Cifuentes, que ha hecho el estreno absoluto de su nuevo espectáculo en el Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro, vuelve a demostrar porque es uno de los grandes actores de teatro clásico de nuestro país, capaz de hacer monólogos y lecturas dramatizadas manteniendo en todo momento la atención del espectador.

El actor de Albacete logra que el público —entre el que se encontraba el actor , que disfrutó como el que más— pase de la risa a la emoción en cuestión de segundos, multiplicando exponencialmente su capacidad de sentir, algo que no deja de ser el objetivo fundamental del teatro o, al menos, así debería ser: diversión, sentimiento y un poso de reflexión.

Juanma Cifuentes, que aprovecha cualquier mínima oportunidad para rebajar la tensión que a veces subyace en el texto riéndose hasta de su sombra, lo que no sería mal ejemplo para rebajar la tensión en una sociedad siempre estresada, defiende a ‘Marcos de Obregón’ —y por ende a Vicente Espinel— con pasión, oficio y acierto, al tiempo que, como reconocía en una entrevista con Europa Press, demuestra que disfruta con lo que hace.

ESCENOGRAFÍA E ILUMINACIÓN

Para ello simplemente se apoya en una escenografía básica compuesta por una mesa —“que ya ha probado el gordo” bromea Cifuentes durante su espectáculo—, una silla, un atril y una preciosa maqueta de un barco junto al músico, además de ser uno de los primeros espectáculos que aprovechan completamente los encantos del edificio de la .

Básica también en esta producción, cuyo espacio escénico ha sido diseñado por Amparo Pascual y Cayetano Astiaso, es la iluminación de Cayetano Astiaso (AAI) que guía no sólo a Cifuentes por el escenario sino al público por los innumerables rincones que recorre el protagonista, “que no imagino hasta donde habría llegado si hubiera existido ” apostilla entre risas.

Seguro que si Vicente de Espinel, más allá de que las aventuras que narra sean vivencias propias aliñadas para hacerlas más interesantes, hubiera podido elegir a su Marcos de Espinal, habría hecho lo que Amparo Pascual y habría seleccionado a Juanma Cifuentes.

Y es que el actor albaceteño es capaz de dotar al personaje de la agudeza e ironía que requiere para la representación de historias de humor, pero también de desdichadas, proyectos incumplidos, desdenes amorosos y, en definitiva, hacer un retrato de la España en los albores del siglo XVII con un amplio retablo de personas, usos y costumbres.