Esta semana he presentado mi candidatura y mi compromiso con la ciudad de Guadalajara. También al extraordinario grupo de personas que, manteniendo un nivel de lealtad social e institucional inigualable, me acompañan en este reto de mejorar la ciudad, un maravilloso espacio para la convivencia llamado Guadalajara que pide a gritos un cambio a mejor.

Ha llegado el momento de que las vecinas y vecinos de esta ciudad nos hagamos un par de preguntas. ¿Qué es lo mejor para nosotros, para nuestras familias? ¿Nos conformamos con Guadalajara tal como es hoy o trabajamos de manera conjunta para que sea como debe ser?

Mi equipo y yo lo tenemos claro, queremos que sea como debe ser. Creo, honestamente, que la mayoría de las ciudadanas y ciudadanos también, tal y como reflejan todas las encuestas. Y confío en que en el tiempo que resta hasta las elecciones se sumen muchas más personas.

Es imprescindible un cambio político y de políticas en el Ayuntamiento. El proyecto de ha llegado a su fin de puro agotamiento, arrastrando con ello a la ciudad. Llevamos advirtiendo señales de esto desde hace años, que han traído consigo una Guadalajara bloqueada, atascada, gris, con comercios que cierran por falta de ambiente en las calles y con pocas oportunidades de ocio y empleo cualificado para las personas más jóvenes. A esta situación hemos llegado a veces por la inacción, otras por la equivocación y en ocasiones por decisiones políticas de un alcalde que quiero serlo sólo a tiempo parcial y que no ha conseguido ni aprobar los presupuestos de Guadalajara para 2019.

La realidad es que tenemos una ciudad con un potencial extraordinario que, sin embargo, se está quedando atrás. Basta con pasear por ella para darse cuenta: edificios abandonados y vacíos en el centro, solares tomados por la maleza, edificios públicos sin uso, locales cerrados y esos carteles de se vende, se alquila o se traspasa que cuelgan de todas partes.

Y es duro observar que hay a quien nada de esto le importa. Que se conforma con que Guadalajara esté cerca de una ciudad tan importante como . Y estamos al lado, es verdad, y hay que aprovecharlo, claro que sí. Pero yo, desde luego, no me conformo solo con eso.

Guadalajara tiene que ser importante por sí misma, por sí sola. No somos el barrio de nadie ni tampoco su dormitorio. Somos la capital de la provincia, la segunda ciudad de la región, tenemos entidad por nosotros mismos, orgullo de pertenencia y un papel relevante que jugar en la provincia, en la región y también en España. Así es como yo veo a Guadalajara. No quiero que sea una buena ciudad para dormir. Quiero que sea la mejor ciudad para vivir, trabajar, innovar, estudiar… una ciudad sobresaliente en la que al final del día, por supuesto, también dé gusto dormir.

Por eso, repito la pregunta: ¿Nos conformamos con Guadalajara tal como es o trabajamos conjuntamente para que sea como debe ser?

Entre todas y todos podemos cambiarla. De manera tranquila, sin distorsiones, con sentido común y contado con todo el mundo. Cambiarla para que avance, progrese y mejore. Y, para ello, hay que empezar por el relevo en la Alcaldía.

Guadalajara se lo merece, la ciudadanía se lo merece, igual que merecemos un proyecto económico y empresarial para la ciudad que potencie su industria, consolide su vocación de atracción de empresas e introduzca a Guadalajara en la senda de la innovación con empleos de calidad; o un Campus Universitario que se aproveche al máximo, que convierta a Guadalajara en ciudad universitaria, que forme en la excelencia a nuestros jóvenes para que sean ellos quienes decidan si quiere quedarse o marcharse, pero no un mercado laboral que aquí actualmente solo les ofrece trabajos precarios.

Y todo eso empieza por el gobierno local, que tiene que ser el motor e impulsor de todos estos cambios y muchos más. ¿Lo conseguiremos con el mismo alcalde, que seguirá haciendo las cosas igual? No parece posible, y menos aun cuando Antonio Román se repartirá entre la Alcaldía, el y sus otras actividades, para dedicarle todavía menos tiempo a esta ciudad. Guadalajara necesita un alcalde a tiempo completo. Es más, con todo lo que hay que hacer, necesita un alcalde al 120 por ciento. Que esté en la ciudad, que dedique la totalidad de su tiempo a solucionar los problemas de la gente, que busque oportunidades de futuro y progreso para Guadalajara.

Antonio Román es el único candidato a la Alcaldía de las siete grandes ciudades de la región al que no le llega con ser alcalde. El único que ha buscado una salida para ser menos alcalde.

Yo nunca lo haría. Es más, nunca lo haré. Y por ello quiero reiterar mi primer compromiso personal con Guadalajara. Si gano las elecciones, si obtengo el respaldo necesario para gobernar, seré alcalde de Guadalajara. Nada más y nada menos. No me iré ni al Congreso, ni al Senado, ni a ningún otro lado. Nada me apartará ni me distraerá de mi único objetivo: Guadalajara y después, más Guadalajara. Todas las horas del día, todos los días de la semana.