Así lo ha explicado a su promotor, Fernando Núñez, quien ha recordado que las primeras 200 entradas para el espectáculo se agotaron en cinco horas y media porque “la expectativa ha sido grandísima”, lo que ha obligado a cambiar la ubicación inicial, en la iglesia, por el claustro del monasterio para la puesta en escena de “una de las grandes obras del siglo XX, la más excelsa”.

Dicha puesta en escena ha sido concebida como homenaje a sus padres, ya fallecidos, en el centenario del nacimiento de su progenitor, así como a la “generación de padres de la posguerra, por sacar adelante a las familias en una época tan dura”.

Un reconocimiento que, a juicio de Núñez, “se queda corto, porque se merecen mucho más”, y que situará a Uclés “en el sitio que le corresponde como centro cultural”. “Será un hito, una versión rompedora, por la forma en cómo se va a exponer y porque es una producción que se realiza muy pocas veces”, ha abundado.

Tras insistir en que será “una forma de ver y entender esta obra que nunca se ha visto”, ha agradecido su colaboración a la dirección del propio , al Ayuntamiento de la localidad y a la Denominación de Origen de Uclés por su “aportación fundamental” para el desarrollo de esta propuesta, que tendrá una duración aproximada de hora y media.

Con respecto al apartado musical, la soprano , el tenor y el barítono por un ensemble de percusión, dos pianistas y un coro cuya actuación se verá realzada por un espectáculo multimedia que, según el director musical, , “trata de recrear esa primera escenografía que pensó para la obra el propio autor”, . Como licencia artística, Ortiz ha introducido instrumentos como la flauta travesera y flautín, contrafagot y fagot, violonchelo y viola, “para apoyar diferentes escenas”.

En relación al cambio de ubicación del espectáculo por problemas de aforo, Ortiz ha afirmado que este “contratiempo puede hacerlo incluso más interesante desde el punto de vista artístico y musical, por lo que hemos ganado en espectacularidad”, valoración en la que coincide el director artístico, , que ha introducido al propio claustro “como una parte más de la obra”.

Y ello, gracias a la iluminación y a un audiovisual diseñado a partir de unos 200 dibujos “que le dará una magia especial a la representación”, pensada para “disfrutar con los cinco sentidos, porque Carmina Burana es una obra absolutamente sensorial”, ha concluido.