de la Cámara, el famoso historietista valenciano creador de tantos personajes de humor, nos dejó el pasado 8 del corriente para seguir escribiendo y dibujando con su arte incomparable en las parcelas sagradas de la Eternidad al lado de sus amigos y compañeros de editora tan queridos y añorados como , José Sanchis, Carbó, , Palop… y con admiradores fieles y entrañables del talante de Pedro Blesa, el afable y popular pastelero de Casas Ibáñez que lo pasaba en grande con las aventuras y desventuras de “Cucharito”, el pequeño y fantástico matador de toros bravos que salían de Editorial como rosquillas gracias al talento del supremo artífice del noveno arte español, o sea de don Arturo ( Pedro Blesa, esposo ejemplar de la encantadora Paquita García y papá de y Pedro, disfrutaba observando los lances taurinos, las “verónicas”, pases de rodillas, tercios de quites y demás “suertes” que regalaba el menudo y simpático torerillo que , por cierto, “ya ves tú”, como suele decir, Juliancito, el más joven de los vástagos de don Pedro, tenía serios problemas con su apoderado, con el empresario de la plaza e incluso con el toro, con el cual compartía a veces habitación de hotel).

Pero hay más porque el Sr. Rojas tuvo la generosidad de enviarme uno de sus magníficos dibujos para que enriqueciera las salas del Ayuntamiento de Albacete con motivo del homenaje que un servidor le hizo al citado autor de “El Guerrero del Antifaz” cuando se cumplieron 25 años de su muerte, allá por diciembre de 2005.

Rojas de la Cámara, amable y cercano en todo momento me llamaba “amiguete” al principio, explicándome que si la amistad continuaba terminaría teniéndome por amigo incondicional.

Don Arturo, con su estilo superior presentando a “ y ” en la capital del Turia y en la Editorial Bruguera… y al inocente e ingenuo Eustaquio, el genio de la lámpara, el candil, la linterna y la vela… que no daba pie con bola ni rodilla con tirachinas.

Y luego brillaban el “Agente 77, a la Izquierda”… que circulaba por la derecha e intentaba emular en clave de humor al legendario acosado por el enanito “Críspulo”, un espía “expiatorio”. Fabulosos sus eternos vagabundos “Nabucodonosor y Pío”, similares al “Carpanta” de Escobar ya que rara vez llenaban el estómago como Dios manda…

¡Qué bien movía a sus muñecos, Arturo Rojas!. Para muchos, el “padre adoptivo” de “Aníbal” y “Centaurito” era un rey del lenguaje gráfico porque entendía a la perfección los engranajes del tebeo cómico.

Podría continuar escribiendo maravillas del homenajeado, pero lo dejo aquí despidiéndome entristecido por su desaparición y diciéndole elevando la vista al firmamento: ¡Hasta siempre, Arturo Rojas… y un millón de gracias por atenderme y obsequiarme con tus preciadas viñetas!

Valeriano Belmonte