Historia de la comarca de Cabañeros

A partir de los yacimientos encontrados se puede datar la presencia humana en la zona, desde el paleolítico inferior, pasando también por la Edad de Bronce, con dos poblados de “Castellones”. Entre los pueblos de Horcajo de los Montes y Porzuna, en Ciudad Real, pueden verse restos de vías de comunicación utilizadas por los romanos en el año 190; entre las tierras de Mérida y Toledo hubo asentamientos visigodos y, posteriormente, árabes.

Aproximadamente, desde el 1860 hasta 1885, Cabañeros era propiedad de una administración usufructuaria, que realizaba un aprovechamiento forestal de sus bosques y un uso del ganado extensivo en sus rañas.

En 1885, con la desamortización de Madoz, fue cuando cambió la titularidad de la tierra.

En 1982 es cuando Cabañeros comienza a tener más renombre en todo el país, ya que el Ministerio de Defensa quería convertir la finca en campo de tiro y lugar de maniobras para el Ejército, pero debido a la gran presión social no llegó a materializarse.

Fue gracias a la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha cuando en el año 1988 pasó a ser Parque Natural para disfrute de todos los visitantes. Ahora es Parque Nacional, máximo rango de protección, siendo un 40% del terreno de propiedad pública.

Costumbres y tradiciones de la comarca

En toda esta comarca rural la escasez de población y las distancias que las separaban de núcleos urbanos mayores hacían que las personas que allí se habían afincado tuvieran que autoabastecerse. La economía doméstica pasaba por la utilización de los recursos naturales a su alcance para comer y fabricar ciertos productos que luego vendían.

Este tipo de tradición, con oficios perdidos en el tiempo y otros que aún se conservan, se basa en el uso sostenible de los recursos, asegurando así la conservación del bosque y su entorno. Dentro de los oficios destacan los de pastores y carboneros, siendo albergue para ambos las cabañas características de la zona que dan nombre al lugar.

Las cabañas eran de uso temporal durante la actividad en el monte. Construidas con mañas de la vegetación reinante, de estructura de palos de fresno o chaparro sobre la que se colocaban juncos y jara hacia el interior para impedir el paso de la lluvia y el frío. Su estructura es de forma cónica. Se construían en grupo de hasta 15 unidades, con diversos tamaños de acuerdo al uso que iban a darle.

Productos típicos de la zona

La miel, el carbón y el corcho son los tres productos naturales por excelencia del Parque de Cabañeros que, aunque tienen mucho que ver con el pasado de la comarca, aún se mantienen con vigencia gracias a la excelente calidad que poseen.

La riqueza de especies florales como el brezo, la jara y el romero, han permitido que grandes colmenas de abejas se situaran en el entorno. Gracias a esto uno de los oficios principales de los pueblos era el de apicultor.

La actividad tradicional de la extracción de la miel se mantiene hoy en día sin muchos cambios ni mecanizaciones, especialmente en Horcajo de los Montes (Ciudad Real).

A final de septiembre se extrae la miel, protegiéndose el apicultor y “castrando” la colmena, que se realiza echando humo para que salgan las abejas. La miel obtenida se almacena en vasijas para su venta posterior.

El carbón vegetal es otro los productos ligados con la historia del Parque Nacional de Cabañeros. El trabajo de carbonero estaba sujeto a toda una serie de normas y medidas que regulaban la extracción de la leña de las masas forestales.

Tanto dentro del Parque como cercano a las aldeas se construían horneras donde se quemaba la leña para hacer el carbón.

En la actualidad, se sigue utilizando el “piconcillo”, carbón vegetal de matorral menudo, jara, ramas finas de encina, etc, creando una pequeña carbonera denominada “piconera”, de forma cónica y rápida combustión.

La extracción del corcho es una de las actividades que aún perdura dentro del Parque. El “desollado”, “saca” o “pela” de los alcornoques es realizado cada ocho o diez años únicamente sobre especies con un mínimo de 60 cm de diámetro, que suelen ser árboles con más de 25 años. La extracción se realiza de junio hasta agosto. El alcornoque, después del descorche, adquiere un color amarillo rojizo y después negro.

Para conocer estas tradiciones y ver los utensilios que se utilizaban se pueden visitar los Centros Etnográficos de Alcoba, Horcajo de los Montes y Retuerta del Bullaque.

El Parque, antaño sumergido bajo el mar, se encuentra enclavado en los Montes de Toledo

Los Montes de Toledo son la formación orográfica donde se encuentra enclavado el Parque Nacional de Cabañeros, y posee las formaciones montañosas más antiguas de la Península Ibérica. El desgastado relieve por la acción de la erosión crea este peculiar paisaje.

Para comprender mejor la formación geológica de Cabañeros hay que remontarse hasta hace unos 600 millones de años. Es en esta época, durante el Precámbrico y el Cámbrico, cuando la zona de Cabañeros se encontraba en un ambiente marino, sumergido bajo el mar. Al final de este largo periodo, por un proceso tectónico, se origina un ascenso del propio fondo marino y una emersión de los sedimentos depositados que salen a la superficie por estos movimientos geológicos, y por la propia acción de los factores geológicos estos sedimentos se transforman en pizarras y areniscas, (conocidas en términos geológicos como “Pizarras del Pusa” y “Areniscas del Azorejo”). Debido a su origen marino se hayan importantes yacimientos paleontológicos donde existen 250 especies de algunos de los primeros habitantes del planeta Tierra: trilobites, cefalópodos, graptolitos, braquiópodos, moluscos, equinodermos, bivalvos; que conformaban los ecosistemas de hace 500 millones de años.

Durante la Orogenia Hercínica (400 millones de años) hay un plegamiento de los sedimentos y una emersión de los fondos marinos que ya nunca más volvieron a sumergirse bajo el mar. Desde entonces, la elevada cordillera de los Montes de Toledo, con varios miles de metros de altura, comenzó a erosionarse y a perder altura hasta la situación actual. Tras miles de años de erosión aparecen otros materiales como granitos, produciéndose un metamorfismo que cambia el paisaje.

Flora típica de los montes mediterráneos

La gran riqueza botánica con la que cuenta el Parque de Cabañeros hace que destaque de entre otros parques nacionales.

El clima en esta región de los Montes de Toledo se caracteriza por ser de tipo mediterráneo templado, con cierta tendencia oceánica. Las características orográficas dan origen a gran variedad de microclimas, con formaciones vegetales, que van desde los bosques atlánticos con tendencia húmeda, poco habituales en estas latitudes, pasando por los quejigales, encinares, turberas, bohonales y brezales, y la vegetación Xerofita y Exclerofila más predominante, adaptada al estío manchego.

Las comunidades vegetales más representativas del piso meso-mediterráneo están constituidas por encinas y alcornoques, junto a quejigos en las zonas más húmedas y melojares.

Las rañas o dehesas aclaradas por la acción del hombre a través de la roturación y quema de montes para el cultivo. Es lo que antes eran montes cerrados.

Las rañas, como se las denomina coloquialmente, albergan formaciones de pastizal, tanto vivaces como anuales. Constituyen una de las unidades vegetales más importante dentro del Parque, con una extensión de 8.000 hectáreas, siendo las imágenes más representativas del paisaje.

El alcornoque forma bosque mixtos con encinas y quejigos, alcanzando algunos de sus ejemplares los 15 metros de altura sobre los que anidan las grandes rapaces como el Buitre negro y el Águila imperial ibérica. Las formaciones arbustivas de las laderas están comprendidas por jaras y brezales. Se localizan en lugares con escaso suelo basal y ocupan vastas extensiones.

El bosque atlántico se caracteriza por la presencia de especies como el loro (Prunus lusitanicus), el acebo, helechos y el durillo, entre otros. El loro es una de las joyas botánicas del Parque, con sus hojas perennes, parecidas a las del laurel, más característico de bosques subtropicales, pero que en este reducto ha sabido permanecer en el tiempo, gracias a la existencia de enclaves que, incluso durante las glaciaciones, no ha sufrido grandes cambios.

Por último, los bosques riparios, como su nombre indica son bosques situados a las riberas de los arroyos y ríos del Parque. El abedul es el árbol dominante, en otros casos se pueden apreciar fresnos y alisos. Estas series riparias conviven con arraclanes, zarzas y escaramujos.

Ligados a los bosques riparios, y en áreas menos abrigadas, se encuentran bohonales o trampales, clasificados como hábitats de protección por las especies que allí habitan. En este ecosistema encontramos una de las plantas más llamativas de la flora, la drosera rotundifolia o atrapamoscas, una de las plantas carnívoras más conocidas.

El Parque atesora especies animales protegidas

Dentro del bosque y monte mediterráneo podemos encontrar una amplia variedad de especies del mundo animal.

El Parque Nacional de Cabañeros se identifica por tener una de las poblaciones mejor conservada de especies amenazadas a nivel mundial.

Dentro de los mamíferos se encuentran los ciervos, seña de identidad del Parque, pastando en las rañas, junto al gamo y el corzo.

El ciervo o venado es el protagonista de uno de los momentos más espectaculares, la “berrea del ciervo”. En este periodo, que abarca desde los meses de septiembre a octubre, (dependiendo siempre de las condiciones climáticas, normalmente iniciándose este fenómeno con las primeras lluvias), tiene lugar lo que se llama la “berrea”, en el cual se produce el celo y apareamiento de los venados, momento en el cual son fácilmente observables y audibles los bramidos y berridos de los machos así como los enfrentamientos entre estos, arremetiéndose con sus cornamentas y luchaderas, peleándose por las hembras, siendo una de las más asombrosas formas de selección natural.

Otros mamíferos representativos de la raña de Cabañeros son, el jabalí, la liebre, el conejo, el zorro, la garduña, la gineta, el gato montes, el meloncillo y el escaso lince ibérico.

En los ambientes húmedos y remansos de los ríos Estena y Bullaque es fácilmente observable la nutria. En la rica fauna presente en todo el Parque es muy grato poder observar aves que han corrido el peligro de extinguirse y gracias al cuidado de los agentes forestales y guarda parques se encuentran protegidas. Estas aves, típicamente mediterráneas y con una población bastante abundante, son el Águila imperial ibérica y el Buitre Negro.

Poblaciones de gran interés ornitológico son las del Águila imperial ibérica, con varias parejas reproductoras y ejemplares jóvenes.

Rapaces, peces, lagartos, amplia riqueza faunística

El Buitre negro tiene un núcleo de cría de más de 120 parejas reproductoras, siendo el Parque de Cabañeros junto al de Monfragüe, los mayores parajes de población de estas rapaces en el mundo. Anida en las copas de los árboles de gran porte como los alcornoques y encinas, pudiendo llegar a pesar su nido más de una tonelada.

En ambientes más abiertos como rañas y zonas de monte aclarado pueden observarse Aguiluchos cenizos, Aguiluchos pálidos, Elanios azules, rapaces fáciles de divisar sobre todo en los meses de invierno. Dada la diversidad de ambientes, Cabañeros alberga una importante y variada población de reptiles. En los arroyos que aparecen en la raña en los meses de lluvia es habitual encontrarse al Galápago europeo, especie bastante escasa en otros emplazamientos.

Otras especies comunes dentro de los reptiles son, el Galápago leproso, el Lagarto ocelado y el Lagarto verdinegro, aunque es bastante difícil de divisar.

Los ríos y arroyos están poblados de anfibios y peces. Destacan la Salamandra, el Tritón ibérico, el Tritón jaspeado y el Sapo partero ibérico, entre otros.

Entre los peces más fáciles de observar se encuentran el Barbo cabecicorto, el Cachuelo y la Boga. Hay otras especies que han sido introducidas por el hombre como son el Lucio y el Pez Sol. Otros miembros de la ictiofauna: la Colmilleja, la Pardilla y el escaso Jarabugo, una especie mediterránea únicamente presente en el río Estena.

La variedad faunística y botánica del Parque Nacional de Cabañeros hacen que este paraje natural sea un lugar mágico y único de Castilla-La Mancha que debemos preservar para las generaciones venideras.

La variante situación de los arroyos y lagunas condicionan la vida de peces y anfibios

Desde el punto de vista hidrográfico, Cabañeros se enmarca dentro de las cuencas de dos ríos afluentes del río Guadiana por su margen derecha: el río Bullaque y el río Estena. El primero circula sobre la raña, sobre depósitos del cuaternario y sin apenas incidirla y sin generar un valle estable, mientras que el segundo río aparece fuertemente encajonado en un surco intramontañoso cuya incisión se suma al relieve, de por sí accidentado, en la zona más occidental de estos montes.

Ambos ríos junto con los diversos arroyos y lagunas estacionales marcan la hidrología del Parque Nacional de Cabañeros y se encuentran condicionados por las condiciones climáticas, produciendo crecidas importantes en los meses otoñales e invernales, que hacen difíciles los pasos de sus riberas, sobre todo en la zona norte del Parque, y que durante los meses de estío, en cambio, pueden llegar a ver reducidos sustancialmente sus cauces, quedándose en años, extremadamente secos, bajo mínimos, desapareciendo arroyos y pozas completamente, sobre todo en la zona de la raña. Hecho este que condiciona a la fauna que los habitan temporalmente, sobre todo peces y anfibios.

Los humedales presentes en el Parque de Cabañeros, como la laguna de los Cuatro Cerros, ubicada en la Sierra de Miraflores, favorecen la creación de ecosistemas únicos a la vez que sumamente frágiles.