El proyecto “Cocina encuentada”, actividad paralela del Festival de Almagro, gratuita, y que también ha implicado a los padres, ha estado protagonizado por Hernández, quien ha apostado porque un nutrido grupo niños aprendan divirtiéndose “sin olvidar que para divertirse lo primero es estar sano y, para estar sano, eso implica saber qué comemos y cómo lo cocinamos”.

Aprovechando la imaginación de los más pequeños, a los que ha contado la leyenda de que cuando acaban las representaciones teatrates en Almagro sus personajes se niegan a irse a dormir por lo que se les ve vagando por las calles por las noches, el taller ha comenzado con una extraña carta que le ha enviado el propio Miguel de Cervantes para que les contara a los niños la historia de su amigo Antonio.

Durante más de una hora y con el hilo conductor de Cervantes, pero también de las abuelas que antiguamente enseñaban a concinar a sus nietos “sin tener tanto miedo como ahora los padres en esas cocinas que parece que ha inventado la NASA”, Teresa Pérez ha abordado cuestiones como la violencia —“que es incompatible con la pluma y podemos usar la palabra para defendernos”— el respeto al medioambiente con el daño que causan los plásticos, o la seguridad en la cocina.

El taller, en el que los niños han participado activamente desde el principio, ha concluido con la elaboración de una sanísima ensalada “que podría ser como la comida de morral de la época del Quijote para que os la llevéis a la piscina, las excursiones, el cole…” elaborada, entre otros productos, con aceite de oliva virgen extra, tomates como antioxidantes naturales, sal del Himalaya que tiene más minerales, queso, sésamo como elemento que tiene más calcio que la leche o la soja- y pipas de calabaza y de girasol.