Los grabados o graffiti murarios del molino de Pingazorras se localizan al oeste del actual núcleo urbano de La Puebla de Almoradiel, junto al cauce del río Cigüela. El incendio sufrido por el edificio en 2017 y las lluvias torrenciales de 2018 y 2019 dejaron al descubierto sobre las paredes del interior del molino uno de los conjuntos de graffiti murarios más importantes de La Mancha, tanto por extensión como por variedad temática y tipológica, según ha informado la UCLM en nota de prensa.

Los trabajos de campo codirigidos por el propio Onrubia y el investigador han permitido sacar a la luz diferentes motivos entre los que destaca la presencia de varias cruces de brazos curvilíneos, muy populares en todas las regiones del norte de España, especialmente en el País Vasco donde son conocidas como lauburu, pero muy poco comunes en el resto de España. A estos motivos se suman otros como cruces de calvario bajo templete, rosetas hexapétalas, flores de la vida, figuras humanas -grabadas y pintadas-, una representación esquemática de un molino de viento, numerales, fechas y representaciones animales.

Para la correcta documentación de las representaciones aparecidas, datadas entre finales del siglo XVIII y principios del siglo XX, los investigadores de la Universidad regional han empleado nuevas tecnologías que permiten digitalizar en 2D y 3D los símbolos y dibujos que se conservan en las paredes del molino, incluso aquellos que no son visibles para el ojo humano.

El trabajo realizado por el grupo Arqueología y Patrimonio de la UCLM en el molino de Pingazorras ha sido posible a través del proyecto para el estudio y documentación integral de grabados rupestres en el campo de , cofinanciado por la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha en el marco de la convocatoria de subvenciones para la financiación de proyectos de investigación del patrimonio arqueológico y paleontológico de Castilla-La Mancha para el año 2019.

Dada la complejidad y diversidad de los grabados aparecidos, el estudio se va a prolongar hasta finales de 2020, siendo la prioridad, según el profesor Onrubia, “la conservación del conjunto”. En este sentido, los investigadores advierten que las representaciones, tras permanecer ocultas durante décadas tras varias capas de cal, “corren un serio peligro de desaparición por la posibilidad de desplome del edificio” y aseguran que precisamente ha sido la cal la que ha permitido que muchos de estos motivos grabados conserven todavía pintura roja como elemento decorativo, “algo extraordinariamente inusual, que convierte a este conjunto en uno de los más importantes de la región”.