Miguel Barnés nació en Casas Ibáñez en 1954. Pintor por vocación y autodidacta, dejó la Banca, en la que estuvo trabajando hasta los 27 años, para dedicarse a su gran pasión: la pintura.

La pintura de Barnés es visceral, en ella pone todo su espíritu, su forma de ser y de entender la vida. Persona altruista y solidaria, Miguel ha heredado de su familia el embrujo del arte; la pintura, la música o la danza han formado parte de su vida desde que nació ya que en su familia ha habido, y hay, varios artistas. Tras muchos años de aprender técnicas y métodos, Miguel Barnés, se siente actualmente en su mejor momento como pintor.

Este pintor albaceteño, especialmente sensible hacia los más necesitados, ha demostrado, a lo largo de su trayectoria profesional, ser una persona que se siente bien ayudando a los demás. Barnés piensa que es posible un mundo más humano, donde las personas sean piedra angular del desarrollo de los países, por encima de poderes establecidos, de grandes cifras económicas y de superpotencias que colonizan a otras sólo por apropiarse de alguna de las riquezas que puedan atesorar.

De talante algo tímido, Miguel considera que el arte está reñido con la política. Para el pintor albaceteño la política va a un fin que son los votos, y el arte va al individuo como individuo, “queda como idea en las personas que lo han recibido”.

Barnés ha recorrido algunos de los países más pobres del mundo para pintar su realidad, - entre ellos el Pueblo Saharaui y Burkina Faso, en el África Occidental-, pero sobre todo para averiguar de primera mano la gran indiferencia que existe, por parte de los gobiernos internacionales, cuando de solidaridad se trata.

Atendiendo la llamada de LA CERCA, Miguel, ha realizado dos pinturas, especiales para la ocasión, para entregar como galardón en los premios SOLIDARIOS 2004, que anualmente entrega la revista de Albacete. Nuestro agradecimiento, impagable, a Miguel Barnés por hacer que estos premios sean, gracias a su colaboración y a la entidad de los premiados, un poco más importantes.

¿Es pintor por vocación o porque la vida le ha llevado a ello?

Soy pintor por vocación, nadie se tira al vacío por gusto sino por una decisión meditada, y digo lo de vacío porque estuve trabajando hasta los 27 años en un oficio tan respetable como es el de la banca, con un contrato de por vida donde hasta mi jubilación estaba ya predeterminada, y lo dejé todo por la pintura.

¿Qué es para Miguel Barnés el dinero?

Más que definir qué es el dinero, habría que preguntarse cuánto dinero quiere tener uno, si quiere atesorar mucho o si quiere sólo el que le permita vivir la vida que quiere. A mí me interesa el dinero desde el punto de vista de cubrir mis necesidades, pero no por ejemplo el de tener muchas acciones de una empresa o tener muchos pisos para tener dinero invertido, ese tipo de cosas no me interesa. Me interesa más la libertad de no tener dinero.

¿Desde cuando pinta, hay antecedentes en su familia?

Pinto desde pequeño, en mi familia hay antecedentes de artistas. En estos momentos en mi familia, por parte de mi madre, hay cuatro o cinco pintores, en general toda mi familia esta bastante inclinada al arte, tengo un hermano músico y otra hermana en el mundo de la danza. Digamos que el arte es algo familiar.

¿La pintura le ha dado la libertad personal que quizá la banca no le podía dar?

Uno puede trabajar por las mañanas y dedicarse a otra cosa por las tardes, pero yo soy muy visceral y necesito dedicarme en cuerpo y alma a cualquier proyecto que desarrolle. Necesitaba, no tanto el tiempo, sino todo mi espíritu. Dejé de trabajar en el banco y tuve que empezar a aprender a pintar, tomé la decisión a riesgo de no alcanzar unos ciertos niveles técnicos pero lo más importante es que me llevaba la idea de lo que quería ser.

Hoy, veintitantos años después, ya tengo la técnica, los contactos, los criterios, incluso me certifico cada vez más de la decisión que tomé en su momento de dedicarme a esto. Ahora es cuando más pintor me siento. El trabajo, el esfuerzo, el ser una persona desconocida, el tratar de vender los primeros cuadros, es lo que ha hecho marcar mi personalidad y contienen la parte magra de mi trabajo. Luego está el personal y espiritual que son los que nutren el trabajo técnico de la pintura.

¿Es un pintor autodidacta o se ha formado en algún sitio?

Cuando yo intenté entrar en la las cosas no eran como ahora, se hacía un examen de estatua y entraban unos treinta aspirantes a pintores al año. Había unas listas, en las que yo no estaba, y costaba bastante entrar. Al segundo intento, y viendo que mi estatua era mejor que muchas de las que habían escogido, decidí abortar el tema y ser autodidacta, es decir, aprendí pintando, viendo exposiciones y con gente que me enseñó a pintar, incluso mejor que en Bellas Artes.

¿Cómo es la pintura de Miguel Barnés?

Mi pintura sobre todo es visceral, es una pintura que me sale del alma, porque yo no distingo entre mi vida personal y mi vida pictórica, forman una unidad. Es una búsqueda, no tanto pictórica como personal de mí mismo. Desde el momento en que me dediqué a esto ha sido una búsqueda constante hacia mi interior. No se trata tanto de llegar sino del propio intento. Se trata de ser mejor como persona, de ser más grande interiormente, de hacerte querer y valer desde la perspectiva del respeto a los demás.

¿Qué significa para Miguel Barnés la palabra solidaridad?

Mi postura con la solidaridad es muy radical, con sólo un poco de lo que se están gastando en Irak, se podía enseñar a leer y escribir, crear hospitales, ayudar a los países a salir adelante y que no haya corrupción, eso es solidaridad. Todo lo demás es darse cabezazos contra la pared. El que estemos alimentando a base de habichuelas y latas de atún al pueblo saharaui no quiere decir que estemos solucionando su problema, estamos alargando el problema, la solución es política, de tres o cuatro países, entre ellos Estados Unidos y España, que les interesa que siga siendo así por sus relaciones con Marruecos.

Ningún país es solidario si no va a sacar ningún beneficio en ello, pero a pesar de eso soy optimista en que los pueblos pueden cambiar esto. Podremos hacer que los emigrantes, que ahora vienen a España, no tengan que hacerlo porque ayudaremos a que tengan trabajo en su país. Este pensamiento que yo tengo lo tiene muchísima gente, y la próxima generación exigirá a todos los países que tengan verdadera solidaridad. La verdadera solidaridad de un país no consiste en dar pequeñas subvenciones a las ONG’s para salir en la foto. La solidaridad únicamente está practicándose desde pequeños grupos, desde ONG’s y, sobre todo, los misioneros, que están llevando un poco de ayuda a todos los rincones del mundo. La solidaridad, en palabras grandes, está haciéndose con palabras pequeñas por pequeños grupos, no por los gobiernos que son los que podían realmente solucionar el problema.

¿Y la palabra Globalización?

La palabra globalización tiene varias connotaciones, una desde el punto de vista de la industrialización, donde, por ejemplo, zapatos de Almansa se están fabricando en India o China, porque allí pagan menos salarios, y en Almansa se están quedando sin empleo, esa es la globalización real. La globalización en cuanto a la solidaridad va a trocitos. Cuando hay una conferencia a nivel mundial y llegan los grupos antiglobalización, están diciendo que sí por no, que sí esta bien que haya una macroeconomía a nivel mundial, pero que son necesarios los microcréditos, que es necesario que se atiendan las necesidades más pequeñas de los países subdesarrollados y darles más oportunidades para su desarrollo, que se les deje crecer, que no se base todo en la economía de los países más poderosos. Afortunadamente, cada vez hay más grupos antiglobalización para despertar las conciencias.

¿Qué opina de la política a nivel cultural que se realiza en España?

Estamos aprendiendo bastante, pero son los propios interesados los que están moviendo las estructuras. En cuestión de arte en España nos falta competitividad a nivel internacional. Aquí hay tan buenos pintores como puede haberlos en otros sitios, pero en la política de llevarlos, la política de exposiciones y museos internacionales, de contactos e intercambios, quizás nos falten unos poquitos años más para llegar a un estatus como el europeo. Yo creo que ni se hace bien, ni mal, simplemente se está haciendo, y poco a poco se ven artistas españoles que ya se están empezando a reconocer a nivel internacional.

¿Tienen color político los artistas?

Contra lo que pueda pensarse los artistas no tienen necesariamente que ser de izquierdas, hay artistas de todos los niveles políticos, una cosa no tiene nada que ver con la otra. Lo que ocurre es que el artista en sí mismo, por naturaleza, es un revolucionario, y por norma general es apolítico. Es un revolucionario en el sentido de intentar cambiar todos los planteamientos artísticos anteriores y crear unos nuevos. Quizá a principios del siglo XX los artistas tuvieran inclinaciones políticas, pero en la actualidad no, ningún artista pertenece a un partido político, es más, si el arte tiene un enemigo ese es la política. La política va a un fin que son los votos, y el arte va al individuo como individuo, queda como idea en las personas que lo han recibido.

¿Qué opina de las subastas de arte?

Esas grandes subastas no tienen nada que ver con el arte, son solamente inversiones, en las que siempre prima el ego personal de decir que yo tengo el cuadro más caro de mundo y no lo tienes tú. El artista cuando pinta no está pensando en el valor que tendrá ese cuadro.

¿Se puede vivir hoy de la pintura?

De la pintura y alrededores, -ríe-, haciendo algún retrato y algún encargo. Para vivir exclusivamente de la pintura hay que tener un currículo muy extenso y que se te conozca. Un pintor puede pintar lo que quiera siempre y cuando deje de un lado la cuestión económica. El artista como tal no existe si no tiene su economía resuelta.

¿Qué le inspira cuando se sienta delante de un lienzo en blanco?

Yo tengo un problema, y es que toco todos los palillos y todas las técnicas. Todos los estilos los manejo bastante bien, quizá esto es incluso perjudicial ya que frena mi inspiración. Llegó un momento en que uno de mis trabajos lo llamé “Desfracmentaciones” para poder meter todos mis estilos dentro del mismo cuadro. Lo que me inspira es la vida misma y lo que me rodea. Mí postura ante los temas vitales es un poco ir en contra, sí que necesito vender para vivir, pero es cierto que pinto abstracciones de alguna manera para tocar las narices a los demás, para decir no quiero pintar comercial.

¿Cuántas exposiciones lleva hechas?

En los 30 años que llevo pintando no sé el número de exposiciones que he realizado, han sido muchas las que he hecho por toda España, tanto individuales como colectivas. He estado muchos años investigando y aprendiendo, todavía hoy lo hago, para adquirir ciertos niveles. Mi obra comenzó con mi llegada a Madrid, inicialmente en el apartado más abstracto y formalista, por entonces estaba “La Movida Madrileña” y la Pintura de los Ochenta, yo me nutrí en esas bases. Por generación me correspondía pero por actividad plástica yo estaba comenzando en esos momentos. Me considero más pintor de principios del siglo XX y comienzos de este. Desde entonces he estado pintando, exponiendo y aprendiendo de acá para allá, y ahora parece que todo va viento en popa, me estoy extendiendo geográficamente; mis contactos llegan bastante lejos, incluso a Francia; me estoy introduciendo en Madrid, porque creo que es el momento en que mi obra ha alcanzado una madurez y una consideración, siendo lo bastante buena para poder defenderla y defenderse ella en los foros.

Si le dijera que pintara cómo ve usted el mundo, ¿qué cuadro haría?

Tengo la imagen de un pintor árabe residente en Alemania, un cuadro de dos metros por tres, en el que sobre una bandera americana hay un desnudo de una mujer con la cara de Bin Laden y se llama “Gran Desnudo Americano”, quiero decir que esto está condicionando la vida del planeta, la cara de Bin laden es la gran excusa, los que antes eran guerrilleros o revolucionarios ahora son terroristas. Otra imagen que vi el otro día y que me impactó fue la cara de Bush formada con las fotografías de todos los soldados muertos en la guerra de Irak.