Después de tantos años es necesario tomarse un momento para mirar al pasado y coger perspectiva. Para recordar de dónde venimos y para no olvidar hacía dónde vamos.

En 2017 hemos recordado la terrible historia de . Ana fue una mujer que tuvo el coraje de hablar de su maltrato en un programa de televisión, el 4 de diciembre de 1997. Cuando el maltrato y el asesinato por “celos” en este país seguía siendo el “tétrico titular” de la sección de sucesos de todos los periódicos en los que se destacaban los “hombres superenamorados” que no se sabía por qué asesinaban a su mujer, pero que “algo habría hecho ella”.

Su historia nos espantó, porque le puso nombre a todos esos maltratos que las mujeres llevábamos sufriendo durante décadas, durante siglos. Dio visibilidad al terror y al miedo, al dolor, a las palizas, en definitiva ese mundo del que no se hablaba porque eran “cosas del matrimonio”, “cosas de la intimidad”.

El maltratador se quedó al descubierto y cumplió los peores temores de Ana Orantes, que manifestó en aquella entrevista: “ay doña Celia, hoy me mata, hoy es el último día de mi vida”. La quemó viva después de haberle propinado una gran paliza.

Esto sacudió la conciencia de todo un país. A las mujeres nos empoderó su valentía, su serenidad, su firmeza y entendimos que “lo personal es político” en cuestión de violencia de género, y que había que remangarse y empezar a actuar. Y en ese momento, muchas asociaciones de mujeres se empezaron a replantear su papel en la sociedad.

Su vida y su muerte fue un antes y un después en nuestras vidas. Hizo que nos cuestionásemos lo que estaba sucediendo a nuestro alrededor y comenzamos a concentrarnos en la Plaza de Zocodover todos los martes contra la violencia de género.

Pusimos, además, en funcionamiento un teléfono de Ayuda a la Mujer con un Servicio de 24 horas al día; la realidad se hace evidente cuando casi un 80 por ciento de las llamadas eran de mujeres víctimas de violencia. Creamos un Programa de atención y acompañamiento a mujeres víctimas de violencia de género cuyo proyecto presentamos a la .

20 años después se han creado leyes y las mujeres hemos ido uniendo nuestras voluntades y nuestras voces, y cada vez somos más y gritamos más fuerte, gritamos como una sola conciencia. Una conciencia que recorre la Tierra y nos empuja como un aullido interminable. Sabemos que nunca nos lo ponen fácil, pero no nos rendimos. Seguiremos peleando y luchando sobre los caminos que otras mujeres han ido abriendo y que nosotras continuaremos.

Desde el principio todo este movimiento de la Asociación estuvo liderado por “Pizqui” junto con y Sagrario García Gamonal y muchas mujeres que de forma anónima participaban en la misma.

Y así fue como la ” se hizo mayor, mayor en sus metas y en la trascendencia de su implicación en la sociedad. Se levantó para conocer, para aprender y para tender la mano a todas aquellas mujeres que sufrían y sufren maltrato. En ese camino llevamos 18 años con la voluntad infinita de aprender cada día para superarnos y sensibilizar a la sociedad en el respeto y la convivencia.

Aprendimos a pensar en plural y a crecer en lo individual. Entender el miedo, el dolor, la soledad, el sufrimiento y la veracidad de la palabra de las mujeres, porque nuestra palabra es cuestionada permanentemente por un patriarcado que cada día se va quedando más vacío de argumentos y se va llenando de más sinrazón.

Juntas hemos ido creando un espacio donde poder hablar sin miedo, donde las lágrimas pueden dar lugar a la risa y donde la risa da lugar a la esperanza. Un espacio donde la luz acaba con la oscuridad y la palabra con el silencio. Un espacio feminista de empoderamiento, de aprendizaje y de lucha.

Sabemos que este camino es largo, pero la meta de la igualdad merece que nuestros pasos y nuestra voluntad sean firmes para alcanzar un futuro mejor.

Mar Molina García - Alcañiz

Secretaría de la Asociación de Mujeres

“María de Padilla” de