No pudo ser más desacertado el eslogan de la campaña del PP. Ya entonces, en el mes de diciembre, chocaba que el partido adalid de la seriedad y de la responsabilidad, según sus dirigentes, y tras cuatro años de gobierno con mayoría absoluta, empleada de manera arrolladora, decidiese destacar la seriedad que España precisa. Los ciudadanos de a pie entendíamos que eso era algo que se da por sentado e invitaba a pensar que quizá hasta ahora el partido de no había aplicado esa seriedad a su desempeño del poder, y a partir de entonces pensaba hacerlo.

Los hechos están dando la razón a esta segunda hipótesis al comprobar semana tras semana la gran irresponsabilidad que demuestra el presidente en funciones, primero al no asumir su papel como partido más votado, que no ganador, de las elecciones generales del 20 de diciembre y poner en una difícil situación al jefe del estado al rechazar el mandato de buscar acuerdos para intentar formar gobierno, acogiéndose para ello a la hostilidad manifestada por hacia él y su partido como principal argumento, como si el resto de fuerzas políticas, e incluso de dirigentes del PSOE fueran irrelevantes para la consecución de tal cometido.

Tras su manifiesta incapacidad para buscar acuerdos, se ha centrado en menospreciar e insultar, (eso sí, con mucha ironía) a los partidos firmantes del plan de reformas presentado por Cs y PSOE, algo muy poco serio, sobre todo cuando Ciudadanos entendió que tenía que lograr un gran acuerdo y Sánchez tuvo que asumir el papel que le correspondía a Rajoy por indicación del monarca, aún a riesgo de no tener éxito en la primera sesión para formar gobierno, un acuerdo entre Cs y PSOE que puso el reloj en marcha hacia otra posible investidura o hacia la repetición de elecciones, no eternizando la inestable situación que Rajoy, con su irresponsable actitud, había creado.

Poco serio además, porque el acuerdo firmado por Cs y socialistas está muy cerca de las principales ideas defendidas por el PP y hubiera sido fácilmente asumido por la gran mayoría de sus votantes, aplicando algún cambio que se podía haber producido si Rajoy no tuviera una clara aversión manifiesta a la negociación.

Y para colmo cada semana vemos nuevos resultados de la “seriedad” aplicada por Rajoy en su gestión de estos años, con corrupción no puntual, sino estructural, en y , y muy metida en todos la los estamentos del partido, y la constatación de nuevas mentiras, como las relativas al déficit y que dejan a España en una muy complicada situación que requiere medidas urgentes.

Esperemos que el PP reaccione y no lleve al país al desastre de un gobierno populista por su inacción y escuche las peticiones que llegan desde Cs, desde el mismo día de las elecciones, para formar un gran pacto, ya avanzado con el acuerdo centrista sobre la mesa.

Ni los votantes del PP ni los españoles en general pueden seguir dirigidos por alguien que sin duda, y como se demuestra cada día, por sus acciones y omisiones, no se toma a España con la seriedad requerida.