sea una amnistía fiscal, no lo parece tanto.

¿Les suena la doctrina del shock? Parece que generar impactos vinculados a desastres o perturbaciones negativas posibilita que, ante la conmoción y confusión generadas, se puedan hacer reformas y tomar decisiones impopulares y, a veces, incomprensibles. Decisiones que, en otro contexto, sería impensable se pudiesen adoptar por el enfrentamiento social que generarían. El miedo posibilita tomar decisiones drásticas que, sin esa sensación de miedo, sería imposible defenderlas. Parece que, últimamente, en nuestro país, estamos jugando a eso.

En este contexto, volviendo a esa amnistía fiscal aprobada recientemente por nuestro Gobierno, por una parte, tenemos a defensores de la misma, como defiende nuestro Ministro de Hacienda, , el Gobierno no ha aprobado una amnistía fiscal, sino una regularización de rentas y activos. Una “figura” que, en opinión de los defensores, es “bien distinta”. Según este planteamiento, este perdón fiscal es una medida excepcional para un tiempo excepcional , además de que es mejor que subir impuestos a las personas que menos renta tienen.

Para otros, por el contrario, sí que hay una verdadera amnistía, que es una burla a quienes han cumplido con sus obligaciones fiscales, es un fracaso de la labor de inspección y una decisión éticamente más que reprobable. A los que cumplimos con nuestras obligaciones tributarias se nos queda cara de “tonto” cuando vemos medidas de este tipo, por muy excepcional que sea la situación. Sobre todo si a eso le sumamos la reforma del I.R.P.F. que se llevó a cabo hace poquitos meses, donde las rentas medias del trabajo son las que asumen el mayor coste de la reforma tributaria.

La principal y única razón que justifican los partidarios de esta amnistía es la urgente necesidad de obtener recursos sin aumentar más los impuestos. Parte de esos ingresos vendrán por ese 10% que tendrán que pagar los que blanqueen su dinero negro. En mi modesta opinión, en primer lugar, yo creo que los impuestos se van a volver a aumentar y, en segundo lugar, creo que hay otras medidas para aflorar el dinero negro y de recaudar, por tanto, lo que le corresponde, sin necesidad de reírse de los que cumplen con sus impuestos. ¿Por qué no se persigue al defraudador más que premiarle por el simple hecho de conseguir dinero? ¿De verdad que no se puede conseguir dinero haciéndoles pagar lo que les corresponde por sus rentas y bienes obtenidos?

¿Estamos en una situación excepcional? Tomemos de verdad decisiones excepcionales que hagan que aquellos que han manejado dinero negro tributen realmente por él.

Por ejemplo, ¿queremos aflorar el dinero negro?, ¿queremos conseguir ingresos con ello? ¿Por qué no abrimos las cajas de seguridad de los bancos y cajas? ¿Ustedes creen que nos sorprenderemos con lo que nos encontramos dentro?

La crisis, sobre todo los meses anteriores a la misma, ha provocado un fuerte boom en el uso de las cajas de seguridad de los bancos. El contrato de las cajas de seguridad que alquilan bancos y cajas se basa en la confidencialidad de su contenido: el cliente paga un canon anual a cambio de guardar bajo una única llave todo el contenido que desee sin declararlo. Su contenido está resguardo bajo estrictas normas de confidencialidad y un reglamento riguroso en cuanto a su manipulación.

Claro que habrá clientes que usen las cajas de seguridad para asegurarse que joyas, documentos, recuerdos, etc., estén seguros y evitar así el peligro de mantenerlos en las propias casas. Pero, ¿no creen que habrá también mucho, pero que mucho dinero? ¿O creen que sólo habrán recuerdos y pequeñas joyas heredadas? Además, ¿para qué ese dinero dentro de las cajas de seguridad? O a lo mejor es que, quizás las cajas de seguridad remuneren el depósito a un interés ventajoso y por eso habrá muchos billetes de 500 € apilados dentro. Estimados amigos, saben ustedes que la decisión de meter ese dinero en las cajas de seguridad es para garantizar remuneraciones a un interés mínimo del 6%, no sean mal pensados.

Vamos a ver. Un poco de seriedad. Si la situación es excepcional, tomemos medidas excepcionales. Si ahora no es posible, hagamos una legislación que permita, temporalmente, por supuesto, como todas las decisiones que se toman últimamente en este país, en un primer momento el bloqueo temporal de las cajas de seguridad para, posteriormente, proceder a su apertura por parte de la , controlada y vigilada por el propietario de dichas cajas de seguridad. Éste deberá justificar el origen de los bienes y del dinero que hay dentro. Sería fácil comprobar si ese contenido es acorde con las rentas declaradas por esos usuarios o, en su caso, por las donaciones o herencias recibidas y declaradas, por supuesto.

A mí no me importaría hacerlo, si las tuviese. El proceso es fácil. El propietario del contenido de la caja de seguridad deberán justificar, a través del impuesto sobre la renta o sobre las ganancias o del impuesto sobre sucesiones, el origen de ese contenido. A partir de ello, la inspección tributaria deberá decidir si procede a inspeccionar el patrimonio y los ingresos de ese propietario o si no es necesario. Con eso afloraría una parte del dinero negro de este país y pagaría lo que realmente le corresponde, no un 10% y borrón y cuenta nueva.

No creo que la inmensa mayoría de la población tenga ningún problema porque se lleve a cabo esta medida excepcional en una situación excepcional. ¿ustedes creen que eso atenta contra la privacidad de alguien? Pudiera ser, no lo sé, pero, ¿es mejor que todos asumamos el coste de mantener esa privacidad a costa de favorecer a los defraudadores? No deberán pagar el 10%, sino lo que fiscalmente les corresponda por ello. Todo ello, obviamente, al margen del hecho delictivo que pudiese estar detrás de la acumulación del dinero o de los bienes resguardados en la confidencialidad de esas cajas de seguridad.

Otra situación que nuestros gobernantes deben resolver urgentemente es el asunto referente a los conocidos como “paraísos fiscales”. Un paraíso fiscal es un territorio o Estado que se caracteriza por aplicar un régimen tributario especialmente favorable a los ciudadanos y empresas no residentes, que se domicilien a efectos legales en el mismo. Típicamente estas ventajas consisten en una exención total o una reducción muy significativa en el pago de los principales impuestos. En la práctica, se trata de una situación en la que las grandes riquezas no pagan lo que les corresponde realmente. Y resultado de ello nos encontramos muchos ejemplos que duelen enormemente cuando vemos la cantidad de recortes que está sufriendo el ciudadano de a pie, como pueden ser, por mencionar alguno, Islas Caimán, que con 350.000 habitantes manejan el doble del PIB de España, o Liechtenstein, que tiene más de 80.000 empresas de ámbito internacional operando.

Son muchos los estados y, por tanto, sus ciudadanos, los que están perdiendo ingentes cantidades de dinero como consecuencia de que compañías multinacionales escondan sus beneficios en los “paraísos” del dinero negro.

Para concluir, unas preguntas, ¿de verdad todos somos iguales ante la Ley?¿por qué no se ha iniciado una verdadera batalla contra los delincuentes que se dedican a enriquecerse a costa del trabajo de los demás y viven del latrocinio al Estado, que es tanto como decir a nosotros mismos? ¿por qué debemos ser siempre los ciudadanos que cumplimos impositivamente, y sólo nosotros, quienes paremos esta crisis?