En una entrevista concedida a Europa Press, Vegner ha afirmado que, aunque trabajar con niños es lo que más le gusta, es cierto que hay que tener cuidado con el contenido y la puesta en escena “porque es un público exigente del que tienes que mantener la atención teniendo en cuenta que no siempre es homogéneo en cuanto a edades”. “Por eso, al montar los espectáculos, preferimos pensar en el niño que cada uno de ellos llevamos dentro”.

Aunque no tenían la seguridad de ganar esta séptima edición —la primera a la que se presentaba con su compañía El Retablo— porque es consciente de que se han hecho muchas versiones del Quijote “y a veces eso es un hándicap porque puede haber cierta saturación”, si bien también supone la ventaja de que ofrece múltiples lecturas del texto.

“Nosotros hemos jugado con varios lenguajes escénicos, casi tantos como tiene el texto, por lo que sabemos que cuando metemos el león y la ovejita se va a reír el más pequeño mientras que el mayor se quedará con otras cosas que subyacen en el humor de Cervantes”, explica a Europa Press Pablo Vergne, quien agrega que lo que sí se hizo pensando en que los niños pudieran comprender quién era Don Quijote fue la selección de fragmentos, “aunque, si lo pensamos bien, los niños tienen el mismo proceso que el Quijote: ven un palo y les parece una espada; o una bicicleta un caballo”.

IMPORTANTE IMPULSO

Para la compañía en general este premio es un “impulso importante al espectáculo ya que el momento es difícil y, cuando apostamos por un proyecto somos conscientes de que si va bien, estupendo, pero si no, hasta trabajado uno o dos años para nada”. “Algo que, tras este premio, ya sabemos que no ocurrirá”.

Y eso que esta obra ya tiene cierta experiencia porque nació hace casi dos décadas, si bien es verdad que la mayoría de este tiempo ha permanecido guardada en un baúl hasta que hace dos años Teatralia les pidió montarlo de nuevo.

“Aceptamos el reto, retomamos el espectáculo mejorando algunas de las marionetas y se hizo con un nuevo elenco, de forma que este espectáculo ya ha pasado por el Centro Dramático Nacional (CDN), La Abadía y la propia Teatralia”, agrega Vegner, quien recuerda, no obstante, la complejidad de un proceso que parece fácil pero no lo es porque “esde el proceso de hacer los muñecos hasta que empiezas a montar la obra y lo que se ve finalmente en escena, es un proceso lento en el que ocurre como el vino, que va mejorando con el tiempo porque se va depurando”.

FORMANDO ESPECTADORES DEL FUTURO

Finalmente, Pablo de Vergner ha puesto en valor el trabajo que hacen las compañías de teatro infantil, no siempre con el necesario reconocimiento, por la responsabilidad que tienen de formar a los espectadores del futuro.

Se trata de una responsabilidad que quiere compartir —y agradecer por cómo se está desarrollando— con el Festival internacional de Teatro Clásico a través de su certamen de Barroco Infantil ya que “no vale solo con el esfuerzo de las compañías sino también de los programadores, y en esto es un ejemplo Almagro por el trabajo sostenido en el tiempo que garantizan una continuidad.

A título personal la compañía se queda de estos días, además del premio, con la sensación de ver lleno el Teatro Municipal durante la primera actuación así como en el resto, con la alegría de que disfrutaron al conocer que eran finalistas entre decenas de compañías.

Pero no solo entusiasmo por parte de los niños -que algunos incluso han repetido- sino también de mayores y recuerda que “cuando acabamos el primer día vino una abuelita de 89 años y nos dijo que la habíamos hecho sentir y reír como una niña”. “Ese es el espíritu de este espectáculo: contagiar la alegría de la vida, la literatura, la fantasía y la imaginación”.