La violencia machista ha vuelto a matar, ha vuelto a asesinarnos; y ha sucedido otra vez en nuestra región, a nuestro alrededor. Resulta pavoroso contar los días de este recién estrenado 2020 y ver las cifras de feminicidios. Números que esconden seres humanos: madres, abuelas, hermanas, hijas… con rostros e historias, que nos miran desde las fotografías ajenas a su fatal destino o permanecen en un anonimato tan escandaloso como los gritos que se nos escapan por cada una de ellas.

Hoy nos golpea el machismo desde Granada, ayer en La de Almoradiel, y no le ha importado arrebatar el bien único e inalienable que es la vida porque se ha sentido con el poder superior para decidir sobre la existencia de una mujer, ni grabar una imagen de horror absoluto e indisoluble en la vida de dos menores.

Condenamos absolutamente este asesinato y nos sumamos al dolor de su familia y gente allegada, deseando con fervor que fuera el último, que ninguna mujer, por el hecho de serlo y de sentirse, tuviera que soportar el daño que el machismo imprime en los actos y voluntades de cada una.

En estos tiempos que paradójicamente demonizan esta lucha, que quieren esconder de puertas para adentro el sufrimiento de las mujeres y que se ceban cruelmente en su descendencia, sabemos que jamás nos alejaremos de las víctimas, nunca un silencio que no solo es cómplice, sino que deviene en culpable; en absoluto la indiferencia o la victimización para unas, ni un aliento o un ápice de comprensión para los otros. Es cierto sí, que la violencia es inasumible en todos los casos, como también lo es la negación de que las mujeres son diariamente el foco de la misma. Lo vemos y respiramos en nuestras casas, en las calles, en los lugares de ocio y de trabajo, en los medios de comunicación y hasta en las instituciones que deberían velar por la protección, la seguridad y la educación para desterrar de una vez por todas que alguien se crea por encima de determinadas personas que tiene a su alrededor y se sienta legitimado para ser su verdugo.

Pobre una sociedad que se plantee siquiera mínimamente una vacilación o un paso atrás en los derechos y cuidados de su gente. Hemos de huir de argumentos fáciles, con frecuencia falaces, y de las argucias que utiliza el patriarcado para silenciarnos como ciudadanía y anularnos como mujeres y hombres. Reclamamos un Pacto de Estado contra la violencia machista que sea una herramienta útil contra esta aberración y brinde garantías de solución a las necesidades de las mujeres. En Podemos C-LM vamos a ser siempre firmes en nuestra defensa de las personas, siempre al lado de quien nos necesite, rebeldes ante navajas, golpes, gritos, comentarios o desprecios, fuertes por quien es vulnerable, en pie y de frente ante los criminales y sus camarillas.

No serán invisibles. No las olvidaremos. Ni una más. Ni una menos.