Todo el mundo conoce la expresión “la mentira tiene las patas muy cortas”. Pues con la hipocresía pasa lo mismo y de tanto utilizarla se llega al ridículo. Es lo que le está pasando al ministro Gallardón cada vez que da un argumento para justificar la vuelta atrás en el derecho a decidir de las mujeres sobre el aborto.

Empezó hablando de que su reforma iba a ser la norma más progresista de este Gobierno y luego un ejemplo a seguir en ; después le he oído decir que al feto lo protege el Estado (cuando hace leyes que dejan desprotegidos a trabajadores y trabajadoras, estudiantes, personas dependientes, etc.) y por último, y ya lo más peregrino, algo así como que en cuanto entre en vigor “su” nueva ley, las mujeres vamos a tener una suerte increíble porque ya no vamos a abortar más y , se va a incrementar la población.(para luego tener que emigrar).

Y yo pienso, este hombre , o tiene una mente tan retorcida que no se le entiende o que no es capaz de decir los verdaderos motivos que le mueven y busca justificaciones de lo más surrealistas.

Y es que es difícil justificar el cambio de una norma que está siendo útil para solucionar los problemas a los que se enfrenta una mujer que por distintos motivos no puede continuar con un embarazo que es, al fin y al cabo, para lo que valen las leyes, para dar respuesta a los problemas de la sociedad. Puede que Gallardón no esté a favor del aborto (va a tener la suerte de no tener que verse él personalmente en esa tesitura porque no está en su naturaleza tener que enfrentarse directamente al problema de un embarazo inesperado), pero como legislador no puede responder con su moral sino dar respuesta a la moral plural de las mujeres y garantizar la salud física y psíquica de las mismas.

Los abortos no se van a acabar con la reforma que nos anuncia el Gobierno y eso lo saben muy bien. No va a haber ninguna ley que obligue a una mujer a continuar con un embarazo que rechaza por los motivos que sea; ha sido así siempre y en todo el mundo. Una ley de supuestos como la que existía anterior a la actual y que fue aceptada por gobiernos conservadores como el de Aznar sólo puede acabar en dos caminos: en el de la hipocresía, en el que los abortos voluntarios pasan como problemas psicológicos; o en el de la clandestinidad y “turismo abortivo”. Es decir, que van a permitir que se siga abortando, eso sí con la inseguridad jurídica y la tutela de médicos y psicólogos y por lo tanto la humillación de las mujeres.

Cabe preguntarse, entonces, por el verdadero argumento que mueve al a generar todo este debate.

Creo que es evidente que lo que no están dispuestos a aceptar es una ley de plazos. Porque esa es la ley que da autonomía y por lo tanto libertad a las mujeres; que nos permite decidir sobre un derecho y una responsabilidad tan grande como nosotras sabemos es la maternidad y sobre todo la crianza de nuestros hijos y diseñar nosotras mismas un proyecto de vida.

Esa y no otra es la justificación verdadera del cambio de normativa, que se corresponde con un sustrato ideológico muy asentado aún en ciertas capas de la sociedad y que tiene por gran aliada a la que siempre ha sabido utilizar a las mujeres para transmitir transmitir esos valores rancios, conservadores, patriarcales; donde sólo son admisibles una moralidad y un orden establecidos (por ellos). Son muy conscientes de que la autonomía de las mujeres pone en peligro la pervivencia de esa cultura.

Me acabé de convencer de ello hace unos días, escuchando las palabras de un señor representante de española relacionando la reivindicación del derecho al aborto con el “feminismo más radical” de forma despectiva. Y es que al final siempre acaban apareciendo los fantasmas que cada uno guarda en su interior. Buscan argumentos que llevan al engaño y que no se sostienen porque saben que es el feminismo la ideología que les desenmascara y tienen miedo a que resurja con toda su fuerza tras los enormes esfuerzos que han hecho para denostarla y desprestigiarla.

. Militante de Izquierda Socialista-Psoe Albacete.