La sentencia, a la que ha tenido acceso Europa Press, recoge que los hechos declarados probados son constitutivos de un delito de agresión sexual con acceso carnal e incide en la comprobación que las versiones de uno y otro “son diametralmente opuesta”.

Explica que ya se indicó que, “a diferencia de lo que declaró el acusado cuya versión resulta poco verosímil dadas las contradicciones que ha incurrido en la declaración prestada en el acto del juicio”, la de la víctima es “clara coherente, persistente en el tiempo y sin contradicciones”, por lo que le han otorgado mayor credibilidad a la víctima y a su versión incriminatoria.

Esto se une, explica, a que no hay nada que lleve a pensar a la sala que la víctima denunciante trata de conseguir un beneficio injustificado o de causar un perjuicio injusto al acusado en atención a una mala relación previa. “Al contrario, la víctima se mostró rotunda en el juicio cuando dijo que no conocía al acusado con anterioridad al día 3 de agosto”, añade.

A lo que se suma que no han tenido en cuenta si la víctima consumió o no sustancias estupefacientes, algo que para la sala “resulta a todas luces inocuo, pues no tuvo incidencia alguna”, además de quedar justificado el hecho que en un principio ocultara la figura de su amigo que presentó a ambos, argumenta la sentencia.

Considera “muy clarificador” el testimonio de este amigo en el momento de cuando salió del baño asustada y le manifestó “me voy, me voy”. “Esa actitud no es de quien ha tenido una relación sexual consentida, sino muy al contrario de quien se ha visto obligada a mantener una relación sexual contra su voluntad” señala.

Además califica de “inconsistente” el argumento del acusado para llegar a la conclusión que la relación sexual fue consentida basándose en que “si una persona no se siente bien con otra se marcha”.

En este sentido, la sentencia explica que el hecho de que no se marcharse inmediatamente y se dirigiera al baño, “no quiere decir que muestre su conformidad con lo que está sucediendo y menos aún que lo consienta y comparta”.

La sentencia también reflexiona sobre que el delito de agresión sexual con acceso carnal requiere violencia o intimidación, pero en modo alguno que se ocasionen lesiones a la víctima. “La ausencia de señales físicas en el cuerpo de la ofendida o de otros signos externos, según tiene declarado esta Sala, no impide para la existencia del delito la agresión sexual”, concluye.

Además de la pena de prisión, WSVV ha sido condenado a la prohibición de aproximarse en un radio de 300 metros y a comunicarse con la víctima durante diez años, así como seis años de libertad vigilada. Finalmente, la sentencia estima una indemnización de 12.000 euros por daños morales.