Lejos quedan los años de estudiante en los que las clases en la Universidad se alternaban con alegres partidas de mus en la cafetería. Lejos quedan también los días de verano en los que, tras compartir la comida con amigos y familiares se prolongaba la velada con una partida de mus o de guiñote, juego éste que tenía también fervientes partidarios en mi querido Cifuentes.

Estos recuerdos no vienen al caso porque eche de menos mis vivencias de juventud; no es la añoranza del “cualquier tiempo pasado fue mejor”, con el que lloró la muerte de su padre, D. Rodrigo. Se trata, más bien, de una reflexión que se dirige al futuro.

Esta semana pasada hemos asistido al debate de investidura en el que el presidente del gobierno en funciones, , se ha presentado con el respaldo de 170 diputados y seis partidos políticos (PP, Ciudadanos, UPN, Foro , y ). Las opiniones sobre lo que en estos días ha ocurrido en el Congreso estarán, sin duda, condicionadas por la posición ideológica o partidista del comentarista, y eso es lógico. Pero lo que no resulta lógico es que esa posición partidista no sólo condicione, sino que ponga en grave riesgo el futuro de España, el futuro de todos.

Y todos estamos de acuerdo, o al menos así se ha afirmado por todos desde la tribuna de oradores del Congreso, que España necesita un gobierno urgentemente, que es inaplazable continuar un camino que nos permita consolidar la recuperación y abordar los nuevos desafíos. Y para lograrlo es necesario también el concurso de todos.

Por eso recordaba el mus. El , o al menos su Secretario General, ve la actual situación como un pulso, en el que él mismo se sitúa enfrente, no sabemos muy bien si del o de los propios dirigentes de su Partido que cuestionan su liderazgo. Pues se equivoca. Los españoles no tenemos gran interés en cuál sea el futuro político o personal del Sr. Sánchez. Al fin y al cabo, no tiene la trayectoria, ni la talla, ni la experiencia de algunos otros de sus correligionarios, y desde luego, de su principal adversario. Y los resultados no son los mismos, ni en las urnas ni en el Congreso. Me permito recordar que el Sr. Sánchez tuvo en su fracasada investidura 131 votos a favor y el apoyo de cuatro partidos (PSOE, Ciudadanos, Coalición Canaria y Nueva Canarias).

Pero es que además se equivoca porque no se trata de pulsos; se trata del mus. España está ahora sentada en una mesa, en la que el Partido Popular y el Partido Socialista son compañeros de partida. Nuestros rivales son los desafíos, riesgos y oportunidades que le esperan a España en los próximos días, meses y años. Enfrente está el Brexit, el crecimiento económico, la creación de empleo, el terrorismo internacional, el desafío independentista, la necesidad de un gran pacto por la educación y la cultura, por el reforzamiento institucional y todas las cuestiones que nos preocupan a los españoles y de las que debería ocuparse ya un gobierno con plenitud de funciones.

Y en esta partida el PSOE y Sánchez no “son mano”, no pueden ni deben llevar la iniciativa porque los españoles se la hemos dado al Partido Popular; los españoles hemos elegido dos veces consecutivas en 6 meses a Mariano Rajoy para liderar esta partida. Lo único que pueden hacer honestamente es respetar “esa mano” y colaborar con el Partido Popular para que todos ganemos la partida, para que España gane la partida.

Sánchez, o el PSOE -tanto monta-, deberían cortar el mus. Es lo que le pide su compañero y es lo necesario para ganar el juego y la partida. Tener 170 diputados siendo mano es una buena jugada. Con peores cartas ha jugado el PSOE en otras ocasiones. Y con las cartas que tenemos en nuestra partida, PP y PSOE pueden trabajar por y para España. Tiempo habrá para pulsos y posiciones partidistas. Ahora lo que está en juego es otra partida, otro escenario y hay que estar a la altura.

Si el PSOE no puede ganar, porque los españoles no le han dado buenas cartas, al menos que no impida que el Partido Popular juegue y haga valer su posición por el bien de todos. El Sr. Sánchez no puede continuar afirmando sin que haya consecuencias, que él no apoyará un gobierno del PP ni siquiera por España. De lo contrario, esta irresponsable actitud de darse mus para ver si mejora su propia jugada, puede hacer que todos los españoles perdamos la partida y dar alas a nuestro enemigo, que no adversario. Ese enemigo que es poner en riesgo la recuperación, la prosperidad y el bienestar de todos los españoles y la unidad de España.

Diputada del Partido Popular por Guadalajara en el Congreso de los Diputados Secretaria de Área de Familia y Bienestar Social (CEP del )