El Trabajo Social es conocimiento, reflexión, pasión y corazón. Su ejercicio supone una responsabilidad profesional hacia los derechos fundamentales de la ciudadania desde los tres principios que enmarcan la profesión: dignidad, libertad e igualdad. La esencia del Trabajo Social es desde sus inicios es ver a la persona como única e irrepetible, portadora de capacidades y potencialidades. Así se plantea desde el propio nacimiento de Trabajo Social con y en el último documento elaborado por la FITS sobre principios éticos del Trabajo Social (2019).

El hecho de que un 80% de las y los profesionales del Trabajo Social estén insertas a nivel laboral en el Sistema de supone una ventaja por la visibilización de la profesión como un eje de la intervención, pero también puede suponer una amenaza dado que el predominio de la gestión en el Sistema de Servicios Sociales va fagocitando lentamente al Trabajo Social. La alta burocratización existente en los sistemas de bienestar social en general, da una imagen del Trabajo social como profesión cuya principal función se centra en la gestión de recursos, necesaria para la puesta en marcha de derechos de la ciudadanía, pero no suficiente.

Las organizaciones y entidades en las que se inserta la profesión de Trabajo Social (de carácter público y/o privado), a veces hacen que se diluya la esencia de la profesión, a fuerza de protocolos, y por mucho que se intente ir contra corriente, el esfuerzo individual no basta a pesar de que sea titánico. La soledad en este intento es una realidad que muchas y muchos trabajadoras sociales viven en su quehacer cotidiano.

La clave para el cambio de visión es sin duda la existencia de un nexo profesional, más allá de esfuerzos individuales que desgastan y queman a las profesionales del Trabajo Social a largo plazo. Partir de los mismos principios y compromisos desde todas y cada uno de las profesionales que trabajan en los distintos sistemas de bienestar.

La cohesión en defensa de la profesión hace la fuerza y se refleja en las estructuras colegiales. Si estamos unidas y permanecemos firmes y con una misma línea de trabajo se puede volver a retomar fuerzas para la defensa del Trabajo Social como profesión inserta en los diferentes sistemas de Bienestar social. Los Colegios como estructura tienen la obligación y el deber por ley de defender la práctica y deontología de la profesión y a las profesionales. Como profesionales tenemos la responsabilidad de defender la práctica ética del Trabajo social, si así lo vives y entiendes desde el quehacer cotidiano.

La colegiación más allá de campañas realizadas desde los propios Colegios profesionales sobre su obligatoriedad, es un intento de unir a las profesionales en la defensa de la profesión.

La colegiación más allá de ser un imperativo legal, supone una oportunidad de cambio hacia la calidad de las organizaciones en las que el trabajador social se inserta.

La colegiación profesional en trabajo social puede apoyar el cumplimiento, de facto, en la praxis de uno de los deberes expresados en el Código deontológico de Trabajo Social (art. 13) como salvaguarda de los derechos de la ciudadanía: el empoderamiento de la persona a la que acompañamos en su proceso de decisión mediante la relación de ayuda, muy por encima de la gestión de recursos. Desde ahí nace y crece nuestra profesión.