Hagamos memoria mirando treinta años atrás. En solo una generación, este país nuestro, ha avanzado en derechos civiles, sociales y en infraestructuras más que nunca en la historia. Hemos construido alrededor de nosotros un Estado del Bienestar a la imagen de los más avanzados del mundo. Pero, algunos han hecho cuentas, y para sus arcas individuales, este Estado no les resulta rentable. Em mi opinión, es la mejor inversión que se podría haber hecho, y no deberíamos renunciar a mantenerlo, introduciendo las mejoras que haya que introducir para que el resultado sea más eficiente, pero para que no se dé ni un solo paso atrás en los derechos sociales y de participación, que los ciudadanos han conseguido con el esfuerzo de todos.

La excesiva liberalización de los mercados ha mostrado, de nuevo, su incapacidad de autorregularse, con unos dirigentes internacionales con una más que cuestionable capacidad de liderazgo, unos dirigentes empresariales que exigen cosas diferentes para ellos que para otros, un movimiento obrero que está perdido y un movimiento universitario inexistente. La impotencia económica, política y cultural no es consecuencia de la crisis, es su causa general.

En este contexto, para defender nuestro estado de vida, es imprescindible garantizar una participación por parte de los ciudadanos en distintos ámbitos de la sociedad civil. Y esa es responsabilidad de todos nosotros. Debe convertirse en una herramienta que puede evitar que la existencia de unos grupos más poderosos, por tener más recursos materiales, tengan más influencia política y económica real que otros, los económicamente más débiles, para que el valor de sus libertades políticas, sean iguales, más allá de lo meramente formal. ¿Esto se está consiguiendo? ¿Se está haciendo algo? Parece que nuestra sociedad está reaccionando levemente, cada vez hay más tensión, cada vez más protestas, cada vez más problemas sociales. Pero seguimos aletargados, esperando que alguien solucione nuestros problemas, que alguien mantenga nuestros derechos. Ahora se levantan algunas voces, levemente. Les toca gestionarlas a los dirigentes actuales, al partido en el poder, pero bien se les podía haber planteado a nuestros anteriores dirigentes, que gestionaron tremendamente mal la situación que nos ha llevado al caos y a la inseguridad en la que estamos viviendo. Y no estoy hablando de tomar las calles, hablo de exigir comportamientos éticos y racionales a nuestros dirigentes.

Con esta duda que algunos ponen encima de la mesa sobre el problema de mantenimiento del estado del bienestar estamos minando la educación, la sanidad, los servicios sociales, los derechos de los trabajadores, la cultura y el deporte, la innovación… ¡Tantos objetivos alcanzados se ponen en duda ahora! A veces parece que se toman decisiones solo desde un punto de vista matemático, no económico. Pero, no nos equivoquemos, hacer economía no es recortar para que cuadren unos números, es gestionar recursos, escasos si, pero gestionables. No nos enteramos de nada. No somos conscientes de las consecuencias de la dichosa austeridad. Lo que hemos conseguido en muchos años lo vamos a echar por tierra en unos pocos. Nos arrepentiremos. Quizás tarde, pero nos arrepentiremos.

Por qué ponemos en cuestión el mantenimiento de aspectos esenciales, o mejor, los eliminamos por problemas económicos, pero no resolvemos los problemas de verdad, por qué todo lo fundamentamos en facilitar , movimiento no siempre basado en una economía real, por qué están mejor tratadas las rentas de capital que las conseguidas por el trabajo, por qué no luchamos por eliminar la economía sumergida, por qué no hablamos de los paraísos fiscales, por qué no abordamos la realidad de la imposición efectiva de las grandes empresas, por qué mantenemos instituciones que no sirven para nada, por qué no se resuelve el problema de la corrupción política, que si genera ineficiencias y no tanto echarle la culpa a los funcionarios, por qué no se aborda el problema energético y del medio ambiente, por qué en Europa no se establecen políticas comunitarias de verdad, por qué se mantienen los privilegios económicos y sociales para aquellos que han sido los responsables de la crisis que estamos sufriendo, o mejor por qué seguimos financiándolos con dinero público, demasiados “por qués”, ¿verdad? Y muchos más que podríamos poner encima de la mesa.

Quizás respondiendo a estas preguntas encontremos soluciones para mantener nuestro estado de bienestar y no sólo aplicando la tijera y recortando derechos.