En la segunda mitad del siglo XIII la prestigiosa Escuela médica de Salerno inicia su declive, momento en el que compiten con ventaja las recién fundadas Universidades de Bolonia, París, Oxford y Montpellier a las que seguirían rápidamente las de Toulouse, Salamanca, Valladolid, Nápoles, Padua, Cambridge, Viena… con sus Estudios de Medicina, antecedentes de nuestras actuales facultades universitarias.

La Universidad medieval solía estar compuesta por cuatro facultades: la facultad menor de artes, y otras tres facultades mayores de teología, derecho y medicina. Solo se matriculaban hombres y de forma progresiva se conseguían los niveles académicos.

El estudiante medieval había obtenido el grado de bachiller en la facultad de artes estudiando las “artes liberales” (no lucrativas y propias de ciudadanos libres) y repartidas desde la época de Marciano Capella (430 d.C) en el “Trivium” (gramática, retórica, dialéctica) y en el “Quadrivium” (aritmética, geometría, música, astronomía), todo ello en el latín aprendido previamente. La enseñanza era muy teórica y el modelo docente se basaba en la “lectio” en la que el profesor leía y comentaba el texto elegido, la “questio” en la que se formulaban preguntas o problemas y la “disputatio” con la discusión de los problemas planteados desde la “silla en alto” de la cátedra. El grado de bachiller en medicina daba acceso al grado de licenciado con acceso a la práctica médica, si bien había que estar bajo la tutela de un médico experimentado al menos durante dos años más. Entre de siete a ocho años más tarde se podía acceder al grado de doctor para la enseñanza universitaria. Entre los profesores de medicina destacaron Tadeo Alderotti (1210-1295) de Bolonia, quien introdujo los “consilium” o descripción de historias clínicas para hacer comentarios y recomendaciones sobre las mismas. Arnau de Vilanova (1235-1313) de Montpellier y Pietro d,Abano (1250-1315) en Padua. Alrededor del 1300 en Bolonia, 1340 en Montpellier y sobre 1465 en Padua impusieron la asistencia de los estudiantes a una disección de un cadáver humano, un procedimiento que fue gradualmente supliendo las lecciones anatómicas en los animales.

Durante los siglos bajo medievales, el número de estudiantes médicos era muy reducido y las Facultades de Medicina contaban a lo sumo con dos o tres cátedras, llamadas de Prima, Vísperas y Método. A partir de los siglos XIII y XIV, junto con la obligación de la disección cadavérica, aparece otra novedad como es la obligatoriedad, para los graduados, de realizar aprendizaje práctico en un hospital durante seis meses o períodos superiores.

La enseñanza de la cirugía apenas se contempla en la Universidades manteniendo una interesada separación entre medicina y cirugía. Los médicos universitarios influían para mantener a los cirujanos fuera de la facultad. Solo en Universidades con un marcado carácter laico como Montpellier, Bolonia y después Padua con escasas influencias religiosas se establecieron estudios universitarios de cirugía. Los cirujanos se agrupaban en gremios mientras que los médicos lo hacían alrededor de las universidades con una clara separación conceptual entre las actitudes médico-filosóficas y el trabajo manual de los cirujanos.

La enseñanza de la Medicina en los siglos XVI, XVII y XVIII va a ir aportando novedades progresivamente en relación con los cambios sociales. El Humanismo renacentista de finales del siglo XV y pleno en el XVI recupera los textos clásicos de una forma “purista” a través de las traducciones directas y no a través de los copistas árabes. Junto a ello se revitalizan los antiguos métodos docentes basados en el contacto directo con el enfermo al lado de la cama del mismo (“kline”, cama clínica).

La invención de la imprenta permite la rápida difusión de los antiguos textos, así como de los nuevos que proliferan ya en lengua vernácula y no solo en latín. El acceso a la información se amplía de forma extraordinaria.

Es en este siglo XVI cuando se producen grandes avances a través del conocimiento de la nueva anatomía de Vesalio y de sus continuadores, los grandes recursos quirúrgicos y el enriquecimiento de la farmacología renacentista o Materia médica.

Las innovaciones docentes que aparecen durante el Renacimiento pueden sintetizarse de la siguiente manera:

  1. La nueva anatomía y la enseñanza de la misma a través del impulso de Vesalio (1514-64) en la Universidad de Padua. Siguiendo a Galeno se concede toda la importancia al estudio de la anatomía a través de las disecciones del cadáver humano y la obra médica cumbre de este momento es “De corpis Humani Fabricae”.

  2. De la mano de los conocimientos anatómicos progresa la cirugía y el papel de los cirujanos y de ello se encargan las nuevas cátedras de anatomía y las primeras en cirugía en España como las de Valencia, Salamanca o Valladolid. Se construyen continuos anfiteatros anatómicos indispensables para la enseñanza de la Medicina.

  3. La farmacología renacentista o Materia médica progresa a través de los conocimientos botánicos y se crean los jardines botánicos herederos de los huertos monásticos medievales. Aparecen las cátedras de botánica.

  4. Durante todo el siglo XVI mejoró la enseñanza médica y quirúrgica que, emulando a los médicos hipocráticos, propugnaba la docencia al lado de la cama del enfermo y no solo la enseñanza teórica de los siglos medievales. A la cabeza de estos nuevos tiempos se encontraba la Universidad de Padua acercando la Patología al lecho del enfermo. En España, por primera vez y en Alcalá de Henares, Francisco Vallés y Pedro Jimeno intentaron la enseñanza de la clínica a través de la experiencia anatomopatológica para ilustrar las observaciones clínicas.

  5. Las Academias científicas se fundaron por los más interesados en el progreso y en la investigación de forma independiente a un cierto inmovilismo de las universidades. La medicina extra universitaria tuvo un insigne representante en Paracelso (1493-1541) con un nuevo sistema fisiológico y terapéutico ignorado en la universidad oficial.