Un diagnóstico de la situación actual de la ciudad de Albacete parte de comprobar la incoherencia de un modelo basado en la especulación inmobiliaria, y los consiguientes efectos negativos – ambientales, económicos y sociales –. Este modelo alcanzó su mayor nivel de justificación teórica con la publicación del programa “El Efecto Albacete“, manifiesto elaborado por una universidad norteamericana, en 2007, a instancias del “Foro Civitas Nova”, auspiciado por los principales promotores inmobiliarios, de suelo y vivienda de la ciudad, con la bendición del ayuntamiento socialista de turno.

El resultado de este estudio planteaba el escenario de una ciudad planificada para 500.000 habitantes, con el único criterio económico del “monocultivo del ladrillo”, con unas previsiones de calificación de suelo urbanizable, destinado a uso residencial privado que, independientemente de la megalomanía del modelo, resultaba insostenible. La política municipal que propiciaba este tipo de desarrollo urbanístico, plegado a los intereses de los especuladores derivó, por efectos de la crisis económica, en una imagen de la ciudad de Albacete, con una estructura urbana que presenta áreas inconexas, producidas por la existencias de amplios sectores de suelo urbanizable sin desarrollar, y otros semi-desarrollados caracterizados por los elevados costes de mantenimiento de las infraestructuras y servicios municipales.

Frente a este escenario actual de colapso, PODEMOS propone un cambio hacia un modelo de desarrollo sostenible de la ciudad de Albacete, que diversifique las actividades económicas, abandonando la dependencia del ladrillo, incentivando otras actividades en los diversos sectores productivos, priorizando las de marcado carácter social, que permitan incidir en la creación de empleo e incluya la variable ambiental en su diseño.

En este sentido se proponen poner en marcha varias líneas de intervención:

• Apoyar el desarrollo de las nuevas tecnologías, mediante la potenciación del parque Tecnológico de Albacete, dando mayor protagonismo a institutos de planificación como el Instituto de Desarrollo Regional –IDR–, como instrumentos de desarrollo económico inteligente para la ciudad.

• Facilitar la rehabilitación integral del ensanche y los barrios periféricos para propiciar la reactivación del empleo en el sector de la rehabilitación de viviendas, incentivándolo con criterios de subvención similares a los aplicados para la vivienda pública y contemplando la participación vecinal como instrumento vinculante de gestión.

• Fomentar la biodiversidad y las zonas verdes de la ciudad, proyectando un anillo verde en las zonas del perímetro de la ciudad, en los que la existencia de suelo vacante lo permita.

• Recuperar las actividades agrícolas tradicionales, ahora abandonadas, que se desarrollaban en las numerosas huertas que rodeaban el perímetro de la periferia de Albacete, y orientadas a la puesta en marcha de cultivos ecológicos, de secano y de regadío donde existan recursos hídricos disponibles.

• Proceder a la revisión del planeamiento municipal, cuando finalice el segundo cuatrienio del vigente PGOU, con el criterio de reducir la oferta de suelo destinado a uso residencia privado, aumentar el patrimonio público de suelo, y proceder al reequipamiento de los barrios deficitarios. Asumiendo que cualquier solución adoptada lo será en base a la participación pública, de forma que el protagonismo de los vecinos en el diseño de la ciudad sea totalmente vinculante.

• Apuesta por el abandono paulatino de los derivados del petróleo para calefacción y la introducción paulatina de energías limpias en la ciudad, facilitando a las comunidades de propietarios la instalación de placas fotovoltaicas en las cubiertas de los edificios del casco urbano, e incentivando también su implantación en los polígonos industriales. Con objeto de facilitar por un lado la bajada del precio de la factura de electricidad que pagan los vecinos de Albacete, y por otro disminuir el costo del alumbrado público, sirviendo como referente de sostenibilidad y sensibilidad respecto al cambio climático para otras ciudades europeas.

• Mejora del transporte público de la ciudad, con el incremento de la flota de autobuses municipales y su paulatina modernización con unidades de baja emisión de gases contaminantes. Se plantea incentivar su uso mediante subvenciones a diversos colectivos, usuarios habituales del automóvil, como el de los trabajadores de los polígonos industriales de Campollano y Romica, con dos objetivos; por un lado, reducir el impacto del tráfico empleo-residencia y, por otro, descongestionar el tráfico en el centro de la ciudad, contribuyendo a mejorar la calidad del aire.

• Se iniciará, con el acuerdo previo del pequeño comercio, un proceso paulatino de peatonalización de algunas calles del centro, con el objetivo de mejorar su paisaje urbano, creando pequeñas zonas ajardinadas, instalando diversos tipos de mobiliario urbano, y facilitando la creación de nuevas zonas de terrazas para la hostelería. Todo ello para ofrecer al viandante pasear por el centro o hacer sus compras con una mayor calidad ambiental, conforme a la tendencia generalizada del tratamiento de los centros históricos de la mayoría de las ciudades europeas. Se realizarán aparcamientos disuasorios.

• Se promoverá la utilización de la bicicleta como medio de transporte frecuente, con diversos incentivos, para que se extienda su uso, superando el concepto de carril-bici y compatibilizando el uso del la bicicleta y el automóvil, como ocurre en capitales europeas como Ámsterdam o Copenhague.

• Se adoptarán todas las medidas correctoras necesarias para lograr una ciudad accesible.

En definitiva, se propone optar por un modelo de desarrollo propio de una ciudad moderna, caracterizada por la sostenibilidad, que en un futuro pueda ser una referencia en la innovación tecnológica, con ferias y convenciones de carácter internacional, y referente también en el ámbito cultural con la programación de festivales internacionales de música y artes escénicas de primer nivel. En definitiva, una ciudad para el futuro.