En las últimas semanas, los robos en bares, viviendas, corrales, y hasta en algún edificio religioso han estado a la orden del día, de ahí que los habitantes de estas pequeñas localidades hayan decidido salir a la calle para reivindicar, en este caso en Alcolea, que vuelva el cuartel al pueblo y que se incremente la presencia de agentes de la Benemérita.

Una concentración a la que se han sumado cientos de personas en un pueblo que apenas tiene 150 en invierno, y que ha ido precedida de una marcha pacífica que ha recorrido los aproximadamente 250 metros de distancia que hay desde el Ayuntamiento hasta este antiguo cuartel, con la participación de vecinos de Alcolea del Pinar, Iniestola, Ciruelos, Luzaga, Mazarete, Maranchón, Aguilar de Anguita, Saúca, , Anguita, Codes, Ablanque o Bujarrabal.

También se han sumado a esta movilización los pueblos de Tórtola, Codes, Jodra, Sotodosos, Villarejo, Estriégana, Garbajosa, Saelices, Tumiel, Clares, Corduente, Luzón y La Riba, con pequeñas pancartas identificativas de sus propios municipios.

En algunos de ellos apenas vive gente en invierno, y sus escasos habitantes están atemorizados por la inseguridad que sufren, una inseguridad que se ha acentuado en este último mes con robos en Alcolea, Anguita, Saúca o Aguilar, todos ellos municipios muy cercanos.De hecho, en Alcolea, algunos de estos vecinos han comenzado a salir a la calle por la noche para vigilar, según ha comentado una vecina.

En todo caso, esta movilización es la primera y no descartan seguir saliendo a la calle si no paran los robos.

DEFENDER LOS PUEBLOS

La pintora y escultora ha sido la encargada de dar lectura a un cuento en el que se relataba la muerte de un hombre mayor y de su perro a manos de los ladrones en un pequeño pueblo.

Por su parte, , el que fuera Defensor del Menor en la Comunidad de , vinculado con Alcolea del Pinar por su esposa, ha leído un manifiesto en nombre de todos los alcaldes de la zona cuyo mensaje central era la necesidad de defender a los pueblos, hoy más indefensos que nunca.

La mayor parte de los asistentes han coincidido en reseñar que, si bien hasta ahora casi lo único que tenían los pueblos era la tranquilidad y la vida y el aire sano, ahora eso ya no se tiene.

Faustina, una de las vecinas de uno de estos pequeños pueblos, ha explicado que ella antes dejaba la puerta abierta para hablar en la calle y ahora ya no puede porque tiene miedo, un temor que comparten otros muchos habitantes, la mayoría mayores, que ya no se sienten seguros.