El riesgo químico es un problema global que afecta tanto a la salud de la población como al medio ambiente, en especial a los millones de trabajadores y trabajadoras que se exponen diariamente a las sustancias y productos en sus lugares de trabajo.

Una de cada tres enfermedades profesionales se debe a la exposición a sustancias químicas, según el (ETUI-CES). Y esta exposición provoca la muerte de 74.000 personas trabajadoras cada año en Europa. Esto significa que los trabajadores y las trabajadoras tienen diez veces más riesgo de morir por exposiciones a sustancias peligrosas que por accidentes de trabajo.

Como resalta la coordinadora del Gabinete regional de Salud Laboral de CCOO, , “la prevención del riesgo químico es una tarea de todos, y para poder prevenirlo es necesario disponer, en primer lugar, de información sobre las sustancias implicadas, sus características y sus usos, a través de las etiquetas de los envases de los productos químicos que se utilizan y de las fichas de datos de seguridad (FDS)”.

Esta información es imprescindible para que la empresa y los representantes sindicales puedan conocer los peligros que éstos representan y plantearse las medidas necesarias para eliminarlos o controlarlos.

Respecto a los cambios en los reglamentos europeos REACH y CLP, Payo señala que se han adaptado al Sistema Global Armonizado (SGA) de las Naciones Unidas. Esta armonización mundial de las reglas sobre productos químicos “beneficiará a las empresas, cuyas ventajas aumentarán conforme más países del mundo vayan incorporando los criterios del SGA a su legislación. Del mismo modo, los trabajadores y los consumidores de todo el mundo deberían beneficiarse de una herramienta armonizada de comunicación de peligros mediante el etiquetado.