Agosto de dos mil doce. La situación que estamos viviendo todos los ciudadanos está llegando a una situación límite que no se ve reflejada por cómo ésta se está viendo afrontada por parte de nuestros dirigentes políticos. Hartazgo que va más allá de que estemos o no de acuerdo con las medidas concretas que se están abordando, tanto actualmente como en el anterior mandato del partido socialista. O de los diferentes partidos nacionalistas gobernantes en diversas Comunidades Autónomas. En mi caso concreto, si ustedes han leído algunas de mis opiniones saben que no las comparto, ni las unas ni las otras.

Pero, déjenme que no haga referencia a dichas medidas, sino a cómo se están comportando algunos de nuestros dirigentes. No existe ninguna pedagogía política que, en ocasiones, se agrava por la falta de formación y conocimiento puesta de manifiesto por muchos de ellos. Y ello lo podemos ver en las explicaciones de nuestros ministros/as a la hora de defender las medidas que se abordan, o de nuestros/as presidentes autonómicos, o de nuestros/as diputados/a o de nuestros alcaldes o alcaldesas, etc.…

Parece que, con las actuaciones de muchos de ellos, la política se aleja cada vez más de los ciudadanos que la sostienen. Y eso es muy peligroso. ¿Tenemos que hacer referencia al desencanto de los ciudadanos respecto a nuestros políticos? ¿Necesitamos datos para corroborar el hartazgo que tenemos?

Aunque, aún sin datos, creo que todos somos conscientes de la situación política que vivimos, aquí tienen ustedes datos del barómetro de julio llevado a cabo por el :

  • El 68% de los ciudadanos consideran que las situación política en España es mala o muy mala.
  • Casi el 40% consideran que es peor que hace un año. Y casi el 50% igual. Las expectativas que tenemos no mejoran; el 72% consideramos que, dentro de un año será igual o peor que ahora.
  • La clase política ocupa el tercer lugar, después del paro y de la economía, en el ranking de los problemas que actualmente hay en España.
  • La gran mayoría de los ciudadanos no conoce a nuestros líderes políticos, cuando se les pregunta sobre ellos. Y los que los conocen, la valoración que hacen de ellos es pésima, por ejemplo, le otorgan un 3,8 a , o un 3,3 a , o un 3,7 a , o una 4,4 a . Recuerden ustedes que todo ello en una valoración de 0 a 10, donde 0 significa que lo valoran muy mal y 10 que lo valoran muy bien. Les aseguro que, todos ellos, en el ámbito de los criterios de calificación académica estarían suspensos o muy suspensos.
  • El 56% de los ciudadanos consideran que la actuación del gobierno está siendo mala o muy mala. El 57% consideran que la actuación del PSOE en la oposición está siendo mala o muy mala. ¿No se salva ninguno de nuestros dos principales partidos políticos? No vamos bien.
  • En cuanto a nuestros Ministros, salvo a , , , y , más de la mitad de nuestros ciudadanos no los conoce. ¿Problema de salud democrática no conocer a quién nos gobierna? Pero, ¿a quién estamos votando?
  • Todos nuestros Ministros son suspendidos por los ciudadanos, ninguno supera el 4 sobre 10.
  • Si tuviésemos elecciones hoy, el 47 % de los ciudadanos no votaría a ningún partido político. Entonces, quién ganase, ¿qué representatividad tendría? ¿hablamos entonces de legitimación?

Una de las acepciones de la definición de política, que proviene de la palabra griega polis, cuyo significado hacía alusión a las ciudades griegas que formaban los estados donde el gobierno era parcialmente democrático, según el diccionario de la es la actividad de quienes rigen o aspiran a regir los asuntos públicos. Dicho de una persona, es la que interviene en las cosas del gobierno y negocios del Estado. Se trata, en definitiva, de una actividad orientada, en forma ideológica, a la toma de decisiones de un grupo para alcanzar ciertos objetivos que nos afectan a todos los ciudadanos y que, en un sistema democrático, le hemos dado legitimación para que puedan hacerlo.

En mi modesta opinión, esa legitimación necesita pedagogía política para que los ciudadanos se impliquen más en la gestión de su propio destino. Si otorgamos a unos pocos la posibilidad de que nos gobiernen, debemos exigirle responsabilidades, debemos exigirles que expliquen las decisiones que se están tomando, debemos exigirles profesionalidad y, obviamente, debemos exigirles que dejen de decir barbaridades. Los partidos políticos, cuando acometen determinados proyectos, independientemente de la ideología que sustente el proyecto en sí, deberían explicar a todos los ciudadanos que los legitiman, de manera pedagógica, el contenido y los beneficios del proyecto o ley que se aprueba en el Congreso. Pero deberían explicarlo de una forma correcta, no solo en las formas, sino también en el fondo. ¡Ya basta de eufemismos y de retóricas absurdas para dirigirse a los ciudadanos!

Por favor, a ver si le vamos a tener que dar la razón al Sr. Marx, , claro, que decía que la política era el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados.

Déjenme que les ponga unos ejemplos que ahondan en esa falta de pedagogía. Recientemente, una de nuestras Ministras explicaba la situación de las familias españolas para poder acceder a la ayuda de acuerdo al conocido como “Plan Prepara”. Puso como ejemplo una familia que ingresaba 8.000 € al mes. Y yo me pregunto, ¿cuántas familias españolas, de esas que votan a los gobiernos, tienen esos ingresos? ¿es necesario exagerar las cifras? Solamente hace falta unos ingresos, de esa misma familia, de 1.928 € para que un miembro de la misma no tenga derecho a la ayuda. ¿De verdad que es necesario hacer esas pésimas explicaciones? ¿ustedes se sienten identificados con esa familia “tipo”, de 8.000 euros al mes? Si las decisiones las explicamos tan mal, no es de extrañar los resultados del barómetro del CIS.

Otro ejemplo. Hace unos días, un diputado hizo unas declaraciones sobre sus problemas económicos vinculados al sueldo “público” que cobra. No voy a valorar yo si las pasa canutas o no con unos ingresos netos de más de 5.000 euros al mes. Él sabrá. Pero, ¿es ético, con lo que está viviendo la mayoría de ciudadanos de este país, que un representante político haga este tipo de valoraciones cobrando un importante sueldo, buenos mejor varios, público?. ¿Así pretenden que entendamos que están en la misma realidad que todos los demás? Por cierto, realidad de todos esos que los votamos. Además, de todas formas, siempre le queda largarse de esa vida política e irse a la empresa privada que le pagará más y que deje hueco a gente preparada que, seguro, se dejará la piel por mejorar este país.

Y eso no es un caso aislado. ¿Recuerdan que había una presidenta autonómica que también decía que no llegaba a fin de mes?. Que no llegará, si yo no digo que no, pero que, por favor, se abstengan de hacer esos comentarios ridículos en una sociedad que está soportando lo que está soportando.

No podemos permitirnos esa desconexión entre el discurso político y la realidad de la mayoría de los ciudadanos, puesto que eso contribuye a agravar el alejamiento de unos respecto a otros. Y eso, aún siendo grave en sí mismo, es aún mayor si ese alejamiento no solo está en los errores que comenten al hablar, sino también en las decisiones que están tomando. ¿nos hemos de conformar con que pidan perdón por los errores en sus “desafortunadas” declaraciones? ¿solamente son errores en las declaraciones o también en sus actuaciones?

Reflexionen sobre qué exigencias habría que hacer a aquellos que dirigen o influyen en nuestro futuro. Además, dado lo visto, ¿tenemos demasiados políticos? o ¿nuestros dirigentes no están preparados para ejercer política? O, tal vez, las dos cosas.