La precariedad laboral tiene nombre y rostro de mujer. Luchar contra esta precarización del empleo, agudizada con las nuevas realidades del mercado laboral, y alcanzar la igualdad entre mujeres y hombres siguen siendo de los principales retos de nuestra sociedad. Si bien es cierto que las mujeres hemos protagonizado un aumento significativo en el acceso al empleo en los últimos años, las desigualdades y las brechas de género en las diferentes vertientes -laboral, salarial, educativa, de influencia, etc- persisten y la precariedad cada vez va en aumento.

CCOO de Castilla-La Mancha denuncia que la precariedad laboral se ceba principalmente con las mujeres y exige a los Gobiernos y al empresariado que pongan “un acento especial” para combatir esta discriminatoria situación que genera una mayor desigualdad y pobreza de las mujeres”, afirma la secretaria regional de Mujer e Igualdad del sindicato, .

En el momento actual con un cambio político reciente y habiendo firmado el IV Acuerdo por el Empleo y la Negociación Colectiva “se abre un nuevo escenario, un espacio de cambio, de desarrollo y de avance, una oportunidad en la que debemos marcar como prioridad materias como la igualdad y la justicia social”, añade.

“Ante un gobierno autodenominado feminista y que ya ha hecho historia por contar en sus filas con un mayor número de mujeres (11 ministras), que de hombres (6 ministros), debemos exigir que realmente se haga historia en la conquista de derechos por la igualdad de las mujeres, que se avance en la creación de empleo, mejora de la empleabilidad y la lucha contra las brechas salariales y de género”.

“Las mujeres no podemos seguir cargando con la pesada losa de la precariedad laboral y la desigualdad. Este país necesita un salto cualitativo y cuantitativo en materia de igualdad y para ello debemos empezar por mejorar la calidad del empleo de las mujeres y erradicar las diferentes brechas de género”, señala Martínez, quien insiste en reivindicar la derogación de la Reforma Laboral “que el PP puso en bandeja al empresariado permitiéndole precarizar hasta límites inaceptables las condiciones laborales del conjunto de la población trabajadora”

El empresariado también tiene “mucho por hacer para poner freno a una precariedad laboral desmedida. Las mujeres no pueden seguir siendo quienes sufren en mayor medida el empeoramiento de sus condiciones laborales”.

La precariedad laboral en cifras

Los datos de la última EPA arrojan datos “a priori” algo más optimistas en cuanto al aumento de la ocupación y leve descenso del paro, aunque la realidad que encontramos tras estos datos sigue teniendo como protagonista la parcialidad, la temporalidad y la precariedad.

En Castilla-La Mancha hay 123.600 mujeres menos que hombres incorporadas a la actividad. Situándose la tasa de actividad de las mujeres en un 51,45% y la de los hombres en un 66,05%, con una brecha de género de 14,6 puntos (3,3 puntos más que la brecha estatal).

Hay 32.800 mujeres más en el paro que hombres. La tasa de paro en las mujeres es de un 25,68% y la de los hombres el 14,01%, con una brecha de género de 11,67 puntos (8,31 puntos más que la brecha estatal). Además las mujeres nos encontramos con una tasa de temporalidad del 29,6%, datos que no mejoran.

La parcialidad sigue siendo nuestro caballo de batalla. Ocupando las mujeres el 76% del empleo a tiempo parcial, mayoritariamente de forma impuesta e involuntaria, cuya razón principal es la imposibilidad de encontrar un empleo a tiempo completo, así como la necesidad de realizar las tareas de cuidados de mayores y menores dependientes y del hogar (causa de inactividad para 1 de cada 3 mujeres inactivas, por 5 de cada 100 hombres). Estos datos evidencian una falta de conciliación y corresponsabilidad real, con medidas obsoletas, que no responden a la necesidad social existente.

El empleo precario, la segregación ocupacional y la concentración en determinadas ramas de actividad son características de una parte del empleo femenino. Además, la participación de las mujeres en los empleos con mayores salarios es inferior a la de los hombres.

“La brecha salarial es la consecuencia económica de una cadena de discriminaciones hacia las mujeres que comienza antes de que lleguen al empleo, se mantiene mientras permanecemos en él y se perpetúa una vez finalizada nuestra vida laboral, traduciéndose en unas pensiones de miseria”.

“La desigualdad persistente entre mujeres y hombres es una cuestión prioritaria, no podemos olvidar que la igualdad es un derecho constitucional y como tal debe ser garantizado”, concluye Martínez.