En nota de prensa, el museo ha explicado que el cuadro presentaba importantes daños, con pérdidas de policromía, y estaba afectado por numerosos repintes procedentes de una primera restauración realizada entre 1813 y 1823.

El proceso de restauración acometido por Mª Dolores Fúster, restauradora del IPCE, ha consistido en la limpieza del barniz envejecido y oxidado, la consolidación puntual de la capa pictórica, la retirada de los repintes y la reintegración de las pérdidas cromáticas para devolverle a la obra una lectura coherente y de conjunto.

La intervención, según el museo, ha exigido un estudio previo muy detallado. La fotografía con luz ultravioleta sirvió para identificar los repintes añadidos en tratamientos anteriores. Una radiografía completa ayudó a destacar cada una de las pérdidas que presentaba la obra, una ayuda imprescindible y eficaz durante la limpieza y recuperación de la pintura original.

Un estudio por medio de reflectografía de infrarrojos permitió detectar también las faltas de la pintura original y los añadidos posteriores.

Por último, se tomaron micro-muestras de la capa de color para estudiar, mediante estratigrafías y análisis químicos, sus componentes y su estructura interna.

LA OBRA

Francisco Herrera el Viejo pintó el ‘Pentecostés’ en 1617 para el Oratorio del Noviciado de la Casa Grande de la Merced Calzada, en .

En el siglo XIX se incluyó en el catálogo de la colección privada del canónigo Manuel López-Cepero, ofrecida por sus herederos en subasta pública en 1860.

Probablemente, fue una de las pinturas compradas a los Mercedarios antes de que entrara en Sevilla el ejército francés en 1810. Desde 1921 la obra pertenece a la colección del Museo del Greco, tras su adquisición por su fundador el II marqués de la Vega-Inclán.