Según Barreda, “dar las gracias a los servidores públicos que han hecho su trabajo en bien del interés general es algo muy conveniente” y “quiero hacerlo, añadió, tanto como presidente de Castilla-La Mancha como por ser tu amigo desde hace muchos años”.

Para el presidente, el hecho de que a este homenaje asistieran seis de los once antiguos directores provinciales del Ministerio de Educación y/o delegados de la Consejería que trabajaron con Manuel Morales, además del consejero de Presidencia, José Valverde, del director general de Personal Docente, Antonio Serrano, y de un nutrido grupo de funcionarios de la Delegación, demuestran que “Manolo cuenta con el aprecio de muchas personas, empezando por el mío”.

Por su parte, el homenajeado aseguró sentirse “emocionado y aturdido” por tanto elogio, por la presencia de tantos amigos y compañeros y también por la asistencia de José María Barreda, de la que nadie le había avisado y que para él fue toda una sorpresa.

Manuel Morales recordó que tomó posesión de su cargo como secretario de la Dirección Provincial del MEC en febrero de 1973 y que se ha jubilado con “treinta y seis años de servicio y doce trienios”, una larga trayectoria profesional durante la que, sin duda, ha contribuido a “treinta y seis milagros”, que es como él califica que cada septiembre haya estado todo a punto para que empezara un nuevo curso.

En su opinión, este hecho prodigioso ha sido posible en parte gracias al trabajo de las nueve personas que ocuparon el cargo de director provincial del Ministerio de Educación y Ciencia, entre las que estuvo él mismo durante unos pocos meses, y a los dos delegados provinciales nombrados por el Gobierno de Castilla-La Mancha después de asumir las competencias educativas.

Sin embargo, los verdaderos artífices de la repetición anual del “milagro” son, en realidad, “los amigos y compañeros que han estado a mi lado a lo largo de todos estos años” concluyó.