Y es que COAG ha mostrado su oposición frontal a los “recortes” de agua para riego propuestos por la para más de 1,5 millones de hectáreas del Alto Guadiana para la campaña 2020.

“Resulta injusto e irresponsable que se propongan nuevos recortes en base a simulaciones virtuales realizadas por una programa informático que no refleja la realidad de las extracciones de los últimos 25 años. Máxime cuando los agricultores/as de esta comarca llevan más de dos décadas con la mitad de las dotaciones que las que les corresponde por ley”, ha criticado la coordinadora.

“En un escenario de sequía extrema, caso de los años 1995 y 2006, los agricultores somos los primeros en asumir los recortes, pero estamos lejos de ese contexto de emergencia”, han defendido desde la organización agraria.

Según COAG, se trata de una medida de “supuesta planificación” que la Confederación Hidrográfica del Guadiana pretende implantar en 2020 en las seis masas de agua subterráneas de los antiguos acuíferos 23 y 24.

En concreto, los regantes contarían con un 10% menos de disponibilidad de agua para riego: 1.800 metros cúbicos de agua por hectárea para los cultivos herbáceos —tras descontar 200 sobre los 2.000 m3/ha que tenían prorrogados—, y 1.350 m3/ha para los leñosos, excepto si los valores de la dotación fueran inferiores a 1.500 m3/ha.

En este caso se tendrían concesiones de 750 metros cúbicos por hectárea para la vid, 550 m3/ha para el olivo, 500 m3/ha para el pistacho y 1.100 m3/ha para el almendro. “Con unas explotaciones en el umbral de la rentabilidad, se exige un nuevo esfuerzo a los agricultores y ganaderos del Alto Guadiana. Esto puede suponer la puntilla para miles de pequeñas y medianas explotaciones, situadas en la comarca agraria con las dotaciones de agua más bajas de toda España, ya que se está regando con el 50% de los derechos asignados por la legislación”, ha argumentado la COAG-CLM.

“Necesitamos una planificación hídrica para la agricultura del Alto Guadiana que apueste en el medio-largo por el mantenimiento del principal motor económico y social de esta comarca, las explotaciones familiares. El valor añadido de la agricultura de regadío es uno de los grandes frenos al despoblamiento. Nuestros pueblos no se llenan de vida con discursos y buenas intenciones”, ha concluido la organización.