Ciertamente, si hace escasamente un año nos plantean un horizonte económico como el que hoy tenemos pensaríamos que se trataría más de una novela de ficción que de una realidad económica. Más cuando sea fácil, a tiempo pasado analizar, por más que pueda sorprender lo que está pasando no obedece más que a una lógica que aplasta.

¿Por dónde quiere usted que empecemos? Por ejemplo con la construcción. Negocio seguro, sector en alza, que auguraba un brillante porvenir que incitaba al pequeño ahorrador, no ya a adquirir su propia vivienda, sino una dos y tres más para después alcanzar pingües beneficios con su reventa de forma que sus ahorros se canalizaban a ese sector en magnitudes macroeconómicas que siquiera conocemos hoy, y que lógicamente no se destinaban a otros sectores económicos (tecnología, investigación, etc.). ¿Pero, realmente esa inversión tenía bases ciertas, bien asentadas? Pues parece que no, por cuanto la demanda superaba la oferta, pero era una demanda viciada en origen, ya sabemos… intereses baratos en los créditos, facilidad para la financiación, aumento de la inmigración que mueve el mercado de segunda mano de forma fantástica; pero si paramos un momento, en pensar… ¿era lógico que por una vivienda de noventa metros se estuvieran pagando más de 240.000 euros en zonas que podríamos denominar extrarradio, y más con sueldos mileuristas?

Parece que la lógica aplasta, ¿o no? Pero bueno para que íbamos a parar algo que daba beneficios a todos…..

En los sectores auxiliares de la construcción, la burbuja desinflada ha desencadenado la caída de la espada de Damocles, con los efectos colaterales del paro y la morosidad de los pagos; concursos de acreedores, incremento importantísimo de procedimientos judiciales de reclamación de impagos. Lógica aplastante en lo metafórico de la expresión pero afirmación real en su sentido físico con respecto a las empresas sobre las que ha caído, a las que no sólo ha aplastado sino para que el término sea más ajustado, ha seccionado en dos.

Negocios relacionados con el consumo, cuyas ventas han caído en picado, y que van a suponer ya para el año 2008, y sobre todo para el 2009, unas cuentas de resultados que van a causar pavor. Automóvil, telecomunicación, publicidad, electrodomésticos, turismo, hostelería… En este sector, la reducción de consumo era una lógica que cae por su propio peso, si no hay dinero, lo primero que se reduce es la publicidad (aunque debería ser al contrario si se pretende reavivar las ventas) y el consumo.

Nos dicen los entendidos que esta es un efecto de la globalización en la que los países a título individual poco tienen que ver, aunque yo siempre he pensado que el dinero de mi bolsillo lo administro y decido como gastarlo yo, y que el dinero de mi país lo administra mi Presidente y decide como gastarlo, pues si eso no fuera así, como diría un castizo “que me lo expliquen” porque no me lo creo.

Pero, en cualquier caso, lo más diferente y sorprendente de todo, y en relación a otras crisis pasadas, es la situación de las entidades financieras, que son las que económicamente siempre han gozado de la confianza y suficiencia en este contexto. Sin embargo, hace pocas fechas, no había español que por poco dinero que tuviera depositado en alguna entidad no desconfiara de ella y tuviera la sensación de miedo a perder sus ahorros, lo que supuso la adopción de medidas extraordinarias que más que dar jurídica a los depósitos (si todo el mundo los pidiera a la vez no habría sistema financiero que pudiera pagarlo) pretendía dar confianza al impositor para que no se desmoronara el entramado financiero como un castillo de naipes.

No repuestos del susto, la zozobra planea de nuevo cuando conocemos que importantes fortunas de nuestro país no sabían que habían colocado importantes depósitos, no en otro banco, sino en una pirámide de cristal, valga la metáfora.

¡Tampoco nos falta humildad! Cuando todo lo que ha pasado sería elemento suficiente para revisar en qué nos hemos equivocado, qué podemos mejorar, y qué podemos hacer para evitar futuros sucesos, resulta que nos pavoneamos en el mundo presumiendo de los mejores reguladores financieros, llámese Banco de España, cuya figura pretendemos exportar para que sea ejemplo en el exterior y para ello se nos justifica que ningún banco español o caja ha caído. ¿Ustedes creen a pies juntillas, por ejemplo, que las Cajas de Ahorros españolas, entidades sin ánimo de lucro, están para prestar el dinero de sus impositores a empresas o entidades para la compra de acciones en bolsa de otras entidades?, pues si así lo creen, que las privaticen, que les quiten el carácter benéfico social que tienen y que designen a sus órganos sus accionistas, ¿o no?

¿Ustedes creen que un órgano regulador, como es el Banco de España, tenga en su composición un reflejo de las mayorías del Parlamento, es decir, que dependa políticamente del partido del Ejecutivo? Pues mire, si usted piensa así, no es la misma democracia que yo quiero para mi país. La sociedad articulada, la sana, la independiente, la que tiene criterio, no se articula solamente por las elecciones del Parlamento, y eso se debería saber y comprender, aun cuando quizás lo último no interese.