Los Fondos de Cooperación nacieron con la intención de ser un instrumento al servicio de los municipios que dedican una parte de sus presupuestos a la solidaridad y la cooperación, ofreciendo a sus miembros la posibilidad de trabajar conjuntamente y propiciando, así, iniciativas de mayor envergadura que las que podría acometer cada entidad de forma individual. Para las Organizaciones No Gubernamentales de Desarrollo (ONGD) y las asociaciones que desarrollan proyectos de cooperación al desarrollo, los Fondos suponen la ventaja de ser una alternativa a la dispersión de pequeñas convocatorias de Ayuntamientos, con criterios de financiación y de gestión diferentes, pues los Fondos establecen criterios y bases de convocatorias comunes.
El Fondo Castellano-Manchego de Cooperación aglutina fondos económicos de los Ayuntamientos, Diputaciones Provinciales, Junta de Comunidades, empresas, particulares y otras entidades públicas o privadas de Castilla-La Mancha para la puesta marcha de iniciativas conjuntas de cooperación al desarrollo. En la siguiente entrevista concedida a la revista LA CERCA, el presidente de la Fundación Castellano-Manchega de Cooperación y consejero de Bienestar Social de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, Tomás Mañas, expone las líneas de trabajo coordinadas desde la Fundación, realiza un balance de las mismas y destaca la importancia del voluntariado, sin cuya colaboración no se podría realizar ningún proyecto solidario.
La progresiva toma de conciencia del pueblo castellano-manchego de las carencias y discriminación económica de los países más desfavorecidos ha tenido como consecuencia que, año tras año, tanto la Administración regional, como las diversas Administraciones locales, destinen una parte de sus presupuestos anuales a la ayuda internacional al desa-rrollo, con el objetivo puesto en alcanzar el 0,7% de sus respectivos presupuestos.
Este hecho ha llevado a la proliferación de convocatorias de ayudas, sobre todo de los Ayuntamientos, a las que concurren las Organizaciones No Gubernamentales de Desarrollo (ONGD) con el objeto de canalizar esos recursos económicos hacia los países menos desarrollados.
Pero se hacía necesario un esfuerzo de coordinación de todas esas iniciativas y para ello se creó el Fondo Castellano-Manchego de Cooperación.
Por ello, y tomando como referentes, fundamentalmente, la Declaración sobre el Derecho al Desarrollo, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, los compromisos alcanzados en la Cumbre de Desarrollo Social de 1995 y los Objetivos del Milenio, se promulgó en Castilla-La Mancha la Ley 3/2003, de 13 de febrero, de Cooperación Internacional para el Desarrollo, que prevé en su artículo 11 la creación del Fondo Castellano-Manchego de Cooperación y establece que su forma jurídica sea la de Fundación.
Esta entidad sin ánimo de lucro financia proyectos de cooperación internacional para el desarrollo en los sectores de infraestructuras y servicios sociales básicos, de los derechos humanos, sector económico, mediambiental, etc.; proyectos de emergencia y acción humanitaria, así como actividades de sensibilización y educación para el desarrollo, que son realizadas directamente por la Fundación.
También se ha empezado a llevar a cabo desde la Fundación alguna experiencia concreta de estrategias de codesarrollo, potenciando especialmente las actuaciones coordinadas entre asociaciones de inmigrantes y agentes de cooperación de Castilla-La Mancha.
En este aspecto, el presidente de la Fundación Castellano-Manchega de Cooperación, Tomás Mañas, cree que todavía queda mucho camino por recorrer, puesto que se trata de una línea de actuación relativamente nueva, iniciada en Francia a finales de la pasada décaca para integrar inmigración y desarrollo de forma que ambos países, el de envío y el de acogida, puedan beneficiarse de los flujos migratorios, de manera que el aporte de los inmigrantes al país de acogida no se traduzca en pérdida para el país de envío.
La Fundación trabaja en países de Índice de Desarrollo Humano bajo o medio, definidos así por el informe anual que elabora el Programa de las Naciones Unidas para el desarrollo.
Tomás Mañas especifica que la Fundación está “allí donde existe una mayor tradición de cooperación por parte de las Organizaciones No Gubernamentales para el Desa-rrollo (ONGD) de Castilla-La Mancha, que no escapan al compromiso de España con el Sur y Centroamérica”, concreta, para añadir que intentan hacer compatibles las actuaciones en América con la promoción del trabajo en el África Subsahariana.
La concentración de esfuerzos en un número limitado de países posibilita la continuidad en el trabajo y un mayor impacto de las actuaciones. Con esta premisa, las prioridades geográficas de actuación son: en América del Sur, Bolivia, Ecuador, Perú y Colombia; en Centroamérica y Caribe, El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua y República Dominicana; en África del Norte y Oriente Medio, Marruecos, Mauritania, Población Saharaui y Territorios Palestinos; y en África Subsahariana, Burkina Faso, Malí y Senegal.
El Fondo Castellano-Manchego de Cooperación pretende aglutinar en su seno gran parte de las cuantías que, sobre todo desde las Corporaciones Locales y también, aunque en menor medida, del sector privado empresarial, se dedican a la cooperación internacional para el desarrollo, fomentando así mismo la participación y asesorando en materia de cooperación al desa-rrollo y voluntariado.
Según indica el presidente de la Fundación Castellano-Manchega de Cooperación, los proyectos que tienen verdadero impacto en las comunidades donde se ponen en marcha y que son capaces de generar desarrollo y bienestar son caros, por lo que es necesario sumar pequeñas cuantías de diversas procedencias para convertirlas en actuaciones eficaces. Por ello, prosigue el Presidente, uno de los principales objetivos de la Fundación es promover la mayor participación posible.
Como Fundación, señala Tomás Mañas, “tenemos que conseguir ser referentes para las Corporaciones Locales porque la cooperación necesita de actuaciones eficaces, coordinadas y complementarias unas de otras”, asegura.
Bajo el título “Castilla-La Mancha solidaria con África. Escasez alimentaria y sequía en la zona del Sahel”, la Fundación Castellano-Manchega de Cooperación ha realizado la primera campaña de emergencia de recaudación de fondos que se lleva a cabo desde su creación, con el fin de aunar las voluntades de toda la sociedad para paliar la escasez alimentaria, las necesidades sanitarias y el acceso al agua potable de esta zona del planeta donde, de los 50 millones de personas que viven en ella, 17 millones pasan hambre y donde casi la mitad de su población vive en el umbral de la pobreza, el 58% no tiene acceso a servicios de salud y el 39% carece de agua potable.
Esta campaña se encuadra dentro de las líneas de trabajo de la Fundación en situaciones de emergencia y acción humanitaria, ya que no sólo interviene en emergencias causadas por desastres ambientales, de inestabilidad política o conflictos bélicos, sino también en lo que Tomás Mañas denomina “emergencias olvidadas, crisis que tienen su origen en múltiples causas, todas ellas muy complejas y con las que desgraciadamente convivimos día a día sin saberlo, porque no salen a relucir en los medios de comunicación, con lo cual pasan desapercibidas, salvo cuando la situación pasa de la emergencia al desastre más absoluto”, analiza. Es por ello que la Fundación ha querido abrir un espacio de trabajo para estas actuaciones, con las que se pretende, por un lado, recaudar fondos para intervenir en la zona y, por otro, tanto o casi más importante en opinión de Tomás Mañas, “hacer llegar información a la población castellano-manchega y sensibilizarla sobre esta situación, lo que ayudará a situarnos en el mundo y a definir nuestro papel en él”, subraya.
El Fondo está abierto a cualquier tipo de aportación y por cualquier cuantía. Fundamentalmente contribuyen a él Ayuntamientos y Diputaciones Provinciales, si bien cuenta también con aportaciones de empresas, personas solidarias que hacen llegar sus aportaciones y otras instituciones como Colegios Profesionales.
El Gobierno Regional también aporta al Fondo y financia los gastos de funcionamiento de la Fundación para hacer posible que el cien por cien de las aportaciones que recibe se destinen a proyectos de cooperación internacional.
La contribución no es sólo económica sino que va mucho más allá. De hecho, la dirección efectiva de la Fundación cuenta con representantes de las administraciones e instituciones adheridas: “Cuando pusimos en marcha esta Fundación teníamos muy claro que debía ser de los ciudadanos y ciudadanas de nuestra Región, y qué mejor manera de hacerlo que abriendo sus máximos órganos de dirección a las administraciones, instituciones y colectivos sociales que les representan y en los que se integran”, asevera.
Además, Tomás Mañas destaca las aportaciones de la Coordinadora de ONGD y la Universidad de Castilla-La Mancha con sus conocimientos en la materia.
Esta Fundación es una iniciativa novedosa, sin precedentes en Castilla-La Mancha, por lo que el trabajo realizado en estos primeros años de puesta en marcha, en opinión del Presidente, está resultando arduo y lento.
No obstante, se ha detectando “un mayor interés por parte de las Corporaciones Locales acerca de los objetivos que representa, por ser una solución adecuada para la ejecución de esas partidas presupuestarias que dedican a cooperación, para las que muchas veces no tienen siquiera personal adecuado y suficiente para gestionarlo”, afirma, para añadir que también son muchas las empresas que se están interesando por conocer cómo pueden colaborar.
No hay que olvidar, continúa Tomás Mañas, que uno de los principales objetivos del Fondo consiste en estimular la participación ciudadana, obteniendo su complicidad con el fin que persigue la Fundación, que no es otro que erradicar la pobreza en todas sus posibles manifestaciones.
Bajo el punto de vista de Tomás Mañas, en Castilla-La Mancha existe gran conciencia social, reflejada en los presupuestos que consigna el Gobierno regional, “solidarios con su gente y con los que necesitan nuestra ayuda en otros países y en la actitud de los ciudadanos, que han venido ratificando esta política, año a año y elección tras elección, y que son capaces de movilizarse con causas, como en su momento el 0,7%, no hace mucho con el desastre del tsunami en el sureste asiático y el verano pasado con el terremoto de Perú”, asevera, puntualizando que son las personas las que tienen esa conciencia social y en ese sumatorio “necesitamos a cuantas más mejor, para hacer posible cambios de toda índole: políticos, económicos -importantísimos y complicados a la vez-, sociales y culturales que nos permitan estar más cerca de quienes más nos necesitan”, advierte.
Tomás Mañas muestra su total convencimiento de que la manera de fortalecer la participación social es abrir las instituciones y las asociaciones como recurso enriquecedor para ambas partes: “Por la parte que me toca, muchas veces supone un chorro de aire fresco para quienes estamos enfrascados todos los días en la gestión, ya que algunas veces corremos el riesgo de alejarnos un poco de la realidad, y para aquellos colectivos a los que nos abrimos, y con los que dialogamos, les ayuda a tomar conciencia de lo difícil que es, a veces, tomar decisiones y tratar determinadas cuestiones por la multitud de caras que tiene un mismo tema y a las cuestiones que afecta”, indica.
No obstante, no se resiste a señalar que la participación supone “el esfuerzo, para unos, de abrirse al diálogo, y para otros, de asumir la responsabilidad de dialogar y querer ocupar ese espacio de participación que se les ofrece”, distingue, para asegurar que la participación no es un reto que todo el mundo esté dispuesto a asumir porque a veces “resulta más fácil no bajarnos de nuestras posiciones, quedarnos en lo que conocemos y dominamos y mantenernos al margen, que llegar a acuerdos, lo que nos obliga a pisar un terreno que no tenemos tan dominado y muchas veces dejar atrás parte de nuestros planteamientos, unas veces fruto de la negociación y otras porque realmente estaban equivocados”, reflexiona, concluyendo que este recorrido para algunas instituciones y para las personas que están en ellas a veces es demasiado costoso y por ello no se atreven a recorrerlo, permaneciendo a salvo en sus posicionamientos.
El voluntariado es una expresión de la participación social, aunque no la única, y uno de los pilares fundamentales sobre los que la Fundación asienta su trabajo promoviendo y potenciando el voluntariado en Castilla-La Mancha mediante las siguientes líneas de actuación: información, formación y mediación, poniendo en contacto a personas que quieren ser voluntarias con programas que solicitan su apoyo.
La Fundación se constituye, así, como un verdadero motor de solidaridad, con una dimensión exterior, a través de la financiación de numerosos proyectos de cooperación internacional para el desarrollo, y una dimensión interior, con el fomento de la actividad voluntaria en Castilla-La Mancha promoviendo la defensa del interés general de todos sus ciudadanos.
De hecho, el I Plan del Voluntariado fue una de las primeras políticas públicas que con carácter autonómico se pusieron en marcha en España.
Integrado en la Fundación y cumpliendo las directrices del II Plan Regional de Voluntariado, el Observatorio de la Solidaridad ha iniciado su andadura con los objetivos de realizar el seguimiento de las ONGD, el fomento del voluntariado y la recopilación de datos y documentación para propiciar estudios sobre cooperación internacional y el movimiento solidario en la Región.
El voluntariado se ha convertido ya en una parte esencial de nuestro tejido social y ofrece una vía de participación para aquellos ciudadanos que quieren tener parte activa en la solución de los problemas que como sociedad nos afectan. Para Tomás Mañas, la labor del voluntariado es tan importante que, en su opinión, sin la colaboración de los voluntarios muchas organizaciones, no ya en el campo de la cooperación internacional, sino en el resto de áreas sociales y de interés general, no podrían desarrollar sus proyectos y actividades.
Por ello, en palabras de Tomás Mañas, “reconocer el trabajo del voluntariado es, además de un compromiso personal, una obligación para cualquier responsable público”, asevera, para matizar que el hecho de realizar una actividad con carácter voluntario no está reñido con el rigor, la responsabilidad, la dedicación y la casi obligatoriedad de hacerla bien hecha. De ahí, continúa, nuestro apoyo a la formación en la actividad voluntaria.
Entre los programas de voluntariado, destaca el Servicio de Voluntariado Europeo (SVE), un programa comunitario que representa una oportunidad para que jóvenes de la Región puedan integrarse en proyectos de voluntariado que se desarrollan en asociaciones de la Unión Europea y que, a su vez, permite que jóvenes de estos países pueden venir a realizar su actividad en las organizaciones de Castilla-La Mancha.
Grupo de Comunicación La Cerca