No voy a descubrir que nuestra política de la dictadura de Franco a la Democracia ha sido un ejemplo para el mundo como un ejercicio de concordia, en el que la sociedad española quiso y supo enterrar las diferencias políticas en pos de un futuro básicamente mejor. Y es verdad, que aunque el ejemplo no siempre es extrapolable a cualquier sociedad por cuanto cada una tiene sus propias características, ha sido objeto de estudio y atención para la ciencia política. Aunque el objetivo primordial era crear una sociedad pacífica en la que cualquier opinión o posición política tuviera cabida, siempre dentro de los parámetros de la paz y sin violencia, dando cumplido ejemplo del adagio de que “no estoy de acuerdo contigo pero daría mi vida porque puedas expresar libremente tu opinión” lo cierto es que la solución no era simplista por cuanto conseguido el primer objetivo, el de la paz y concordia en un mundo democrático, su desarrollo efectivo debería plasmarse en sucesivas leyes que armonizaran a los españoles y sus territorios.

Llegados a este punto, y con una sociedad más o menos desarrollada en lo político, cabe hacer balance sobre si los resultados obtenidos en su conjunto nos arroja una cuenta de pérdidas o ganancias, en el que el resultado de las ganancias es superior al de las pérdidas, dicho sea en sentido contable de la metáfora. Y para establecer ese Balance, es preciso que reflexionemos todos sobre las partidas del debe y del haber, para que pueda haber saldo favorable.

Hemos conseguido libertad, progreso, asistencia social, igualdad de la mujer, acercamiento de la Administración al administrado, lo que debe de suponer solucionar los problemas con más prontitud, pero no hemos conseguido aislar el terrorismo ni a los radicales ni redistribuir la riqueza, cada día hay más ricos pero también más pobres, todo ello en términos generales.

En cuanto a los particulares:

• ¿Está la cohesión de España y la igualdad de los españoles garantizada?

• ¿Es lógico que a una minoría de españoles, por el hecho de ser naturales de una región determinada, les condicione la vida política y el signo de un gobierno?

• ¿Es razonable que a los españoles no se les garantice la igualdad de acceso al trabajo, la educación o las ayudas económicas por el hecho de no utilizar o conocer con obligatoriedad las lenguas vernáculas?

• ¿Es lógico que los órganos reguladores en todos los aspectos políticos, llámese justicia, a través del Consejo General del Poder Judicial, economía, a través del Banco de España, de las Comisiones nacionales de energía, de telecomunicaciones, etc., obedezcan a una composición política que se alinea con las mayorías parlamentarias, sin que puedan ser realmente un contrapeso al poder ejecutivo, como en toda sociedad democrática?

• ¿Realmente coexisten los poderes ejecutivos, legislativos y judiciales como independientes?

• ¿Se articula la sociedad española en grupos profesionales, vecinales, etc., que tengan un peso específico, distinto del mayoritario que otorgan las elecciones políticas, y realmente no están manejados política y socialmente?

• ¿Es lógico que las autonomías legislen sobre materias de política exterior, creando embajadas, o sobre materias que afectan a todas las regiones, como afectar el curso de los ríos?

• ¿Es lógico el enfrentamiento entre comunidades autónomas?

• ¿Es lógico que se condicionen las asignaciones económicas a las autonomías en función del signo político del gobierno central y dichas comunidades?

• ¿Es lógico que la política sea la profesión por excelencia en la que el que llega jamás desea dejarla? ¿No sería más razonable que el que llega a la política dignifique a ésta en lugar de utilizarla?

• ¿No sería lógico que el ejercer una función pública como político sea signo de valía, de forma que el que a ella se acerque sea para aportar y no para detraer?

• ¿Por qué no se limita el tiempo de político, de forma que cumplido vuelva a sus quehaceres personales? Quizás ello contribuyera a que el que llega lo haga con la sensación de transitoriedad, y no de la permanencia a ultranza, pues en este último caso se pegará con quien haga falta para mantener el sueldo, cosa lógica pero perniciosa para el administrado.

Seguro que a usted, lector, se le ocurren muchas más cosas que puede añadir al planteamiento, y cuando termine, posiblemente pensará, como yo, que como todas las cosas, la Transición también ha sido imperfecta, mas lo importante no son los defectos que podamos detectar y que están ahí, lo realmente significativo es preguntarnos si se ha de seguir el mismo camino, o quizás existe la esperanza de que se puede mejorar y si en el horizonte existen datos que permitan ser optimista.

Lo triste sería que en otros treinta años nos volvamos a hacer las mismas reflexiones y que la cuenta de pérdidas y ganancias no arroje resultados positivos.